Nunca es (ni será) tarde

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Cada tanto las noticias nos acercan casos puntuales de ancianos que terminan su carrera universitaria o de abuelos que a avanzada edad han comenzado, por ejemplo, a aprender a leer y escribir. Esos casos son presentados como ejemplos a seguir, cosa que son y muy dignos de aplauso. Pero también hay algunos ejemplos que son más puntuales y directos para aquellos quienes ya estamos corriendo contra reloj y que aún no hemos publicado o que apenas hemos publicado un solo volumen. Por ejemplo, la infografía con la que abro esta entrada nos muestra algunos ejemplos de escritores que empezaron a escribir o a publicar a una edad que muchos ya consideran como tarde o, tal vez, algo peor. Allí tenemos, entre otros, a Amy Tan, Raymond Chandler, Stieg Larsson, y al más grande de todos: José Saramago. Faltan algunos otros que también comenzaron a escribir pasados los cincuenta, como Laura Ingalls Wilder, quien publicó La casa de la pradera a los 64 años; el Marqués de Sade quien comenzó a escribir a los 40 años pero publicó su primer libro, Justine, a los 51 años; Giuseppe Tomasi di Lampedusa, quien empezó a escribir a los 58 años, luego de asistir a un premio literario y que tardaría dos años en terminar y publicar El gatopardo; o Isak Dinesen, quien publica un volumen de relatos a los 50 años, poco antes de publicar su famoso Memorias de África.

En síntesis: que aún estamos a tiempo o, como dice Benjamín Prado en su poema, que Nunca es tarde, hombre; así que ¿Qué diablos estás esperando?

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Nunca es tarde

Nunca es tarde para empezar de cero,
para quemar los barcos,
para que alguien te diga:
-Yo sólo puedo estar contigo o contra mí.

Nunca es tarde para cortar la cuerda,
para volver a echar las campanas al vuelo,
para beber de ese agua que no ibas a beber.

Nunca es tarde para romper con todo,
para dejar de ser un hombre que no pueda
permitirse un pasado.

Y además
es tan fácil:
llega María, acaba el invierno, sale el sol,
la nieve llora lágrimas de gigante vencido
y de pronto la puerta no es un error del muro
y la calma no es cal viva en el alma
y mis llaves no cierran y abren una prisión.

Es así, tan sencillo de explicar: -Ya no es tarde,
y si antes escribía para poder vivir,
ahora
quiero vivir
para contarlo.