Razón de más.

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Estoy leyendo El erotismo, de Georges Bataille. Debería decir que estoy leyendo, disfrutando, aprendiendo y gozando con esta lectura, porque el tema en sí ya promete riqueza por donde se lo mire y observe. En el Primer Estudio de la segunda parte, donde se analiza el famoso informe Kinsey, encuentro el siguiente párrafo:

“La sexualidad es para los autores una «función biológica normal, aceptable, bajo cualquier forma en que se presente». Pero a esta actividad natural se ponen ciertas restricciones religiosas. La serie más interesante de datos numéricos del primer Informe indica la frecuencia semanal del orgasmo. Aunque varía según las edades y categorías sociales, en conjunto es muy inferior a 7, cifra a partir de la cual se nos habla de alta frecuencia (high rate). Ahora bien, La frecuencia normal del antropoide es una vez al día. La frecuencia normal del hombre, según afirman los autores, podría no ser inferior a la de los grandes monos si no se hubieran interpuesto las restricciones religiosas. Los autores en los resultados de su encuesta clasificaron las respuestas de los fieles de diversas confesiones, oponiendo practicantes y no practicantes. El 7,4% de los protestantes piadosos contra 11,7% de los indiferentes alcanzan o superan la frecuencia semanal del 7%; del mismo modo, el 8,1% de los católicos piadosos se contraponen al 20,5% de los indiferentes. Son cifras relevantes: la práctica religiosa frena obviamente la actividad sexual”.

Georges Bataille. El erotismo, p. 162.

No es algo desconocido para cualquier persona medianamente lúcida lo que estos datos confirman. Como si hiciese falta una razón más, la práctica religiosa debería ser abolida, entonces (entre otras muchas cosas), por oponerse a unos de los aspectos más ricos y sanos que forman la vida de toda persona. Y me adelanto a la posible crítica de algún intolerante de turno: quien quiera castrarse en vida, es libre de hacerlo; pero que no joda al resto del personal y, mucho menos, que no obligue a castrarse a los demás por su propio delirio. Amén.