La eterna pregunta

Hace un tiempo encontré un libro que me llamó poderosamente la atención; fue un libro que me conmovió y que me devolvió -sin siquiera habérselo pedido- una serie de preguntas clásicas que yo ya había dejadas olvidadas en alguna parte: ¿Qué es una obra de arte? ¿Cuándo un objeto pasa de ser mera forma para elevarse a la categoría de obra de arte? ¿Qué es lo que hace a un artista? ¿Qué características tiene una persona que la hace poseedora de la sorprendente capacidad de crear?
No pienso responder a estas preguntas, de hecho, no pienso siquiera intentarlo; que lo hagan otros más capacitados que yo (quienes ya lo han intentado infructuosamente, como todos sabemos).

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Cuando a estos temas sumamos el referente al arte actual la cosa se ramifica y, por ende, se complica. Yo he visto “obras de arte” consistentes en unos quince mil sobrecitos de azúcar amontonados en el piso de un museo, por ejemplo. Pero ése es otro tema al que ya le llegará su turno. De todos traigo a colación este hecho porque muchos considerarán que esto no es arte:

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Sin título. Judith Scott

Pero la cuestión aquí se complica, porque hay que tener en cuenta que Judith Scott no es una persona como cualquiera. Judith Scott sufre de Síndrome de Down severo; esta mujer no posee ningún concepto del arte, ninguna comprensión de su significado y de la función. Ella no sabe que ella es artista ni ella entiende que los objetos que ella crea son percibidos por otros como obras de arte. Judith Scott no puede hablar ni y no tiene comprensión alguna del lenguaje hablado. No hay manera de preguntarle lo que está haciendo, con toda lo que esto conlleva; al formar elementos en el espacio implica que a un cierto nivel ella lo sabe.
Menudo tema. Deja más dudas que certezas, eso es seguro; y como las preguntas que hice más arriba, no creo que éstas puedan ser respondidas.
Bien, si han llegado hasta aquí, déjenme presentarles a Judith Scott, artista:

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Y, aquellos que puedan, no dejen de echarle un vistazo al libro, sobre el que me apuro a aclarar que no trata solamente de Judith Scott, sino que nos presenta a un conjunto de artistas con diferentes problemas psicológicos. El libro en cuestión es éste:

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Otra vez los (maravillosos) perros

Vamos, ya sé qué es lo que van a decir: «¿Es que este tipo no tiene otros temas que tocar?» O alguna variante por el estilo. Y es que uno siempre vuelve a los mismos tópicos  porque se mueve, inevitablemente, en los mismos círculos. Y no es que uno sea limitado (o mejor dicho: a pesar de eso), es que este blog suele ser tan heterodoxo. Lo que sucede es que uno se levanta cada mañana, mira por el agujerito del caleidoscopio y, si no le gusta lo que ve, mueve el tubo de cartón hacia uno u otro lado hasta que la figura cambia y uno encuentra una que le gusta. Pero me estoy yendo por las ramas. Lo que quiero decir es que encontré un video (o vídeo, para mis amigos españoles) notable: “Cómo debe tratarse a un niño con síndrome de Down” podría ser el título; y vale la pena verlo completo, ya que lo mejor está pasando la mitad. De todos modos, dura unos cuatro minutos, lo cual es mucho menos de lo que perdemos viendo anuncios televisivos.

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