No hay chip como el papel

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Es un tema bastante común y presente el cantar loas a las nuevas tecnologías. Recuerdo cuando no hace mucho se hablaba de la maravilla que significaba el poder tener toda la Enciclopedia Británica en un CD; por ejemplo. Ahora se habla de nubes donde podemos guardar no sólo una enciclopedia, sino toda nuestra historia: nuestros escritos, fotos, música, recuerdos, y lo que les venga en gana. Pero también recuerdo que los CD´s tuvieron una vida más bien breve y todos aquellos que tenemos una computadora hemos pasado por esa terrible experiencia que como es la de perder todas esas cosas simplemente porque el aparato se mojó o se cayó al piso el “le entró un virus”. Vamos, que las nuevas tecnologías son prácticas para comunicarse y todo eso, pero no mucho más. Para guardar información no hay ni habrá como el viejo y querido libro. No voy a volver a hacer las loas de sus virtudes; ya todos las conocemos; mejor apunto para el otro lado y mejor aún si pongo un ejemplo. Vean esta foto:

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La imagen de la derecha es la misma que la de la izquierda; la única diferencia es que la segunda fue subida y descargada de Instagram noventa veces. La pérdida de información que cada upload y cada download producen hace que la imagen se deteriore hasta lo irreconocible.
Ahora, la misma idea obtenida en Youtube. Este usuario se tomó el trabajo de subir un video y descargarlo repetidamente mil veces. El resultado es notable (abajo, a la izquierda podrán ver el número de repeticiones. No se preocupen; no están las mil; sino un resumen de ellas); es notable cómo en apenas cincuenta repeticiones ya no nos es posible entender nada:

Creo que ésta es un de las mejores pruebas de que si queremos, como sociedad, guardar información para el futuro, debemos volcarnos a hacerlo en formato de libro. Él ya nos dio sobradas pruebas de que puede atravesar el tiempo y seguir brindando la información con la misma certeza que el primer día.

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Tecnología y la &@#$^@$%#^*&^(%&*

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Un mes atrás sufrí un percance que seguramente a todos, de una u otra forma, les habrá sucedido. Un golpe dañó el disco duro de mi laptop. Los problemas posteriores son varios: además del gasto de dinero, lo peor es perder información; en mi caso casi todo el trabajo que hice en los dos últimos meses, por ejemplo (sí, sé que hay que hacer respaldos y todo eso; y lo hago, pero a veces uno se confía, se deja estar y pasa esto). Luego de arreglar el problema —en la medida de lo posible—, me dedico a reorganizar el nuevo aparato. Luego de unos días el feader, ese adminículo que nos avisa de las entradas de los blogs amigos, decide borrarse por sí mismo; ahora es el teclado el que decide declararse en rebeldía y bajo una estricta autonomía, hace lo que se le antoja. Desaparecen los signos y hasta alguna letra (la ñ, por ejemplo) y hay que andar buscándolos por todo el teclado hasta que por suerte se las encuentra en el otro extremo. De todos modos no sirve de mucho, cuando a la degenerada se le antoja vuelve a la configuración anterior y otra vez comienza la búsqueda de un signo de interrogación o de un acento.

No hace mucho tiempo que se hablaba del fin del libro y tonterías similares. Aquí tenemos un argumento de peso sobre un valor añadido al acto de recopilar la información importante en papel. Tenemos libros que llevan cuentos de años encima y que, por supuesto, son perfectamente legibles; cosa que no pasa ni pasará con las modernas tecnologías. Cuando apareció el CD parecía que se había encontrado la panacea universal ¡Toda una biblioteca cabe en un pequeño disco plástico! Al diablo con ello, los CD tenían una vida limitada (limitadísima) y por si fuera poco, las mismas tecnologías se ocuparon en que quedara caduco en menos de una década. Ahora con las plataformas digitales y demás, todo el saber humano cabe en… vaya uno a saber dónde. Hace unos días leí un artículo sobre las futuras computadoras cuánticas o atómicas, las cuales podrán guardar el equivalente a todo lo que los seres humanos han escrito en una memoria del tamaño de un sello postal. Eso sí, que no se te corte la luz, hermano, porque vas a quedar, literal y metafóricamente, bien a oscuras.

Imágenes e información.

Haitian Woman

  1. Hace unos días vi en Facebook la foto con la que comienzo esta entrada. El epígrafe –en portugués− decía algo así como “esta foto debería haber ganado todos los premios. Mujer ahitiana defendiendo a su hijo en República Dominicana”.
  2. La imagen, sin duda, es impactante y me quedé unos minutos observándola con detenimiento. Hasta que me di cuenta de que yo no podía decir absolutamente nada de esa foto; todo lo que se me ocurría era una transmisión de mis propias ideas a esa imagen. Estoy, casi diría genéticamente, programado para rechazar a la autoridad; así que los policías de la fotografía ya tenían media batalla perdida. El gesto de la mujer impresiona. Además, el hecho de que se encuentre armada de un machete contra modernas armas de fuego, que sea una mujer contra tres hombres, que esté defendiendo al vida de su hijo, que sea ahitiana, es decir, proveniente de uno de los países más pobres del planeta (con todo lo que ello acarrea), terminaba de definir la ecuación. Mi simpatía estaba del lado de la mujer.
  3. Poco después recordé algo que sucedió en Argentina hará unos siete u ocho años. Un grupo de muchachos que había robado en algún sitio, al verse rodeado por la policía, ingresa a una gasolinera y toma rehenes. Clásica situación: policías rodeando el sitio, cámaras de TV., etc. Los jóvenes piden la presencia de sus madres como garantía, a lo que el fiscal de turno accede. Las madres entran a la gasolinera y minutos después salen. Al otro día se vería en la TV que una de las madres llevaba en sus brazos varios relojes de pulsera. Es decir, la madre se llevaba el botín de sus hijos para que la pena de éstos fuese menor. ¿Y si éste muchacho ahitiano cometió un crimen grave? ¿Si acaba de matar, digamos, a una familia? Vuelvo al mismo punto: todas suposiciones. La única conclusión válida es que yo no puedo decir absolutamente nada de la fotografía por la sencilla razón de que no dispongo de la suficiente información.
  4. Un paso más: mientras pienso en todo esto me doy cuenta de cómo pesa nuestro entorno cultural en mi lectura. “Es Tarantino puro” me digo mientras sigo mirando la imagen. Sigue pareciéndome una fotografía increíble y sólo pienso que podríamos decir algo muy vago y general sobre la violencia o sobre las desigualdades sociales; pero lo que veo ahí es a una mujer y a varios hombres es una situación extrema. Al diablo, entonces, con las generalidades.
  5. Pasan tres o cuatro días, entonces decido escribir sobre esa fotografía y lo que pensé en aquel momento. Ahora, hace unos minutos, busco información sobre esa imagen. Quiero saber qué pasó con esa mujer y con esos hombres.
  6. Lo que encontré es trivial, hasta cierto punto: la imagen fue tomada de una película que se titula Cristo Rey dirigida por Leticia Toros Paniagua en 2013 y se volvió “viral” en las redes sociales. Bien, esto parece que echa por tierra todo lo que pensé y analicé hace unos días pero, por suerte, no lo hace del todo. Como dije, lo que encontré es trivial, hasta cierto punto: no es la primera vez que reviso una noticia o una imagen que veo en Facebook y en algunas ocasiones me he encontrado con que esas imágenes son falsas o manipuladas (hace poco más de una semana me ocurrió con imágenes de un hecho violento en Honduras; cuando reviso las imágenes me encuentro con que algunas de ellas eran de otro hecho violento pero del 2009, lo cual dejaba sin efecto a todas las demás).
  7. Entonces las preguntas llegan solas: ¿Cuánto chequeamos de lo que vemos en las benditas redes sociales? ¿Cuánto revisamos antes de dar el famoso “compartir”? ¿Qué valor tiene que una imagen se haya vuelto “viral”? ¿Hasta qué punto vamos a permitir que un medio que podría ser maravilloso como internet se convierta en un canal de basura manipulada como la televisión?

Espiando a Gran Hermano

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Es por todos conocida la imagen o idea del Gran Hermano (no el programa de T.V., sino el otro, el verdadero, aquel que anticipó George Orwell en 1984). Todos sabemos que los sistemas de vigilancia se están multiplicando y perfeccionando día a día, y que sin que nos demos cuenta, sin ningún tipo de impedimento y, sobre todo, sin nuestro permiso; cada minuto que pasa se está creando a nuestro alrededor el más perfecto (si se me permite la expresión) sistema de control y sometimiento. Dos de las características principales del Gran Hermano son su ubicuidad y su invisibilidad pero, como todo esto aun se encuentra bajo construcción, todavía pueden verse los hilos de la marioneta o alguno de los remaches del decorado.

“Un nuevo proyecto publicitario, ‘Conversiones API’, que permitirá formar un amplio perfil de usuario basándose en lo que tecleen o incluso compren fuera de casa”.
Google aseguró que toda la información de los clientes va a ser completamente anónima pero el periodista Jim Edwards escribió en el diario ‘Business Insider’ que muchos notarán una interferencia en su vida particular: “Si usted compra una camiseta en un centro comercial con su tarjeta de crédito, puede comenzar a ver un montón de anuncios en línea más tarde que sugieren pantalones o vaqueros que hacen juego con la camiseta”.

Sin embargo, toda la información que está siendo recopilada por Google —estimada en millones de servidores en todo el mundo— no solo se proporciona a empresas de publicidad. El mes pasado, Google informó de que el Gobierno de EE.UU. pidió información personal sobre unos 8.000 usuarios particulares durante los primeros meses de 2012″.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/81752-google-sabe-hace-conectado-internet

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Así que ya saben, si bien Google debe saber la marca de las sábanas que usamos, nada de cámaras o tablets o laptops en nuestra habitación. En realidad nunca sabremos cuándo comenzarán a funcionar solas y qué información comenzarán a enviar por toda la red.