No sé qué es lo que quiero, pero quiero más.

Consumo

“Todo lo que se come de más se quita del estómago de los pobres”. Dijo alguna vez el Mahatma Ghandi. Se refería, claro está, a una sencilla ecuación económica: Si sólo comemos lo necesario, no necesitamos comprar tantos alimentos, por lo tanto, si TODOS actuamos de esa manera, habrá menos demanda, lo cual significa que la oferta de productos será mayor y, como todos saben o deberían saber, a mayor oferta y menor demanda, el precio baja; por lo tanto, la gente de menores recursos puede acceder a más y mejores alimentos.

Ahora bien, el párrafo anterior es sólo tangencial con respecto al tema que quiero tratar hoy. El cual es la publicidad actual. Últimamente he visto una gran cantidad de publicidad de los mismos productos de siempre, pero ahora todas ellas –no importa del producto que se trate–, tienen algo en común: todas ellas nos prometen una compra limpia y ecológica.

Antes, cada publicidad nos hablaba de las virtudes de un producto, ahora no solo eso; sino que también nos dice que estamos ayudando al planeta. Sabiendo que en la actualidad la ecología es un tema importante, nos quieren hacer creer que además de comprar, estamos siendo buenos ejemplos de individuos sociales y responsables.

Quienes llegan hasta este sitio provienen de diferentes partes del mundo, así que cada cual debería prestarle atención a las publicidades de su país; estoy seguro de que, en líneas generales, se encontrarán con ejemplos parecidos a lo que ocurre aquí en Latinoamérica: las baterías Duracell nos aseguran 650 fotografías (como duran más, se desperdician menos), las petroleras nos aseguran menor contaminación, al igual que la industria automovilística; Starbucks nos promete que, con cada taza de café accedemos a un café natural y que, además, siempre pagan lo adecuado a los proveedores de Sudamérica. Los detergentes, cremas, desodorantes y otros productos de limpieza (además de eliminar el 99,98% de los gérmenes, el cual es tema para otro post), se hacen a base de elementos biodegradables, etc., etc., etc.

Las publicidades, como siempre, sólo tratan de engañarnos. La realidad es que las mejores baterías son las recargables (cuestan cuatro veces más, pero duran entre 20 y 30 veces lo que una batería común); con respecto a los automóviles, lo mejor es usarlos en la justa medida, es decir cuando es necesario y es bien sabido que ya la tecnología les permitiría comercializar autos realmente ecológicos; y así podemos seguir con todos y cada uno de los productos que vemos día a día.

El objetivo de la publicidad es hacernos comprar todo y de todo, aun aquello que no necesitamos; así que aquí es cuando entra a cobrar sentido aquella frase de Ghandi con la que comencé el post. No sólo deberíamos aplicarla a los alimentos, sino a todo aquello que nos rodea en estos tiempos modernos. Comprar estrictamente lo necesario y en la menor cantidad posible.