Jackson Pollock, fractales y varias noches boca arriba.

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01. Imagen no caótica formada por un péndulo. 02. Imagen caótica formada por un péndulo. 03. Detalle de  «Número 14» pintura de Jackson Pollock.

Este período de poco más de diez días en que he desaparecido de este querido blog mío se ha debido a una combinación casual de viaje y enfermedad. El viaje fue el que avisé el 22 ó 23 del mes pasado y se debió a una invitación para pasar las fiestas de fin de año. La enfermedad se invitó sola y me atacó por esos mismos días. El causante de dichas molestias no fue otro que un parásito (y por la virulencia del ataque supongo que han sido una horda de ellos; algo así como los hooligans de la parasitología). Fue así que, además de no estar en un sitio propio (como si tuviese algo que pudiera llamar «un sitio propio» en estos momentos), me vi confinado a una cama y a una ordenada sesión farmacológica.
Pero eso no es todo, faltaba más. Debido a estas circunstancias, una amable señora de poco más de ochenta años me ofreció su casa para que no gaste demasiado dinero (que tampoco tengo, dicho sea de paso) en el hotel, a lo cual acepté más que agradecido. El único detalle es que la señora solía acostarse a las ocho de la noche; que, obviamente, no tenía servicio de internet y que debía dormir en su sala de estar, en un catre —no una cama— que debía armar cada noche y desarmar por las mañanas. La colchoneta tenía el grosor de una frazada doblada y la almohada, en lugar de goma espuma parecía estar compuesta por espuma solamente, ya que apoyar la cabeza en ella era confinarla a una posible desaparición. Por último, a mis pies tenía la ventana que daba a la calle, con sus luces constantes, un mueble con varios nacimientos o pesebres y a mi izquierda la constante vigilancia de una fotografía de Juan Pablo II.
Como se imaginarán, alguien de hábitos nocturnos como yo, que suele escribir por la noche y acostarse a las tres o cuatro de la mañana, esa dieta de estar en la cama (digamos cama) a las ocho de la noche implicaba que a las dos de la madrugada estaba mirando el techo sin mayores posibilidades de evitarlo. Entonces fue que comencé a pensar en Jackson Pollock y la matemática fractal.
Me explico: la pintura de Pollock tiene una cualidad fractal muy curiosa. La imagen que ilustra el comienzo de esta entrada es un ejemplo de ello. Un fragmento de una pintura de Pollock tiene el mismo «sentido» que la totalidad de la obra. Mientras estaba despierto en esas noches, sin poder leer o encender mi laptop, noté que la decoración del cielorraso de la sala de estar tenía las mismas características. Sigo explicándome: Sobre mí había un círculo de unos cinco metros de diámetro decorados con ese estilo de pintura que se llama salpicre; el cual consiste en crear texturas sobre los materiales. Noté que si tomaba un fragmento de esa decoración y la magnificaba, la relación era exactamente igual a la del techo en su conjunto. Véanlo:

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Fragmento del detalle en el cielorraso y dos aproximaciones (las fotos dos y tres son, respectivamente, detalles de la anterior, más específicamente el cuarto superior derecho).

Y eso es todo. Mientras batallaba contra los parásitos a base de antibióticos, sobre mi insomnio aparecía Jackson Pollock bajo la forma de un prolijo yesero mexicano. Delicias de la vida errante.

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