Oposición constante, vergüenza perenne

 

Una regla fundamental en todo debate debe ser el de establecer pautas sólidas y no basar los propios dichos en ejemplos particulares. Es decir: argumentar y no  apelar a lo meramente anecdótico. Pero a veces uno siente que la suma de ejemplos es tan poderosa que se convierte en un argumento per se; por mérito propio.

Acaban de pasarme una lista de derechos básicos a los que se opuso, a lo largo de la historia, la Iglesia Católica Argentina (supongo, casi sin temor a equivocarme, que lo mismo ha sucedido a lo largo y ancho del globo donde esta iglesia ha tenido algo de poder verdadero; pero la lista que compartiré a continuación se basa en datos específicos de Argentina y a ella nos plegaremos). Dicha lista es la siguiente:

 

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Releo la lista en busca de al menos un ítem que no sea vergonzoso para quien haya defendido o aún defienda a ese tipo de oposición y no lo encuentro. Ni uno solo de esos temas nos permite, siquiera por un momento, entender la posición de la iglesia católica. Por último, como puede leerse en el último renglón, la separación entre Iglesia y Estado será la próxima ley a la que se opondrán y eso es bastante obvio ¿Qué otra cosa podría hacer una cofradía de parásitos que no producen nada, que tienen una poderosa injerencia en una sociedad que no los sigue y que viven de los impuestos de esa misma sociedad? Pues claro que van a oponerse, de lo contrario van a tener que empezar a vivir de lo que sus fieles les regalen o, peor aún, van a tener que empezar a trabajar y Dios no permita semejante ofensa.

Vuelvo al punto inicial: sé que los argumentos son los que deben prevalecer en todo debate que se precie de tal; pero esta lista puntual de hechos específicos se transforma, por el mismo peso de ellos, en un argumento tan válido como cualquier otro que pueda esgrimirse contra esta vergonzosa institución.

 

 

Nota al margen: Por tiempo indeterminado estaré sin conexión a internet, así que responderé a sus comentarios en cuanto pueda. Dejaré varias entradas programadas, así que éstas se subirán aunque no esté aquí. Pasaré a visitarlos en cuanto me sea posible.

Colmillos

Imaginemos por un momento una situación descabellada, digamos una de esas películas con ideas algo absurdas pero con mucha acción: por ejemplo, una mujer está ahogando en un lago a sus dos hijos pequeños y quien viene al rescate es un perro. El animal salva a uno de los niños e intenta, infructuosamente, salvar al otro. Claro; el animal es un animal y no tiene aparejos ni herramientas ni, si los tuviera, tampoco tendría la capacidad para usarlos, así que usa lo que tiene: sus dientes. El animal es un héroe, por supuesto, pero aquí viene el meollo ridículo de la película: como el perro mordió al niño que salvó (y digamos que también a la harpía de la madre) y la ley establece que un animal que ataca a un humano debe ser sacrificado, eso es lo que se hará: el perro será sacrificado.

 

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Bueno, eso es lo que pasó hace un par de meses en Nueva Gales del Sur, en Australia y, por supuesto, después de la sorpresa inicial, comienzan a aparecer las frases y las preguntas de rigor. Las primeras son las más obvias, esas en las que todos caemos pero donde se quedan las personas como la tía Esmeralda, que nunca pasa de los titulares. Cosas como «No, si yo te digo que ya no se sabe quién es más animal…» o lo que dice el indignado de siempre «¡A ella habría que matarla, no al perro, que es un héroe!».

derechos de los animalesDespués podemos pasar a una segunda categoría de preguntas que, si bien tienen la misma base y el mismo fundamento que lo que acabo de decir, su objetivo es el de ir un poco más allá en estas cuestiones. Por ejemplo: ¿No va siendo hora que comencemos a reconsiderar el concepto de animal? Hace quinientos años René Descartes quitó a Dios del centro de las cosas, pero puso al hombre en ese centro y, peor aún, puso al pensamiento allí. A partir de entonces los humanos nos hemos dedicado a fregar las cosas con más entusiasmo aún de lo que lo habíamos hecho antes. Ahora nada podía detenernos. Sin embargo, ahora, en pleno siglo XXI, vemos que no somos más racionales que antaño o vemos que el concepto de racionalidad, para ser más precisos, debe ser puesto en tela de juicio.

Animales

En otras palabras; lo que quiero decir es que tal vez debamos, ahora, descentrar al ser humano de manera definitiva y colocarlo donde corresponde: en un sitio particular y privilegiado dentro del entramado de la naturaleza. Y soy consciente de que dije «privilegiado»; pero no olvido que ese privilegio conlleva, también, la mayor de las responsabilidades. Sólo de ese modo dejaremos de ahogar a nuestros niños en un lago y, por sobre todo, dejaremos de asombrarnos de lo que puede hacer la naturaleza con los dientes de un Pitbull.

 

Hay muchos artículos sobre esta noticia en la red; aquí les dejaré el enlace a uno solo de ellos para que vean que no deliro. Quise decir: aquí.