La gente anda diciendo.

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Borges decía (sí, ése que parece tener una frase exacta para toda ocasión) que la poesía o el acto poético era mucho más común de lo que habitualmente pensábamos. “Es muy probable que, a lo largo del día, y sin que tomemos conciencia de ello, digamos una frase maravillosa”. Es sólo cuestión de prestar atención, sin duda. Y no sólo podemos oír (u oírnos) decir cosas que puedan ser consideradas poesía; otras veces encontraremos buenas dosis de humor, de sentido común o del más liso y llano surrealismo.

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Éso fue lo que hizo un grupo de amigos en Buenos Aires; comenzaron a recopilar cosas que oían en la calle y, supongo que por mera diversión, abrieron una página de Facebook para compartirlas. El sitio explotó y de inmediato empezaron a recibir colaboraciones espontáneas de otros usuarios. Ahora, La gente anda diciendo ha llegado al formato libro y parece ser que con buena aceptación. Una idea simple, un buen rato de lectura distendida y divertida.

Algunos ejemplos (evité, en lo posible, aquellas frases con lenguaje demasiado localista; aun así, alguna expresión puede ser incomprensible para algunos. Si necesitan alguna aclaración, sólo pregunten). Como siempre, para ver las imágenes en mayor tamaño, hagan clic en una de ellas.

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Cortázar es Buda

Cortazar

En nuestro deambular por la red todos nos hemos encontrado con esos cartelitos con frases o citas de autores diversos y las hemos puesto en nuestros blogs o las hemos descargado a la memoria de nuestras computadoras. Pero ninguno es tan citado como Julio Cortázar. Creo que Cortázar es el autor que mejor tolera ser citado de esta manera, en base a esas frases u oraciones tomadas de sus novelas o sus cuentos y sacadas totalmente fuera de contexto. Aquí hay algunas, las cuales seguramente todos conocemos:

 

En este sentido me atrevo a decir que las frases de Julio Cortázar bien pueden ser consideradas como pequeñas piezas de conocimiento, no como meras frases bonitas como esas que se usan para adornar tarjetas de cumpleaños y que luego se olvidan para siempre. Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos. Dijo Buda; y si ponemos en práctica lo que cada frase de Cortázar nos dice, tengo la sensación de que seríamos  más comprensivos, más tolerantes, mejores amantes; en suma: mejores personas. Es decir, lo que pretendía Buda de nosotros.

Queremos tanto a Groucho…

“Surgiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cimas de la miseria”. (Groucho Marx)
¿Por qué es tan poderosa la corriente catastrofista que siempre piensa que estamos en el peor momento de la Humanidad, en el nivel más bajo de moralidad etc.?
-Porque es verdad
-Porque le prestamos atención
-Porque…

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“Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”
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“Detrás de un hombre hay una gran mujer y detrás de ésta su esposa”
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“Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo”
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“Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna..”
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“En las fiestas no te sientes jamás. Puede sentarse a tu lado alguien que no te guste”
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“Nunca olvido una cara, pero con la suya voy a hacer una excepción”
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“El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio. Si puedes simular eso, lo has conseguido”
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“Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor”
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“Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína”
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“Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo”
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“¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Le dejó mucho dinero su difunto marido? Conteste primero a la segunda pregunta”
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“Todo el mundo debe creer en algo. Yo creo que voy a seguir bebiendo”

Un hombre es… Parte II

José Pablo Feinmann acuñó el término letrinet para referirse a una de las partes más oscuras de internet, esa que permite a miles de personas escudarse detrás de un pseudónimo o apodo para poder decir cualquier cosa, desde la más estúpida hasta la más aberrante. El problema en sí no es el más grave, ya que con un poco de pensamiento crítico se puede determinar quién es quién y si debe hacérsele caso o no. Es aquí donde reside el problema mayor: en que una gran porción de la población repite lo que oye sin detenerse a pensar en qué es lo que están diciendo.

Veamos unos ejemplos:

Éste es bastante inocuo en su mensaje, el cual es típico del pensamiento fascista: “El único que tiene razón soy yo”. La falacia “Nadie estudia, nadie piensa” sólo está allí para dar sentido a la conclusión: “Todos votan”. He aquí la cuestión principal: el fascista no quiere que el pueblo vote si, para ello, debe recurrir a la mentira, no hay problema alguno. Veamos ahora la fotografía. No sabemos quiénes son esas personas que allí aparecen, pero lo que se nota es que el texto que aparece en la imagen no es el original. Vaya uno a saber qué es lo que decía allí. El texto está sobreimpreso con algún programa de manipulación de imágenes. La imagen de smiley manchada de sangre está tomada del cómic Watchmen, notable obra del genial Alan Moore (autor de V de Venganza, From Hell, entre otras obras), es decir, un autor anti-fascista. La manipulación no se detiene ante nada. Las palabras “Todos votan” en rojo son sintomáticas.

Ésta es más simple, directa y brutal. El resumen es, también, típico del fascista: Si no votas como lo hago yo eres un pelotudo (gilipollas, imbécil, estúpido, etc.). La imagen del chimpancé no es tan graciosa como parece a primera vista. Es bien sabido que el método para destruir al otro es despersonalizarlo. Es difícil matar a una persona, es mucho más sencillo matar a un animal; es por eso que se suele animalizar, denigrar,  al oponente (“Nosotros no matamos gente, matamos terroristas” Dijo un General argentino en la época de la dictadura militar. El mandato divino es otro muy popular: “Al luchar contra los judíos estoy cumpliendo con la obra de Dios”, Adolf Hitler, Mein Kampf).

La última es la peor de todas (he visto algunas variantes dando vueltas por ahí). En ella todo es falso, desde las premisas hasta la (supuesta) conclusión. Aclaración necesaria: desde la semana pasada, los menores de 16 años pueden votar  –de manera optativa–, y la oposición se negaba terminantemente a tal ley. Mucha gente se sumó con los argumentos que se ven en la imagen. Todos ellos son falsos porque la ley, en la República Argentina, declara imputables a los menores de 16 años; imputables para delitos de gravedad, es decir, asesinato, robo calificado, etc. El primer punto, e l de las drogas, es verdadero hasta cierto límite. La ley permite cierta cantidad de drogas (livianas) para consumo personal y privado; ello independientemente de la edad; no importa si tiene 16 ó 40. El tercer punto es ridículo, además de falso. Hablar de que un menor de 16 años puede ser terrorista y quedar libre es risible, suponer que alguien puede creer en ello es triste. La supuesta conclusión “pero pueden votar a Cristina”, también es falsa: pueden votar a quien les dé la real gana.

Ya me extendí demasiado por hoy. Mañana los comentarios.

¿Tú también, Bruto?


Tu quoque, Brute, fili mi?”
Traducción: “¿Tú también, Bruto, hijo mío?”
En la obra Julio César de William Shakespeare se cambió por “Et tu, Brute” (¿Incluso tú, Bruto?”), aunque las últimas
palabras de César no están claras. Según Suetonio, las últimas palabras de César fueron en griego: “και συ, τεκνον;”
(“¿También tú, hijo?”).

Ustedes me disculparán pero hoy el tema viene plagado de citas. Y es que no he encontrado mejor método para acercarme a este tema, al menos es lo que he encontrado para evitar hablar de cuestiones personales.
Comencé por la más conocidas de todas las citas referidas a la traición. Y es que éste es el tema que me preocupa hoy (y viene haciéndolo desde hace unos años por circunstancias varias que me han hecho víctima de ellas; como se ve, las referencias personales son inevitables, pero intentaré mantenerlas en el mínimo posible).
Sigo con una somera explicación, también personal: Quiene esto escribe vivó durante seis años en los Estados Unidos. Al regresar a la Argentina, comencé a sufrir, de inmediato, todo tipo de traiciones, desde las de 20 centavos hasta las de miles de pesos; es decir que me encontré con aquel que te traicionaba casi por deporte y con aquel otro que lo hacía con saña y premeditación, y que, obviamente, producía un daño mayor.
Cierto día, una persona muy inteligente y analítica me dio su explicación de por qué ocutría esto. Según él, El gobierno militar primero, y la crisis económica después (la famosa crisis del 2001), rompieron el tejido solidario clásico del pueblo argentino. Éste no es una quimera ni una idealización mítica del pasado, era una realidad de la que tengo memoria, aún cuando en los tiempos de la dictadura militar yo no era más que un niño de escuela primaria. Según esta hombre, el temor que produjo la dictadura (el “despegarse” del otro, ya que ser amigo de un amigo de un amigo de alguien que había sedi secuestrado o sospechado era suficiente como pasar a ser un sospechoso en potencia) y la crisis dell 2001 (que produjo una especie de “sálvese quien pueda, y si alguien queda en el camino, mala suerte”), fueron los causantes de esta modalidad enquistada en lo más profundo de la personalidad argentina de hoy: la traición como modo de vida.
Quizá suene exagerado, y quizá haya, realmente, un ligero tinte magnificador en ello; pero si existe es muy a pesar mío y, eso sí puedo asegurarlo, es muy, muy pequeño. Lo único que puedo decir es que, desde hace seis años he sido víctima de traiciones pequeñas, medianas y grandes por parte de todos los estratos de la sociedad. Policías, comerciantes, amigos, compañeros de trabajo, familiares, conocidos, jefes, subalternos, vecinos. De algunos de ellos podría dar no solo un ejemplo, sino varios.

En el día de ayer no una, sino dos personas me dieron la cuota semanal de traición. Trastocando todos mis planes y sin ningún respeto por mis sentimientos o mis necesidades. Claro, éste tipo de traición de la que hablo no es como la de la cita de Shakespeare, alguien que planifica apuñalarte -no literalmente, por fortuna (o al menos hasta ahora)-, sino que me refiero a que actúan según su provecho aún sabiendo que afectan directamente a otro. ¿Qué importa si alguien sale lastimado? ¿Qué importa si el otro todos sus planes deshechos por esa actitud? El otro ha dejado de ser un Otro -es decir un igual- para transformarse en otro, con minúsculas, es decir alguien ajeno, alguien menor, alguien sin importancia.
Bien, basta de hablar de mí.

Vamos a las citas:

“Debemos desconfiar unos de otros. Es nuestra única defensa contra la traición”.
Tennessee Williams

Bien, totalmente de acuerdo con Williams: Desconfiar de todos es la única defensa: Pero yo paso. No puedo, no podría jamás, desconfiar de todos los que me rodean. Es algo natural en mí (¿será por eso que soy una víctima fácil?), pero cuando alguien me dice algo, le creo. Siempre y cuando lo que me digan se encuentre dentro de lo razonable, por supuesto. Mi incredulidad se reduce a la honestidad del interlocutor, no a la imbecilidad del que cree en el fin del mundo para este año o afirmar la existencia del monstruo del Lago Ness. Prefiero confiar; y si me engañan no soy yo el culpable (frase de consuelo que no sirve para nada, el dolor de saberse traicionado no se calma con estas frases de ocasión; aún así, la sigo usando).

“Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición”.

François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.

De las dos traiciones de las que hablé, de las dos de ayer, una es de este tipo. Creo la falta de experiencia de esta persona hizo que actuara de un modo egoísta, pero que su fin no fue el de producir daño, al menos no de un modo premeditado (paradójicamente, fue la que más daño produjo). La otra persona no, actuó fría y deliberadamente. Me guardo los calificativos.

Luego tenemos:


“Con ciertas personas vale más ser traicionado que desconfiar”.

Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.

No voy a agregar mucho, para mí es una frase perfecta y voy a usarla para confirmar mi punto de vista: prefiero creer (es decir: correr el riedgo de ser traicionado) antes que desconfiar.

Y por último, mi amado Nietzsche:

“Sé al menos mi enemigo”: así habla el verdadero respeto que no se atreve a implorar amistad.
Friedrich Nietzsche

Las cosas claras. Que otra vez el otro se convierta en Otro, en un igual, en un semejante; y si por alguna razón no podemos estar del mismo lado, pues no lo estemos. Pero seamos honestos.

De profecías y equilibrios.

¿Nace una estrella?

“A mediados del 98, la Casa Blanca lanza otro villano a la cartelera mundial: responde al nombre artístico de Osama bin Laden, es fundamentalista islámico, lleva barba y turbante, y en el regazo acaricia un fusil. ¿Hará carrera esta nueva figura estelar? ¿Tendrá buena taquilla? ¿Logrará demoler los cimientos de la civilización occidental, o será no más que un actor secundario? En el cine de terror, nunca se sabe”.

Este texto fue escrito por Eduardo Galeano en 1998, más de tres años antes de que ocurriera el tan mentado 9/11. ¿Profecía o sentido común? ¿Videncia o, simplemente, saber ver la realidad?

Pasaron los años, pasaron las guerras (algunas), pasaron los presidentes y las crisis y, aún nos vemos obligados a ver imágenes como ésta:

Estados Unidos no es santo de mi devoción, precisamente; pero creo que éstas personas que se ven en la fotografía son tan víctimas como cualquier otra que se vea obligada a participar en una confrontación armada, inventada por ya-sabemos-quién.

Pero de inmediato recuerdo otro texto de Eduardo Galeano.  Éste, que pertenece al mismo libro que el extracto anterior:

“Desde el punto de vista de los Estados Unidos, es justo que los nombres de los norteamericanos caídos en Vietnam estén grabados, sobre un inmenso muro de mármol, en Washington. Desde el punto de vista de los vietnamitas, allí faltan sesenta muros”.

Aquí un par de imágenes del Vietnam Memorial Wall, en Washington.

Reproduzcan sesenta veces la fotografía que prefieran.

La pregunta, ahora, es: ¿Cuántos muros de diferencia habrá cuando termine esta vergonzosa invasión a Irak y a Afghanistán? ¿cuántos Galeano serán superados por presentadores televisivos y sus publicidades en forma de noticia?

 

Actulización: Unos minutos después de escribir lo anterior, me encuentro con esta noticia: “Pakistán se está enojando”. Por Juan Gelman, el primer párrafo dice así: “Se explica: el domingo que pasó, aviones no tripulados (ANT) de EE.UU. atacaron una escuela abandonada en Waziristán Norte y mataron a sus cuatro ocupantes, “presuntos terroristas”, aunque no se ha explicado todavía si lo eran o apenas gente sin techo que eligió el lugar para dormir. Una característica terrible de estas guerras es el anonimato de sus víctimas, de las que en los medios desaparecen nombres, edades, condiciones de vida, y todo se funde en un número, una mera cifra que sirve para contar cualquier clase de objetos”.

Fuente: Página 12. Jueves, 03 de mayo de 2012.