Dos consideraciones actuales

 

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1. Sé (es decir: soy consciente) de que en estos tiempos que corren decir que «la gente es estúpida» es algo que no debe hacerse, aunque se tenga razón. Y no debe hacerse porque todos están muy sensibles y el término «estúpido» hiere demasiadas sensibilidades, de esas que están tan de moda hoy en día. Tal vez pueda decirse parafraseando el juego de palabras de Sócrates, algo así como «Solo sé que soy un idiota que al menos puede ver a otro idiotas»; pero en general tampoco lo entienden. Bueno, yo lo he dicho muchas veces en este sitio y en otros muchos, porque, por una parte es verdad y, por otra, no me interesa mucho la corrección política, así que prefiero lo primero a lo segundo, es decir, la verdad a quedar bien diciendo palabras bonitas pero huecas. Incluso en ese otro blog que tengo abandonado alguna vez lo sinteticé con alguna pequeña ironía, cuando dije «La evolución es difícil —aunque no imposible— de probar. La involución no lo es tanto. Sólo alcanza con que se corte el suministro eléctrico.»

corona 02¿Qué pasa, entonces, cuando la realidad es la que nos brinda la prueba empírica de eso que uno ha dicho tantas veces? ¿Qué sucede cuando es la realidad la que nos brinda las pruebas de esa estupidez profunda y masiva? Uno pensaría en cierta satisfacción, en cierto solaz en haber dicho las palabras verdaderas en su momento y a pesar de la oposición general… pero no, lo que se siente es una profunda pena; porque la prueba de la estupidez no puede ser otra que una actitud estúpida, y no hay nadie medianamente sano que pueda sentirse feliz ante una demostración de este tipo.

A lo que quiero llegar es a lo que está pasando a nuestro alrededor desde hace unos días; sobre todo a lo que está pasando en estos últimos tres días. A la inconsciencia general que demuestran las personas que no siguen los lineamientos de seguridad dictados por los gobiernos de cada país o estado. Al egoísmo absurdo y canalla de los que se atiborran de cosas innecesarias (negándoselas al resto de la población en una actitud canalla, incivilizada e ignorante) como si estuviésemos viviendo en una pesadilla zombie y todo se arreglara con docenas de rollos de papel sanitario. Aquí en México se ha pedido que nadie se mueva de sus casas, en la medida de lo estrictamente posible ¿y qué hace la gente? Colma la capacidad hotelera de Acapulco encorona 01 un 90% (la mayoría de los que están allí son extranjeros o chilangos; es decir, capitalinos. Cuando regresen de sus vacaciones lo harán a una ciudad de casi nueve millones de habitantes, con todo lo que ello implica). Lo que se ve en los supermercados huelga cualquier comentario, ¿porque qué puede decirse de un video donde dos mujeres se pelean casi hasta los golpes por un paquete de seis rollos de papel sanitario o idioteces similares?

 

En aquella breve ironía mía que pretendía ser un microcuento está resumida —ahora lo veo— toda la verdadera conducta humana: no somos civilizados; no somos buenos (como creía Rousseau); no somos seres pensantes. En líneas generales, este caso del coronavirus nos demuestra que somos animales contenidos en ciudades, y que sólo mientras tengamos el estómago lleno y algo para entretenernos (el viejo «pan y circo» romano) nos comportamos más o menos bien; pero no mucho más. En cuanto algo rompe con ese esquema sale, de lo más profundo de nosotros, el animal salvaje. Como dijo Juan Domingo Perón, hace más de sesenta años: La fuerza es el derecho de las bestias.

 

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2. Y hablando de Perón, de quien toda la Intelligenzia europea y norteamericana no cesa de tildar de populista, con ese facilismo radical que les hace querer sintetizar todo en una palabra (generalmente errónea pero útil para sus fines), me da mucho gusto ver que después de setenta años los grandes demócratas liberales terminan dándole la razón. Por ejemplo: «La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo»; o «Sin independencia económica no hay posibilidad de justicia social»; o «El éxito no le sale al paso por suerte ni por casualidad. Esto se concibe, se prepara, se ejercita, y después recién se realiza»; o «La unidad nos da la fuerza, la solidaridad la cohesión». Ésta última frase es la más adecuada para este momento, porque acabo de leer que Macron, el presidente francés dijo: «Lo que ha revelado esta pandemia es que la salud gratuita, nuestro estado de bienestar, no son costos o cargas, sino bienes preciosos […] y que este tipo de bienes y servicios tienen que estar fuera de las leyes del mercado». ¡Brillante! ¿Ahora se dieron cuenta de que la salud y el bienestar general no pueden ser un negocio? ¡Qué lujo de pensadores! ¡Pero si eso ya lo había dicho un populista sudamericano hace setenta años! Miren por dónde nos salen ahora con que Macron es peronista…

corona 033. Esto no es un punto en sí (por eso dije Dos consideraciones…, sino sólo una especie de conclusión que sólo va a decir lo mismo que más arriba: Me da una pena infinita ver a la humanidad reducida a sus más bajos instintos. Es común ver por ahí expresiones tales como «esto o aquello me devolvió la fe en la humanidad…». Pues buena suerte para los optimistas; porque lo que es yo, en este momento, puedo decir que he perdido hasta el último grano de fe (si es que tenía alguno) en la humanidad como un todo. En algunas personas sí, aún los tengo y sobrevivirán siempre; pero en la humanidad? Pues no; si antes pensaba que ese conglomerado era idiota, ahora siento que tengo las pruebas… En cuanto a la realidad política; pues lo mismo: esto nos demuestra que el mercado no es más que una máquina atroz que sólo genera riqueza para unos pocos y que los políticos no son más que unos empleados de lujo a tiempo completo. Salvo, claro, algún que otro populista que anda por ahí, jodiendo el pastel con ideas de antaño…

Yo, robot

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La entrada de ayer (Tal vez…) recibió algunos comentarios que señalaban una postura diferente a la que planteaba en el texto. Está bien, en parte estoy de acuerdo con esos comentarios, pero lo que subyace a toda esa cuestión es una pregunta más profunda y compleja: ¿Qué es un ser humano? o planteada de otro modo: ¿Cuánto de humano queda en los humanos?

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El texto de ayer jugaba un poco con la ciencia ficción al hablar de “cables conectados al lóbulo frontal”; pero eso no es tan ficcional como se cree. En realidad nuestro lóbulo frontal está más que conectado (sin cables directos, claro) a un sinfín de electrónicos, sobre todo, internet. Nuestras sensaciones ya han sido modificadas por la tecnología hasta tal punto que la sociedad muy difícilmente podría vivir sin ella. Nos consideramos seres naturales; pero estamos bien lejos de serlo. Nuestra vida ha sido modificada en su totalidad por la técnica: vivimos en casas, nos vestimos, tomamos medicinas, comemos alimentos modificados de una u otra manera, usamos adminículos que potencian o suplantan a nuestras incapacidades. Usamos anteojos, bastones, muletas, llaves, martillos, espejos, pinzas, dentaduras, postizas, auriculares. Todo ello nos separa de lo natural aunque estamos tan acostumbrado a ello que no lo consideramos como un artilugio, un implemento añadido a nuestra naturaleza.
También en nuestros hogares vivimos rodeados de robots y otras herramientas. ¿Qué otra cosa es un hornos de microondas? Es un robot, aunque muy especializado, si vamos al caso, pero un robot al fin y al cabo. Lo mismo sucede con casi todos los adminículos electrónicos que nos rodean: un reloj despertador, un teléfono, una aspiradora, una computadora, una radio, una TV. Sin ir más lejos, como ya no tenemos garras ni colmillos, usamos en su reemplazo tenedor y cuchillos.

Love Robot
Un últimos asunto, tal vez el central: si bien es muy lindo ver un ocaso o sentir la caricia de un ser querido (lejos de mí el querer negar esto) es también cierto que estas cosas también han sido modificadas por la tecnología. A ver se aprende y las experiencias sensibles son hijas de la cultura. ¿Cuándo acariciamos o somos acariciados esa piel que tanto nos satisface es pura o ha sido modificada con diversos productos químicos? La piel humana ya ha dejado de ser humana en cierto grado. Ver un ocaso es bello, pero lo que vemos ha sido modificado por los incontables ocasos que hemos visto en el cine y por las incontables veces que hemos oído que ver un ocaso es un acto romántico.
Por supuesto que nada de esto quita valor al acto de vivir y de hacer todas estas cosas que siempre hacemos y que tanto nos gustan; pero no podemos decir que somos seres naturales; al menos no hasta que cambiemos el concepto de naturaleza aplicado a nosotros mismos.

Escrito en el cuerpo

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La Biblioteca de la Universidad de Harvard contiene unos 15 millones de volúmenes. Uno, al imaginar semejante cantidad de libros puede imaginárselos prolijamente ubicados en los estantes casi infinitos y hasta puede verse a sí mismo caminando por esos pasillos mientras se pasan los dedos suavemente por los lomos de los libros que allí descansan. Hasta que uno se entera de que en ese lugar fueron encontrados tres libros encuadernados en piel humana y, lo que es más tenebroso, aun no se sabe cuántos más puede haber con esas características; llamada bibliopegia antropodérmica. De inmediato la imagen cambia, ya nos vemos quietos en medio de uno de esos pasillos con las manos a los lados del cuerpo, mirando esos libros con desconfianza, pero sin miedo. Esa ambivalente sensación es lo que provoca la unión de un objeto tan querido como un libro con el miedo, temor, terror, angustia (que cada cual tache lo que no corresponda) que provoca la muerte.

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A True and Perfect Relation of the Whole Proceedings Against the Late Most Barbarous Traitors, Garnet A Jesuit and His Confederates. 1606

Este libro es una memoria del fracaso y posterior arresto y ejecución de los participantes en la Conspiración de la pólvora. Los conspiradores fueron un grupo de rebeldes católicos que en 1605 intentaron matar al rey protestante Jacobo I de Inglaterra, su hijo mayor, y gran parte de la corte y gobierno inglés. Su plan consistía en hacer estallar la pólvora durante una sesión de las cámaras del Parlamento. El intento fracasó, y los implicados fueron descubiertos y ejecutados, entre ellos el famoso Guy Fawkes. La piel de uno de los partícipes, el padre Henry Garnet, líder además de los jesuitas ingleses, sirvió tras su muerte para encuadernar este volumen, que contiene una inscripción en latín que reza: “una severa penitencia castigó la carne”. Este es uno de los ejemplos más famosos de bibliopegia antropodérmica, ya que muchos creen distinguir el rostro agonizante del jesuita en la portada.

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book 03 No he encontrado datos con respecto a este segundo volumen.

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Practicarum Quaestionum Circa Leges Regias Hispaniae
1632 (?): Jonas Wright

La excepcional colección de libros de la Langdell Law Library de la Universidad de Harvard acoge un extraño tomo de varios siglos de antigüedad. El Practicarum Quaestionum Circa Leges Regias Hispaniae es un tratado de derecho español en cuya última página puede leerse la borrosa inscripción:
“El encuadernado de este libro es todo lo que queda de mi querido amigo Jonas Wright, quien fue desollado por los wavuma en el cuarto día del mes de agosto de 1632. El rey Btesa me dio el libro, una de las posesiones del pobre Jonas, junto a su piel para que lo forrara. Requiescat in pace”.
Los wavuma se cree que fueron una tribu africana que habitó el actual Zimbawe. Este es un notable ejemplo del tema que nos ocupa, ya que prueba que la práctica era utilizada más por razones sentimentales y conmemorativas que por excitación macabra.

Al buscar información sobre estos libros, he encontrado mucha más información sobre el tema, pero como estos tres pertenecen a una misma biblioteca, dejaré el tema aquí y lo retomaré en algún otro momento.