El dodo y el unicornio

 

barbara-longhi-lady-with-the-unicorn-1605

Barbara Longhi – Lady With The Unicorn, 1605

 

Si se considera que la existencia promueve esta condición (es decir: la misma condición de la existencia) y la unidad, entonces la inexistencia tendrá, hablando informalmente, este problema: nos obliga a hablar de una nada. Si un objeto inexistente fuera siempre una huella en la arena, podríamos referirnos a él por su molde, su lugar negativo. Pero generalmente el mundo se cierra sin mucho rastro alrededor de cosas que han pasado su tiempo y han dejado de existir, y con frecuencia ni siquiera queda un mundo para sostener el molde: piense en dodos extintos y en unicornios que nunca existieron; no queda un nicho vacío en nuestro mundo «real» para el primero y nunca hubo uno para el segundo. ¿Qué tipo de enfoque nos permite, entonces, hablar de cosas que definitivamente y definitivamente no están en ninguna parte, ni ahora ni nunca? ¿A qué nos referimos cuando decimos: esto no existe?

Eva Brann, The Ways of Naysaying, 2001.

La pregunta que plantea Brann al final del párrafo anterior no es menor, aunque lo parezca en un acercamiento primero. No es casual que la pregunta se haya formulado en el año 2001, cuando todo parecía carecer de un sentido o, peor aún, cuando todo parecía tener el mismo valor de sentido. La pregunta, decía, no es menor aunque lo parezca porque hoy estamos pagando el alto precio de las consecuencias no respondidas en su momento a esta cuestión. En el mismo ejemplo que la autora alemana nos brinda en su texto debería ser la base sobre la que se debería edificar la respuesta: equiparar a una especie extinta con una que es sólo una creación de la mente humana sólo puede ser respondido (insisto: considerando a esto como a una pregunta seria, cosa que cuesta considerar, por momentos) usando el método científico. Es entonces cuando nos damos cuenta de que la pregunta es, en realidad, una tontería a la que se le ha dado demasiada importancia y por la que hoy nos vemos inmersos en este estado de cosas, donde vale lo mismo el astrólogo que el astrónomo y donde pesa lo mismo el argumento que la opinión.

 

Esos atorrantes II

 

Dogs

 

La mesa estaba llena de objetos, vasos, libros, papeles, botellas. Corrimos las cosas para comenzar la partida. Neil empezó a repartir las fichas mientras Darío mezclaba el mazo con pericia y, sobre todo, con la intención de que los otros tres viéramos que lo hacía de esa manera. No sólo hay que ser honestos, ya lo sabemos, sino también hay que parecerlo. Federico no hacía nada; sólo se tusaba el espeso bigote y nos miraba de esa forma como sólo él sabe hacerlo; de esa forma que uno no sabe si abrazarlo o tenerle miedo.

Las primeras manos fueron silenciosas, pero poco a poco la conversación fue tomando forma. Federico dijo algo sobre el amor y Darío no lo dejó terminar:

—El amor no existe. Es una construcción que inventamos para paliar el dolor de la soledad. —Luego, como si una cosa fuese consecuencia de la otra, dobló la apuesta.

—Si vamos a hablar de cosas que no existen prefiero algo más tangible. —dijo Neil mientras arrojaba con desgano las fichas correspondientes sobre la mesa—. Por ejemplo, los colores. ¡Los colores no existen! Son sólo representaciones mentales de cierto tipo de ondas electromagnéticas. Ésa es la verdad.

—No hay verdad, sólo interpretaciones. —Dijo Federico antes de empujar todas sus fichas al centro de la mesa y empezar a reír como loco.

—Bueno —dije yo al ver que todos miraban en mi dirección y sin saber si lo hacían porque tenía que decir algo o sólo subir la apuesta—, si bien es cierto que el amor, los colores y la verdad no existen como tales, tenemos que hacer de cuenta de que sí son reales; de otro modo no veo cómo podríamos vivir en este mundo que nos ha tocado en suerte…

Y como vi que el asunto no iba por ahí hice una inútil pausa de dos segundos y arrojando las cartas sobre la mesa dije «Me voy; mejor en esta, paso».

Nota: las citas pertenecen, en orden, a Darío Sztajnszrajber (filósofo argentino), Neil deGrasse Tyson (astrofísico) y Friedrich Nietzsche (habitué de la casa).

Existir es…

buda

Existir es sufrir es una de las enseñanzas básicas o primarias del budismo; pero lejos de ser una mera exposición negativa de la vida, esta enseñanza es la base para una conducta que se torna, de manera casi paradójica, en optimismo puro. Como bien lo sintetizara Gregorio Marañón: Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.

 

Crear una nueva ciencia.

Free

“Yo soy mi libertad, apenas me habías creado cuando deje de pertenecerte. La naturaleza dio un salto atrás, pero para mí los años no pasaban, me sentía muy solo en medio de tu mundo bien intencionado, como un hombre que perdió su sombra. En el cielo no quedaba nada, ni bueno, ni malo, ni nadie que me diera ordenes, pues yo soy un hombre y cada hombre debe hacer su propio rumbo, tu no puedes castigarme, ni reprenderme, por eso te doy miedo”

Jean Paul Sartre. Las moscas.

La libertad de Orestes (el personaje de Las moscas que expone lo citado más arriba) define su postura existencialista, como también lo hacen los sentimientos de arrepentimiento o de angustia. El hombre nace y pronto se ve abocado a situaciones problemáticas y absurdas, de las que sale mejor o peor parado, pero con experiencia. La misma existencia es un poder ser y por eso es incertidumbre, riesgo, decisión. Por ello es necesaria una ciencia que aclare el enigma del fundamento del existir. Me parece que ésa sería una hermosa tarea: crear una ciencia que aclare el enigma del fundamento del existir. ¿Será posible llevar adelante tal tarea? ¿Cuál sería el primer paso que debería darse? Se me ocurre alguno; pero sería demasiado nihilista y no creo que vaya a ser aceptado. Si alguno tiene una idea que me pueda servir de punto de partida, pues a compartir, que el tema es de los mejores.