Afilando la pluma

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A veces no entiendo cómo Don Quijote no se cansaba de arremeter contra los molinos de viento y se volvía a la tranquilidad de su finca y de sus tierras. No estoy hablando de que volviera a la cordura y se diera cuenta del desatino de sus aventuras, no; me refiero al puro y simple cansancio de pelear contra fantasmas o, peor aún, de pelear por aquella (por aquellos, digo yo trayendo agua para mi molino) que no tienen la más mínima intención o el menor deseo de ser salvados o, que si lo son a pesar de ellos, ni siquiera son agradecidos ni demuestran el mínimo respeto. Como dijo José Ingenieros en el noveno capítulo de Las fuerzas morales: “El ignorante vive tranquilo en un mundo supersticioso, poblándolo de absurdos temores y de vanas esperanzas; es crédulo como el salvaje o el niño. Si alguna vez duda, prefiere seguir mintiendo lo que ya no cree; si descubre que es cómplice de mentiras colectivas, calla sumiso y acomoda a ellas su entendimiento”.

Qué bello es leer a quien escribe sin temor ni repara en lo que la masa dirá, sabiendo que la verdad está de su lado y sabiendo que esto los hace estar más solos, pero no menos fortalecidos por ello. Pienso también en Almafuerte, en Montaigne, en Meslier, y en tantos otros que tuvieron que llegar a esconderse para poder decir lo que pensaban.

Para terminar, regreso al famoso monólogo que Edmund Rostand puso en boca de Cyrano de Bergerac. Toda la moral heroica se manifiesta aquí; toda esa moral que los hombres deberían poner en práctica si es que realmente quisieran llamarse, de verdad, hombres:

(Nota para comprender el contexto de la escena: Cyrano le habla a un amigo, quien le aconseja prudencia. La segunda parte Cyrano la pronuncia solo, en su habitación).

“¿Qué quieres que haga? ¿Buscar un protector, un amo tal vez y como hiedra oscura que sobre la pared medrando sibilina y con adulación cambiar de camisa para obtener posición?
No, gracias.
¿Dedicar si viene al caso versos a los banqueros, convertirme en payaso, adular con vileza los cuernos de un cabestro por temor a que me lance un gesto siniestro?
No, gracias.
¿Desayunar cada día un sapo? ¿Tener el vientre panzón? ¿Un papo que me llague las rodillas con dolencias pestilentes de tanto hacer reverencias?
No, gracias.
¿Adular el talento de los canelos, vivir atemorizado por infames libelos, y repetir sin tregua “Señores, soy un loro, quiero ver mi nombre en letras de oro”?
No, gracias.
¿Sentir temor a los anatemas? ¿Preferir las calumnias a los poemas, coleccionar medallas, urdir falacias?
No, gracias; no, gracias; no, gracias…interior_rostand_cyrano_frontis

Pero cantar… soñar…. reír, vivir, estar solo

ser libre
tener el ojo avizor
la voz que vibre
ponerme por sombrero el universo,
por un sí o un no batirme o hacer un verso
despreciar con valor la gloria y la fortuna,
viajar con la imaginación a la luna,
sólo al que vale reconocer los méritos,
no pagar jamás por favores pretéritos,
renunciar para siempre a cadenas y protocolo…
Posiblemente no volar muy alto,
pero solo.

 

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La música de la soledad

La soledad es la suerte de todos

los espíritus excelentes.

Arthur Schopenhauer.

tumblr_nkba8qxlHq1srlqpvo1_540Hace un par de días alguien me pasó el enlace a un artículo cuyo título es Por qué las mentes más brillantes necesitan soledad; el cual me pareció interesante pero lo único por lo cual puedo llegar a entender que me lo hayan pasado es por el tema de la soledad en sí misma y poco más. Quien me lo pasó sabe de mi relación estrecha con la necesidad de permanecer alejado de los grandes grupos en general y, no pocas veces, de toda persona en particular. Para mí la soledad es, más que una opción, una necesidad primaria y los placeres que me ha proporcionado son únicos e irrepetibles; de allí, entonces, esa necesidad y esa búsqueda constante de ella.

Recordé, luego de leer el artículo (quien esté interesado en leerlo puede hacerlo aquí), aquel magnífico monólogo del Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand; héroe romántico por antonomasia. Luego de explicitar su forma de conducirse (lo cual sería un excelente decálogo para los tiempos que corren), Cyrano nos regala el perfecto epílogo para esa maravillosa declaración. Les dejo a continuación el monólogo:

“¿Qué quieres que haga? ¿Buscar un protector, un amo tal vez?

¿Y como hiedra oscura que sobre la pared medrando sibilina y con adulación

cambiar de camisa para obtener posición?

No, gracias.

¿Dedicar si viene al caso versos a los banqueros,

convertirme en payaso, adular con vileza los cuernos de un cabestro

por temor a que me lance un gesto siniestro?

No, gracias.

¿Desayunar cada día un sapo? ¿Tener el vientre panzón?

¿Un papo que me llegue las rodillas con dolencias

pestilentes de tanto hacer reverencias?

No, gracias.

¿Adular el talento de los canelos, vivir atemorizado por infames libelos, y repetir sin tregua

Señores, soy un loro, quiero ver mi nombre en letras de oro?

No, gracias.

¿Sentir temor a los anatemas? ¿Preferir las calumnias a los poemas, coleccionar medallas, urdir falacias?

No, gracias; no, gracias; no, gracias…

……

Pero cantar… soñar… reír, vivir, estar solo

ser libre

tener el ojo avizor

la voz que vibre

ponerme por sombrero el universo,

por un sí o un no batirme o hacer un verso

despreciar con valor la gloria y la fortuna,

viajar con la imaginación a la luna,

sólo al que vale reconocer los méritos,

no pagar jamás por favores pretéritos,

renunciar para siempre a cadenas y protocolo,

Posiblemente no volar muy alto,

pero solo…

Por último les dejo, también, el mismo fragmento en la perfecta voz y actuación de Gerard Depardieu. Pueden ver el video aquí. Y felices soledades.

Más grande que la vida

Amo esas historias que son más grandes que la vida. Me refiero con esta expresión a esos libros o películas que pretenden abarcar toda la riqueza de varias vidas en una sola o que buscan la razón o el sentido de toda una vida. Cyrano de Bergerac es una de ellas y, sin duda, mi favorita. El mejor espadachín, el mejor poeta, el mejor amigo, compañero, amante (en el sentidos de amador; no en el carácter sexual que hoy le damos al término); hombre de altos ideales, honor, conducta. Cyrano es la perfección del hombre, salvo por ese detalle: su nariz (detalle, por otra parte, típico de la mitología clásica: v.gr.: el talón de Aquiles).

Como ejemplo del carácter de este personaje les dejo uno de sus monólogos. También les dejo la versión cinematográfica de dicho monólogo (el video es un poco más extenso, la parte de la que hablo dura poco más de un minuto y medio). Está en la versión original con subtítulos es español. Preferí esta versión ya que creo que hay que ver las películas con las voces originales. Cuestión de gustos, sin duda.

Cyrano-: ¿Qué quieres que haga?
¿Buscarme un protector,
un amo tal vez?

¿ Y como hiedra oscura
que sube la pared
medrando sibilina
y con adulación?
¿Cambiar de camisa
para obtener posición?
No, gracias.

¿Dedicar, si llega el caso,
versos a los banqueros?
¿Convertirme en payaso,
adular con vileza
los cuernos de un cabestro
por temor a que me lance
un gesto siniestro?
No, gracias.

¿Desayunar cada día un sapo?
¿Tener el vientre panzón?
¿Un papo que me llegue a las rodillas
con pestilentes dolencias
de tanto hacer reverencias?
No gracias.

¿Adular el talento de los camelos?
Vivir atemorizado por infames libelos
y repetir sin tregua:
¡Señores soy un loro
quiero ver mi nombre
escrito en letras de oro!
No gracias.

¿Sentir terror a los anatemas
preferir las calumnias a los poemas
coleccionar medallas,
urdir falacias?
¡No, gracias!
¡No, gracias!

Pero cantar, soñar, reír,
vivir, estar solo,
ser libre,
tener el ojo avizor,
la voz que vibre,

ponerme por sombrero
el universo,
por un sí o por un no,
batirme
o hacer un verso.

Despreciar con valor la gloria y la fortuna,
viajar con la imaginación a la luna,
no pagar jamás por favores pretéritos,
renunciar para siempre a cadenas
y protocolo;
posiblemente no volar muy alto,
pero solo.