La nostalgia es un error

Gonzalo Pontón

Gonzalo Pontón, editor español que dejó una profunda huella a su paso por editoriales como Ariel, Crítica y Paidós; fundó Pasado & Presente en 2011, luego de ser jubilado en 2009 por la Editorial Planeta. Publica sólo 16 libros al año; pero cuidando personalmente de la calidad literaria de cada uno de ellos. Vale la pena leer el reportaje que publicó recientemente El País, donde habla de todo de manera concisa y certera: de su trabajo de editor, y también de educación, economía, política y, sobre todo, historia. El reportaje es breve y es una de esas lecturas que sirve para entender el hoy, sin importar en qué sitio del globo nos encontremos. Debo agradecer a Clara Inés Acosta, quien me pasó el enlace y a quien le robé hasta la cita del entrevistado:

«Una de las peores cosas que le puede ocurrir al ser humano es morirse sin entender nada. Lo único que puedes hacer en esta vida, cortísima, fugacísima, es tratar de entender qué te ha pasado a ti y a los demás. Tener una visión del mundo te concede la libertad de elegir. La gente tiene que tener una actitud crítica y comparar y luego puede elegir si quiere convertirse al capitalismo más feroz o trabajar de médico curando enfermos de ébola. Nosotros no estamos comprendiendo ni nuestra historia ni nuestro presente.»

La entrevista, aquí.

La cita, de alguna manera, me hizo recordar a muchos textos de Sartre; a quien deberíamos tener más presente.

Medios de incomunicación (Política II)

                                                           

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      A nadie escapa el hecho de que vivimos en una época de manipulación  mediática furiosa, intransigente, constante, exhaustiva. Ni siquiera debemos caer en paranoias conspirativas ni nada tan obvio ni débil. El poder mediático es, tan solo, el resultado de una ecuación simple: la necesidad del mismo neocapitalismo de afianzar su propia estrategia. Esta estrategia va más allá de las ideas de control un grupo de personas, es el fruto inevitable de su accionar; es la herramienta más poderosa que se ha creado para controlar a las masas. La otra herramienta es más grosera y menos efectiva: la del poderío militar. A diferencia de ésta, la manipulación mediática tiene, entre sus muchas virtudes, una inconmensurable: logra hacer creer a las propias víctimas de las virtudes de la opresión a la que son sometidas. ¿De qué otra forma puede entender, sino, que un pobre vote a un partido de derecha? ¿Cómo puede entenderse que un grupo de personas apoye medidas que están diseñadas para provocarles peores niveles de vida o recortes en sus libertades individuales? No otra cosa es la Patriot Act estadounidense o el apoyo a sistemas políticos-financieros que ni siquiera esconden sus ideas de trabajar para un grupo en particular de ciudadanos o, en algunos casos, directamente para países extranjeros.

«El liberalismo no puede dejar dudas al momento de comprobar su efectivo dominio, que se asienta además de en los resortes económicos en la superestructura cultural, educacional e instructiva. En las últimas décadas, esa superioridad se impuso largamente sobre la sociedad «electrificada» discursivamente, sobre todo por la televisión. Podría decirse que la captación que consiguió a control remoto generó una suerte de rebaño humano que, como en esos combos de comida chatarra que se ofrecen en las grandes ciudades, acabó siendo mediatizado, mediocrizado, idiotizado». (Claudio Díaz. Diario de guerra).

No estoy descubriendo nada nuevo al tratar este tema; no tienen más que buscar en la red bajo el los términos manipulación mediática para encontrar una cornucopia de páginas que les podrán brindar millares de ejemplos diferentes. Pero me atrevo a recomendarles las muy conocidas 10 estrategias de la manipulación mediática. Para quienes tengan pereza y no quieran leer todo el artículo, les dejo un enlace donde podrán escucharlo en la voz del gran Eduardo Aliverti: https://www.youtube.com/watch?v=uTmjCfBSdzs.

Otro ejemplo:

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El simple recorte de una fotografía bien puede convertirse en una fuente magnífica para enervar los ánimos populares, si lo hiciera Al-Jazzera; o bien para tranquilizar los ánimos en la otra cara del planeta, si lo hiciera CNN. Insisto: esto es moneda corriente. Esto es algo de lo cual somos víctimas todos los días, en mayor o menor grado, en temas más o menos importantes. no voy a incluir más ejemplos porque este post sería interminable, pero «a vuelo de pájaro» como quien dice, recuerdo dos o tres casos: uno o dos días después de la muerte de Ramón Sampedro, el diario argentino Clarín publicó un montaje con cuatro fotografías. En las tres primeras se lo veía a Ramón hablando «a cámara» (las imágenes fueron tomadas del video que él hizo filmar en aquella ocasión), pero la cuarta era muy diferente, hasta en el color y el nivel de claridad. En esa imagen se veía a una mujer sosteniendo la cabeza de Ramón luego de muerto. Después se supo que esa imagen era anterior, y que la mujer estaba, simplemente, lavándole la cabeza. También recuerdo la portada del diario español El País, mostrando una foto falsa de Hugo Chávez, o el documental de Michael Moore Farenheit/911 donde vemos cómo la televisión norteamericana muestra a un grupo de civiles musulmanes festejando la caída de las torres gemelas (en aquel entonces yo vivía en los EE.UU. y recuerdo el odio generalizado que provocaron esas imágenes) cuando la realidad era bien otra: esas personas —casi todas mujeres y niños— sonreían y festejaban debido a que un grupo de soldados norteamericanos les estaban regalando golosinas y comida. Tal como en la imagen superior, el recorte no mostró a soldado alguno, por supuesto. 

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Y basta por hoy. Como dije, ejemplos sobran, cada cual puede buscar en su país (sería un ejercicio muy saludable, por cierto) y ver qué medio es el que miente más, en qué casos lo hace (de ese modo se sabe a quién sirve) y qué influencia tiene en la población. No hay muchas opciones: para saber dónde están nuestros enemigos tenemos que informarnos; y eso implica leer (mucho) y pensar (otro tanto). Buena suerte.