A veces sucede.

Erotic

“Era incapaz de leer nada. No tenía ganas de leer libros de grandes hombres, y me preguntaba si después de todo eran tan grandes. ¿Eran tan grandes como Hazel o Marie, o como la Niña? ¿Podía Nietzsche compararse con el cabello dorado de Jean? Algunas noches estaba completamente convencido de que no. ¿Era Spengler tan grande como las uñas de Hazel? Unas veces sí, otras no. Hay un momento y un lugar para todo, pero yo personalmente prefería la belleza de las uñas de Hazel a diez millones de volúmenes de Oswald Spengler.”

John Fante. Camino de los ángeles. Pág. 128.

A veces sucede, sí; a veces no hay pasión más grande (y por fortuna o lamentablemente y no es que no me decida por una de las opciones, sino que todo depende de en qué momento del día o de la semana me encuentre cuando pienso en esto) que la que nos brinda una piel o el deseo de una piel o la memoria de una piel. Aún es posible sentir esa pasión o deseo por una piel que todavía no se conoce, pero que se sabe perfecta, fragante, equilibrada como un buen vino tinto, sensible con esa intensidad exacta que nuestra palma y nuestros dedos saben aplicar. A veces, simplemente, no hay obra de arte que se le parezca. Sólo ella llena el espacio y lo justifica.

El erotismo de la lectura

 

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Empecemos dejando las cosas bien claras: Una mujer que lee me resulta sumamente atractiva, sugerente, seductora, y todo eso por el simple y sencillo acto de tener un libro en sus manos.

Ahora, vamos a otro punto. Hace poco leí una de esas frases que circulan por la red y que decía algo así como Una mujer que lee es una mujer peligrosa. La frase me resultó divertida y ridícula la mismo tiempo. No creo que nadie que lea, independientemente de sus sexo, de su edad, de su raza o de cualquier otra característica, se vuelva más peligroso; ni siquiera en el sentido irónico de la cita (la mujer que lee se torna peligrosa porque la lectura la hace más inteligente, menos apta para ser manipulada, etc.) sino, por el contrario, todos sabemos que la lectura nos vuelve mucho más pacíficos, lúcidos y con más herramientas para afrontar los diversos problemas que se nos presentan.

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Creo que esta idea verse peligroso proviene de un feminismo mal entendido. Hace poco, también, me acercaron un artículo escrito por una psicóloga (cuyo nombre no anoté en su momento y no lo recuerdo) pero que contenía una idea interesante: la psicóloga en cuestión decía que las mujeres, en éstos últimos tiempos, habían copiado lo peor de los hombres. Ponía como ejemplo lo siguiente: «Cuando yo iba a bailar, las mujeres no tomaban. Eso ya quitaba la mitad del alcohol de circulación. Pero además, si el hombre quería conquistarla, debía medirse en su consumo, porque ninguna mujer quería salir con un tipo borracho. Entonces los muchachos tomaban uno o dos tragos y nada más. Ahora las mujeres beben tanto como los hombres y no es extraño verlas casi sin poder caminar a la salida de los bailes o las fiestas.» Ejemplos como éste podríamos dar varios, pero creo que la idea se entiende.

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El punto es claro: querer verse peligrosas es una estupidez. Ése es el patético papel que nos toca en suerte a los hombres y ya los más inteligentes van dejando esos absurdos de antaño de lado. Ya somos muchos los que queremos a una mujer inteligente, seductora, compañera, sensual, libre. Es decir, a una mujer lectora de verdad, de esas que nos seduce cuando la vemos con un libro en la mano y nos erotiza cuando pasa la página con la delicada yema de su sus dedos.