Diez consejos para escribir de Zadie Smith

 

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Me gustan los consejos de escritores, aunque bien se sabe que, a la larga, no sirven para nada. En general lo que sucede con estas listas de consejos es que se les reconoce su validez, pero después resulta que ponerlos en práctica no es algo que uno consiga con facilidad. De todos modos, como dije, me gustan porque me dejan entrar en la «cocina» de esos autores que me gustan y de algún modo puedo ver qué es lo que hacen cuando escriben esos libros que tanto me gustan.

Zadie Smith, la notable narradora inglesa puede, sin duda, brindar algunos consejos con plena conciencia y uno debe reconocer que la mujer algo sabe sobre llevar una historia y cómo entretener a un lector a lo largo de varios cientos de páginas (hago un pequeño ejercicio de memoria y me parece que ninguna de las novelas que leí tiene menos de 450 páginas).

En síntesis: sirvan o no, aquí están los diez consejos que Zadie Smith nos brinda para escribir. El resto, claro, nos corresponde a nosotros.

 

1. Cuando aún seas un niño, asegúrate de leer muchos libros. Pasa más tiempo haciendo esto que cualquier otra cosa.
2. Cuando seas adulto, intenta leer tu propio trabajo como lo leería un extraño o, incluso mejor, como lo haría un enemigo.
3. No romantices tu «vocación». Puedes escribir buenas oraciones o no puedes. No hay un «estilo de vida del escritor». Lo único que importa es lo que dejas en la página.
4. Evita tus debilidades. Pero haz esto sin decirte que las cosas que no puedes hacer no valen la pena. No enmascares la duda de ti mismo con desprecio.
5. Deja un espacio de tiempo decente entre escribir algo y editarlo.
6. Evita los grupos. La presencia de una multitud no hará que tu escritura sea mejor de lo que es.
7. Trabaja en una computadora que esté desconectada de internet.
8. Protege el tiempo y el espacio en el que escribes. Mantén a todos alejados, incluso a las personas que son más importantes para ti.
9. No confundas los honores con los logro.
10. Di la verdad a través de cualquier velo que se presente, pero dila. Resígnate a la tristeza de toda la vida que viene de nunca estar satisfecho.

Elogio de la soledad. Elogio del silencio.

 

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Escribir, leer, pensar. En esa ecuación pueden intercambiarse dos términos sin que se modifique su esencia. Podríamos decir, también: leer, escribir, pensar. Los dos primeros términos van de la mano y los aprendemos juntos; el tercero es la consecuencia, el logro final. Luego tenemos dos accesorios fundamentales para lograr un buen resultado; dos accesorios que tienen peso y valor por sí mismos, pero que aquí se aplican como auxiliares: la soledad y el silencio. Sin ellos no hay pensamiento posible ni tampoco, siquiera, la posibilidad de conseguirlo. Víctor Bravo, en su leer el mundo, lo dice de manera impecable:

«La lectura, tal como la conocemos, está ligada a la soledad y al silencio. En un texto juvenil y muy bello, María Zambrano dice algunas cosas sobre la escritura que pueden aplicarse, punto por punto, a la lectura. Escribir, dice Zambrano, «es defender la soledad en que se está». Leer, podríamos añadir nosotros, como un eco, también es defender la soledad en que se está. Una soledad, sin embargo, que es compañía, una cierta forma de la compañía, una extraña modalidad de la amistad. Y leer es también defender un cierto silencio. Pero un silencio que es comunicación, una cierta forma de comunicación. Esa que se da cuando cambia nuestra relación cotidiana con las palabras, cuando pasamos de hablar demasiado y de escuchar sin atención, a atender al lenguaje mismo en su máxima pureza y en toda su gratuidad».

 

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Me voy con una nota final (no hay nada que quiera agregar a la cita de Bravo; creo que ella es por demás sintética): me pasa muy a menudo que, al trasladar las citas a la computadora, veo que el mismo acto de escribirla con mis propias manos hace que las diferentes oraciones cobren un sentido más profundo, más sensible. En este caso particular, donde la cita habla de la lectura y de la escritura (los dos actos que debo poner en marcha para trasladar el texto aquí) tuve la sensación de ingresar en un círculo cerrado de sentido y comprensión. Una especie de metaliteratura o, si se quiere, una especie de literatura fractal, si se me permite el neologismo. Pero eso es secundario; lo importante es que la soledad y el silencio en el que estaba inmerso cuando trasladé la cita me hicieron ver —sin necesidad de palabras— que lo que dice Víctor Bravo es cierto en un cien por ciento.

 

Nota al margen: Por tiempo indeterminado estaré sin conexión a internet, así que responderé a sus comentarios en cuanto pueda. Dejaré varias entradas programadas, así que éstas se subirán aunque no esté aquí. Pasaré a visitarlos en cuanto me sea posible.