Lejanías.

lejanias .

Cito, una vez más, a Francisco Umbral: “El hombre es un ser de lejanías, escribió Heidegger. Esta frase tiene muchos sentidos, como todas las suyas, pero yo le aplico el más modesto y usual. Ir muriéndose es ir alejándose de las cosas, o ver cómo las cosas se alejan. Así, acudo a fiestas, tareas, usos cotidianos, inmediatos, y me parece venir desde muy lejos, desde mis lejanías de hombre que agota a grandes pasos su biografía. A uno le queda ya poco o mucho de vida o de muerte, sino poco de uno mismo, poco de lo que fue, de lo que fui.”

Sé que la muerte es el gran tema de la humanidad; pero del mismo modo que quienes no participan de un determinado grupo no pueden comprender las motivaciones o los sentidos que los integrantes de ese grupo comparten, yo no logro entender el miedo o la angustia que ella provoca. Prefiero, siempre, la idea que bien expresa Umbral: “…desde mis lejanías de hombre que agota a grandes pasos su biografía.” Así, despacio, sin pena ni orgullo; sin pesar y sin lamentos; desganando los días que nos toquen en suerte y dando gracias por la inmensa fortuna que tuvimos de estar, al menos alguna vez, aquí.

El producto de un armario.

ropa

 Leo en La belleza convulsa, de Francisco Umbral: “¿Hasta tal punto influye el atuendo en las ideologías? Hasta tal punto. El revolucionario, el progresista, el disconforme, el ácrata se visten de una determinada forma por rechazo y asco del uniforme burgués. Elijen otro uniforme pana, lana y cuero—, pero, cuando menos, un uniforme de mejor gusto. Luego la policía —el Estado, en última instancia, cualquier Estado— cataloga a los individuos según la ropa, cataloga indumentarias, hace contraespionaje de los trajes, uno queda ya reducido a su ropa, constreñido en su guardarropa, es sólo el producto no de una doctrina, unos libros o una revolución, sino el producto de su armario”. Aunque suene exagerado (no deja de ser parte de una obra literaria) uno no deja de pensar que hay mucho de verdad en ello. Si sumamos, también, los perfumes y los accesorios —anteojos, relojes, cadenas, pendientes y demás—, la cosa parece ser más certera aún. ¿Alguno aceptará que, al menos en parte, es lo que viste o que viste para ser?