La máquina de narrar

NW-London

“Animal humano femenino necesitado de comida y techo busca animal humano del sexo opuesto que le suministre descendencia y permanezca a su lado hasta que la supervivencia autónoma de dicha descendencia sea viable».

«Realismo histérico» fue como catalogó James Wood, crítico literario del The New Republic (y ahora del New York  Review of Books) a la prosa de Zadie Smith (entre otros autores) y es una definición que, a pesar del enojo de la autora inglesa, a mí me parece acertadísima. Woods, sin duda, fue peyorativo en su términos, pero la primera vez que leí esa definición la consideré más como una reafirmación de un estilo que como un insulto. Podríamos llamarlo «realismo extremo» o «realismo obsesivo», pero éstas dos últimas expresiones caen un poco en lo paradójico ¿Cómo se puede magnificar el realismo? ¿Cómo se puede llevar el realismo más allá del propio relato casi gráfico de una situación? Bien, no sé cómo lo logra pero Zadie Smith nos regala, novela tras novela, ese estilo tan particular donde la sencillez de las frases se van hilvanando en párrafos y capítulos de una narración magnífica. Maestra absoluta en el arte del diálogo (tarea nada sencilla y donde más de un novelista famoso hace agua por los cuatro costados), perfecta dosificadora de tramas y circunstancias, Zadie Smith se torna, sencillamente, en una maravillosa máquina de narrar. En la mejor tradición novelística, Smith nos cuenta una o varias historias de manera sencilla, directa, precisa y contundente. Y uno, como lector, no puede menos que agradecer lo que se le ha brindado al terminar la lectura.

«Regresaron del supermercado donde suelen comprar, aunque haya borrado del mapa la verdulería local y pague sueldos misérrimos, llevan bolsas nuevas aunque deberían utilizar las usadas, salen con brócoli de Kenia y tomates de Chile y café injusto y porquería azucarada y un periódico que no quería».

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