Control limitado

Andreas Englund

Andreas Englund

Hace unos días cité a Joseph Campbell, en un fragmento donde éste hablaba de Schopenhauer y de su idea de que nuestra vida está escrita, también, con la injerencia de todas las personas con las que nos hemos cruzado. Somos lo que somos por nosotros mismos, pero también gracias a ellos (aunque a veces la palabra “gracias” nos cueste un poco ponerla en este contexto). Ahora me encuentro con esta cita de Chesterton que viene a ponerle el broche de oro a la idea:

“Para que nuestra vida sea una historia o un romance dignos, es necesario que una gran parte de ella, en todo caso, se resuelva para nosotros sin nuestro permiso. Un hombre tiene control sobre muchas cosas en su vida; a veces tiene control sobre bastantes cosas como para ser el héroe de una novela. Pero si tuviera control sobre todo, habría tantos héroes que no habría novela posible”.

Ése es un buen punto de vista para aceptar los tropiezos con los que nos encontramos a lo largo de este camino. Si no estuviesen allí, todos seríamos felices, heroicos, notables y poderosos seres humanos. No sé por qué, pero me parece que si eso ocurriera, nuestra vida sería mucho, pero mucho más pobre, más tonta, más plana y, sobre todo, mucho menos interesante para ser vivida.

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Héroes.

Héroe

Releyendo los prólogos de los libros de Borges para la entrada de ayer encontré, en el prólogo a El otro, el mismo, la siguiente anécdota borgesiana acompañada de un maravilloso corolario: “En su cenáculo de la calle Victoria, el escritor ―llamémoslo así― Alberto Hidalgo señaló mi costumbre de escribir la misma página dos veces, con variaciones mínimas. Lamento haberle contestado que él era no menos binario, salvo que en su caso particular la versión primera era de otro. Tales eran los deplorables modales de aquella época, que muchos miran con nostalgia. Todos queríamos ser héroes de anécdotas triviales”. La broma es una muestra de la impecable ironía de Borges, de la que ya alguna vez tomé nota aquí; pero no es de eso de lo que quiero hablar hoy, sino de la última oración que copié: “Todos queríamos ser héroes de anécdotas triviales”. Creo que hay una profunda enseñanza en esa expresión. Querer ser un héroe de anécdota trivial es querer ser un héroe menor, un remedo de hombre, un pseudo-héroe, de hecho. Si vamos a ser héroes seamos, al menos, uno digno de tal nombre. Seamos lo que queramos ser pero con convicción y con la plena conciencia de ello, no con el afán conformista de quien cree que llegó a la meta por tener un título colgado en la pared o por haber recibido un aplauso alguna que otra vez. Apuntemos alto, intentémoslo con todas nuestras fuerzas, dejemos la vida en ello que, de todos modos, es lo que vamos a dejar en el camino. Seamos un médico, un profesor, un astronauta, un chef, una enfermera, un músico, un caminante, un poeta o lo que sea; pero no olvidemos que hay que ser; definitivamente, ser. Ser eso que deseamos, a veces, cuando nadie nos ve; lo que sea, menos un héroe de anécdota trivial.