Sobre algunos lugares comunes

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Como bien dice Descartes “No hay nada mejor distribuido que el sentido común. Todo el mundo cree tener el suficiente”. Pero una cosa es el sentido común y otra muy diferente son los lugares comunes. Por desgracia la mayor parte de la gente suele confundir al segundo con el primero.
Durante estos últimos días me he visto en la obligación de realizar algunos trámites; y es muy interesante ver el comportamiento de las personas en lugares como hospitales, centros comerciales, bancos, o en la calle misma. Así que voy a puntualizar dos de los muchos mitos que pueblan nuestros días.

1. La vejez es fuente de sabiduría y bondad. Muy bonito pero totalmente falso. ¿De dónde sale la peregrina idea de que una persona que ha sido un absoluto bastardo a lo largo de toda su vida se transforma, por el simple hecho de sumar años y arrugas, en un ser pletórico de luz y sapiencia? ¿Y qué puede decirse de los más llanos y simples imbéciles? Veámoslo de otro modo: miremos a nuestro alrededor. Todos tenemos un compañero de trabajo o un vecino o un familiar que cada vez que abre la boca nos dan ganas de ahorcarlo por las barbaridades que dice ¿qué será de él cuando tenga ochenta años? ¿Se habrá convertido en un Lama de manera instantánea al soplar la última de las ochenta velas? Ese hombre o esa mujer que piensan que la Tierra tiene 6000 años de antigüedad y que cree en los fantasmas y en la astrología ¿se convertirán en amables Einsteins y Newtons cuando arranquen la hoja del almanaque correspondiente?

2. La violencia de género. Voy a empezar con la aclaración pertinente: quienes me conocen saben que lucho contra la violencia de género y que lucho por los derechos de las mujeres como si fuesen los míos propios; pero últimamente mes siento un poco saturado por el tema de la “violencia de género”. Soy plenamente consciente de que las mujeres han sido uno de los grupos que más ha sufrido la violencia masculina (pero no es el único ni el mayor. El grupo que más ha sufrido la violencia del hombre ha sido el de los niños. Lo ha sido y lo sigue siendo. A la mayor parte de la gente esto se le pasa por alto porque los niños también sufren de otra forma de violencia: el silencio); pero esta nueva puesta en escena de la “violencia de género” me parece perniciosa para todos, pero, sobre todo, para las misma víctimas. Primero: el exceso de noticias he imágenes y de publicidad contra este tipo de violencia generará, tarde o temprano, una saturación en la gente; y cuando esto ocurre las personas empiezan a mirar para otro lado. Además, no lo olviden queridas amigas feministas, que los diarios y los noticieros de T.V. viven mostrando escenas o noticias de manera constante porque está de moda; en cuanto el mercado se sature no van a mostrar una noticia de violencia de género ni siquiera en la página ocho. Segundo: gran parte de la población piensa en slogans, es decir, piensan de a la manera breve y fragmentada de los mensajes de T.V., de la radio y, sobre todo, de las publicidades; y el bombardeo constante de estas noticias monotemáticas hace que la gente comience a pensar en términos binarios: Hombre = machista/ violento/ abusador/ grosero/ bruto/ violador/ indiferente/ etc.; Mujer = víctima/ humilde/ paciente/ amorosa/ equilibrada/ sensible/ etc.                                           Vamos, las cosas no son tan sencillas ni en la matemática ni, mucho menos, en las relaciones humanas. Ni todos los hombres son de Marte ni todas las mujeres son de Venus (para nombrar, ya que estamos, a otra de las formas del no-pensamiento: los libros de autoayuda y su recetario de dos y sólo dos ingredientes).

Ya termino; pero antes de que comiencen a gritar, un pequeño pedido: si leen el principio de la entrada, verán que hablé de una distinción importante. Así que, por favor, protesten todo lo que quieran, pero lo único que les pido es que hagan gala de sentido común, no de lugares comunes.
Nota: La violencia de género no es un mito, lo sé; pero dejé el encabezado como está porque creo que, en la medida en que éste tema siga siendo tratado de la manera en que los hacen los medios hoy, pronto se verá visto inserto dentro de la nueva mitología social. Tal como pasa, por ejemplo (y la referencia la hago con respecto a la Argentina), con el tema de la delincuencia. o con el de la corrupción.