La hora fragante.

1229285440836_fEl gran naturalista sueco Carl Linnaeus (Carlos Linneo, 1707-1778) gran conocedor del mundo vegetal y a quien debemos una clasificación de los seres vivos que aún se utiliza, observó que determinadas flores se abrían siempre a la misma hora; entonces pensó realizar un reloj floral, utilizando principalmente plantas silvestres.

Esta idea fue pronto aplicada por los jardineros de los palacios europeos, y en muchos de ellos se hicieron estos fascinantes relojes.  El  reloj se hacía por medio de divisiones en forma de arco, en que se sembraban plantas correspondientes que se abrían o se cerraban en las horas específicas. Así, en un día de Sol se podía saber qué hora era mirando Las flores.

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En este reloj floral se han elegido las siguientes flores:

Para dar la 1, el clavel silvestre, que cierra a las 13 horas.
Para las 2, la pimpinela escarlata, que cierra a las 14 horas.
Para las 3, el amargón, que cierra a las 15 horas.
Para las 4, Ia corre-huela, que cierra a las 16 horas.
Para las 5, el nenídar blanco, que cierra a las 17 horas.
Para las 6, la oreja de gato, que abre a las 6 horas.
Para las 7, la caléndula africana, que abre a esa hora.
Para las 8, la pelusilla ratonera, que abre a esa hora.
Para las 9, el cardo, que entonces se cierra.
Para las 10, la lampsana, que cierra a esa hora.
Para las 11, la estrella de Belén, que abre a esa hora.
Finalmente para las 12, la pasionaria, que abre al mediodía.

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Billete de cien coronas suecas con la imagen de Carl Linnaeus.

De Linnaeus se ha dicho mucho y bueno; por ejemplo, Jean-Jacques Rousseau dijo: «No conozco a un hombre más grande en la tierra»; Goethe escribió: «Con la excepción de Shakespeare y Spinoza, no conozco a nadie que me haya influido más intensamente». El autor sueco Strindberg escribió: «Linnaeus era en realidad un poeta que se convirtió en naturalista». Entre otros cumplidos, Linneo fue llamado «Princeps Botanicorum» («Príncipe de Botánicos»), «El Plinio del Norte» y «El Segundo Adán». Como se ve, no le faltaron admiradores ni tampoco títulos honoríficos. Lo del reloj a mí me sabe a poesía pura. El resto se los dejo a los especialistas.

 

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