Un miedo personal.

Hong Kong 02

Hace muchos años recorría con un amigo una carretera cerca de Weston, EE.UU., cuando a un lado de esa carretera aparece una nueva zona residencial como salida de la nada. Las casas eran bonitas, pintadas con cuatro colores diferentes, muy ordenadas con su jardín delantero y su entrada para un automóvil. Mi amigo dijo algo que siempre recuerdo por lo certero de su pensamiento y por lo lúcido de la exposición: “Yo no podría vivir en un sitio así. Me parece que pasado cierto tiempo todos los que viven acá terminan pensando igual”. Creo que tenía mucha razón. Vivir en un sitio así hace que uno tenga que pagar la hipoteca de  esa casa y, como esos barrios siempre están alejados del centro, se hace necesario comprar un automóvil o quizá dos. Luego, la obligación de un trabajo formal, soportar a un patrón aunque se lo odie, y no pocas veces vivir con alguien a quien ya se dejó de querer pero que se vaya ella; yo soy el que pago por la casa o lo contrario que se vaya él, yo me quedo con los niños… La idea general corre por esos carriles y es aquí donde entra la idea con la que comencé a escribir esta entrada: si hay algo que me da miedo es lo masivo. Las grandes masas de gente me atemorizan; pero mucho más lo hacen estos centros urbanos gigantescos. Siento que me falta el aire, que me sofoca tanto concreto y, sobre todo, tanta uniformidad. Cuando me encuentro en un sitio así siento una especie de vago horror al ver las luces de las TV´s encendidas por las noches y cómo se van oscureciendo esos departamentos uno a uno tornando todo en un decorado oscuro, apagándose como almitas que se olvidan de sí mismas ¿Qué sueñan esas personas? Me pregunto una y otra vez y creo escuchar la voz de mi amigo diciendo “No te preocupes por eso; todos piensan lo mismo, todos sueñan lo mismo”.

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