Poesía, filosofía y heavy metal, todo en uno

Hace un par de día me topé con el poema de Ella Wheeler Wilcox Los vientos del destino, poema que fue publicado allá por 1919:

 

Los vientos del destino

Un barco zarpa para el Este
y otro para el Oeste,
soplando para ambos los mismos vientos,
es el timón del marino y no el viento
el que determina el camino a seguir.

Los vientos del destino son como los vientos del mar,
mientras viajamos a través de la vida.
Son los actos del alma los que determinan el rumbo
y no la calma o la tempestad.

 

Este poema, insisto, fue publicado en 1919; es decir 19 años después de la muerte de Friedrich Nietzsche, de quien veo expuesto aquí parte de su pensamiento. Wilcox nos habla de la responsabilidad personal en nuestros actos; de nuestra decisión a la hora de tomar el rumbo de nuestra vida. Ella, como buena poeta, lo hace de un modo sutil y elegante; el filósofo alemán lo había hecho con toda la fuerza de su decisión, con todo su «filosofar a martillazos», como él gustaba llamar a su estilo:

«No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada»; «Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos”» o su famoso «Lo que no me mata, me hace más fuerte».

 

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Esa misma idea la retomará más tarde Jean-Paul Sartre, quien diría: «El hombre está condenado a ser libre, ya que una vez en el mundo, es responsable de todos sus actos» o el bellísimo «Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él»; frase que no nos deja la menor posibilidad de escapar de nuestra responsabilidad.

Por último, hace unos días escuchaba una canción llamada Delusion Pandemic y oigo que el cantante se larga con el siguiente speech: «Ahora es el momento en que todo puede cambiar / Tú eres completamente responsable de tu propia vida / y nadie vendrá a salvarte de ti mismo. / Así que deja de culpar a tus problemas o cualquier otra cosa / No importa nada / cuán injusto crees que es el mundo / es solo lo que haces / aquí y ahora / justo este puto instante que es el que importa. / Es tu elección: hundirte o nadar».

El lenguaje corresponde, por supuesto, a una banda de heavy metal; pero no está nada mal; sobre todo considerando que el mensaje es exactamente el mismo y que no es el que está de moda; es decir, quejarse por todo y considerar que el mundo está aquí para nosotros cuando ya sabemos que al mundo no le importa lo más mínimo nuestra existencia.

Un filósofo del siglo XIX; una poeta contemporánea de él, que escribe al otro lado del mar, y una banda de hevy metal en el siglo XXI hablan de lo mismo, a su modo y a su buen entender: Somos responsables de nuestras decisiones, nos guste o no. A nadie podemos cargar con nuestras responsabilidades y quien no quiera verlo está condenado a una vida de oveja, de masa, de nada, en suma. Me voy, por cierto con Nietzsche, quien nos da el último martillazo cuando nos recuerda que «Cada uno alcanza la verdad que puede soportar».