Publicidades eran las de antes

Creo que no es novedad que tengo una relación de amor/odio con la publicidad. Por un lado reconozco la calidad estética de algunas propagandas y, por otro, detesto el uso de la publicidad comercial; esa que nos vende aquello que no necesitamos o que nos hacen creer una cosa por otra (en ese sentido, no pocos noticieros televisivos no son más que expositores publicitarios; hoy la información es poder, así que no es extraño que se use las noticias como formas de manipulación, es decir: como publicidad de un producto llamado verdad).

Ya Vladimir Nabokov se quejaba de ello, y lo hacía a mediados de los 50´s, lo cual le agrega algo de valor a esa crítica temprana. Supongo que Nabokov no sería el único, pero es el ejemplo que conozco y del que tengo pruebas. En algún libro de él (creo que era una biografía o un libro con algunos artículos suyos) se quejaba de una publicidad de unas cucharillas para café que prometían la felicidad eterna a cambio de comprar ese producto. Al bueno de Vladimir lo enojaba, claro está, esa manipulación que prometía el paraíso a cambio de cualquier estupidez, pero hay algunos casos en que el enojo que producen se debe a que los profesionales de la publicidad prometen paraísos a cambio de algo mucho más grave: la salud del consumidor, por ejemplo. Estaremos de acuerdo en que comprar unas cucharillas para café no le van a cambiar la vida a nadie, pero tampoco producirán daño alguno al comprador; sin embargo, hay algunos ejemplos que dan más miedo que el mismísimo Drácula (el cual, si existiera, sería la cara visible en la publicidad de un banco de sangre o, simplemente, de un banco).

Para un mejor comienzo en la vida, comience con Cola cuanto antes!

¿Qué tan pronto es demasiado pronto? Nunca es lo suficientemente temprano. Pruebas de laboratorio han probado que los bebés que comienzan a beber gaseosas durante su etapa formativa temprana tienen chances más altas de ser aceptados y de «incluirse» durante esos torpes y difíciles años de la preadolescencia y adolescencia. Por eso, hágase un favor. Hágale un favor a su hijo. Introdúzcalo en un estricto régimen de gaseosas y bebidas carbonatadas ya mismo, para una vida plena de felicidad garantizada.

Échaselo en la cara y te seguirá a todas partes.

Sobre el primer anuncio preferí no hacer comentario alguno. Sobre éste no se me ocurre nada brillante, por cierto; pero como fumador creo que ése es un pésimo slogan. A no ser que en los 70´s realmente se tomaran en serio esa imagen de macho recio propio de las películas de John Wayne o de Clint Eastwood (Pequeña digresión: ¡Qué me has hecho Clint! ¡Tanta admiración que me causaban tus películas, tu tarea como director, tu imagen de hombre probo y coherente! Y ahora sales con esa payasada en la campaña de Mitt Romney… En fin, ya no se puede creer en nadie. Perdón, vuelvo al tema principal). Y bien, les dejo una de mis favoritas, una de Camel, marca que tiene su historial en el tema de las publicidades subliminales y otras bellezas (aunque en éste, de subliminal, nada de nada).

De acuerdo a una reciente encuesta nacional. ¡Los Doctores fuman más Camel que cualquier otro cigarrillo!

«¡Voy para allá!» «Cuando hay trabajo por hacer, él está allí. Unos guiños de sueño… unas caladas al cigarrillo… y a trabajar.»

Qué bellos tiempos aquellos: los cigarrillos no hacían daño alguno, las bebidas gaseosas no provocaban obesidad ni gastritis y supongo que los caramelos no producían caries. Al lado de estas publicidades, lo de las cucharillas de Nabokov suena a inocentada, a mero infantilismo. Por suerte escribió buenos libros, así que aun tenemos razones para quererlo.

Enriqueta y los libros.

Hoy vamos con un post livianito, aunque no por eso tonto o pasatista. Ya hay demasiada gente que confunde una cosa con la otra. Liniers es un joven historietista argentino que goza de un merecidísimo reconocimiento, sobre todo en la gente joven. Supongo que ésto último se debe a su humor muchas veces surreal, cuando no absolutamente delirante. Entre la galería de personajes que pueblan sus tiras, podemos encontrar a z-25, el robot Sensible, el Hombre Misterioso, los infaltables pinginos, los coloridos duendes, el hombre del banjo, las jirafas cuyo largo cuello no les permiten salir enteras en los cuadros, Olga,  y muchos otros. Hoy, para todos aquellos que no conocen aún a este dibujante y sus personajes, a dos de ellos: Enriqueta y Fellini, una nena y un gato, respectivamente. Ellos juegan, charlan, se divierten; pero una de las pasiones de Enriqueta son los libros (los que a veces les lee a Fellini y por los que, en otras ocasiones, el felino se siente «desplazado»).

 

Por supuesto que no todo pasa por un libro en la vida de Enriqueta, pero esa es la faceta que tenía ganas de compartir hoy. Quizá otro día recorramos otra parte de la vida de estos dos amigos inseparables (al que deberemos sumar a Madariaga, un oso de peluche con cara de nada).

 

La fuente autosuficiente

folleto

Éste folletito no tiene desperdicio o, mejor dicho, es todo desperdicio; pero por razones de tiempo no voy a poder más que referirme a un solo punto, el resto lo dejaré para otra oportunidad. El punto en cuestión es éste:

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Me imagino un diálogo de este tipo:

-La Biblia dice la verdad.
-¿Cómo lo sabes?
-La Biblia lo dice.
-Eso es lo que dijiste, que la Biblia dice la verdad, ¿Pero cómo lo sabes? Eso no me lo has contestado.
-Sí lo hice: te he dicho que la Biblia lo dice.
-¿O sea que la Biblia dice que lo que dice la Biblia es verdad?
-Exacto.
-Bueno, no le veo muchas opciones. No hay modo de que la Bilbia pueda decir que ella NO dice la verdad.
-Podría hacerlo si lo quisiera.
-No creo. Si la Biblia dijera que No dice la verdad significaría que miente, por lo tanto miente cuando dice que No dice la verdad, luego, estaría diciendo -realmente- la verdad: o sea que No dice la verdad, lo que… nos lleva a una paradoja. En síntesis: la Biblia tiene que decir que dice la verdad. No tiene opciones.
-Podría no decir nada…
-La verdad es que viendo la historia de las religiones hubiese sido lo más adecuado.
-Por decir cosas como esas podrías terminar en el infierno.
-¿Quién lo dice?
-Pues la Biblia.
-¿Ésa que siempre dice la verdad porque ella dice que la dice?
-Exacto.
-Vaya…