Contra la inmortalidad

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Últimamente he visto la aparición de algunos artículos científicos o pseudocientíficos que cantan loas a un posible próxima logro científico: la inmortalidad. Se supone que estamos cerca de vencer a la muerte y que por lo tanto la inmortalidad está a la vuelta de la esquina. Y no puedo menos que preguntarme algunas cosas:

• ¿Es nuestra vida digna de ser vivida por toda la eternidad? ¿Tan importante es lo que hacemos a diario como para querer hacerlo por los siglos de los siglos?

• Como siempre, los mitos nos enseñan algo y en este caso podemos recordar varias historias al respecto; en general todas ellas nos recuerdan que todo beneficio tiene su contraparte, que nada es perfecto; y cuando los mitos tocan el tema de la inmortalidad siempre el personaje se olvida de algo importante: pedir, también, la eterna juventud. Estos artículos nada dicen de eso ¿Entonces nos darán la inmortalidad pero seguiremos envejeciendo? No le veo el negocio por allí.

• Considerando que la desigualdad ha sido la moneda corriente a lo largo de toda la historia humana, es muy probable que quienes accedan primero a este beneficio sean los ricos y poderosos ¿Están seguros, entonces, que quieren vivir para siempre en un mundo donde gente como Donald Trump, Carlos Slim, Kim Jong-un, el Rey Juan Carlos o Adam Sandler sean inmortales?

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El eterno encanto de lo efímero.

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Hilas y las Ninfas, John William Waterhouse

En el tercer libro de Argonáuticas, obra del escritor romano Valerio Flaco, se narra la historia de Hilas y su rapto en manos de las náyades o ninfas de agua. En la mitología griega, Hilas era el hijo del rey Tiodamante de los dríopes. Cuando Heracles mató a su padre en la batalla, perdonó a Hilas, lo tomó como escudero y le enseñó las artes del guerrero. Heracles llevó a Hilas con él a bordo de la nave Argo, haciéndolo uno de los argonautas. Más tarde, a instancias de Hera, Hilas fue secuestrado por las náyades de la fuente Pegea y desapareció sin dejar rastro (según Apolonio de Rodas). Ayudado por el argonauta Polifemo, que había oído el grito del muchacho al desaparecer, Heracles buscó a Hilas durante mucho tiempo. El Argo partió sin ellos, por lo que no participaron en el resto del viaje. Hilas había recibido la inmortalidad por parte de las ninfas acuáticas y permaneció para siempre con ellas. Heracles nunca pudo encontrarlo.

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Hilas y las Ninfas de agua, Henrietta R. Rae

La historia de Hilas es propia y típica de la mitología griega (donde todo favor, incluso los favores divinos, llevaba siempre un detalle, una marca que terminaba trastocando al favor inicial en algo negativo). Quienes pensamos que la inmortalidad es, más que un premio, una verdadera tortura, la historia de Hilas no representa, tampoco, el menor atractivo. Hijos de un cuerpo físico sensual que aceptaría gustoso ese rapto, olvidamos que todo placer, extendido en el tiempo de manera indeterminada, se transforma en un suplicio o en otra forma del aburrimiento. Como dije: en una tortura. No puedo menos que relacionar al futuro de Hilas con el de los musulmanes a quienes les espera un cielo con setenta y dos vírgenes o con el amor constante de Francisco de Quevedo. Por mi parte prefiero los placeres efímeros pero renovables; prefiero el aquí y ahora y ninguna pretensión de eternidad; ninguna en absoluto.