Breve ensayo sobre el sentido de la vida (Parte I)

A pesar de lo poco humilde del título de la entrada, lo que me mueve a escribirla (al igual que las que seguirán a ésta) es un honesto sentimiento de pequeñez y de humildad. Trataré de explicarme: desde hace unos días vengo viendo a mi alrededor que algunas personas a las que quiero, se sienten presas de un pesimismo profundo e, incluso, de hasta una notable pérdida del natural deseo de vivir. Quien esto escribe cree, precisamente, que la vida carece de un sentido a priori y, también y por sobre todo, de un sentido soteriológico (es decir, de un sentido que tiene que ver con la doctrina de la salvación cristiana y, por extensión, de toda salvación post morten); en síntesis, vamos, que a esto que llamamos vida no le veo sentido alguno ni del derecho ni del revés; y sin embargo, me veo abrazando a esta oportunidad como a lo que es: la única que tengo y tendré. Es por ello que me animo a escribir esta serie de entradas con este título pomposo (y juguetón, si quieren, algo de eso hay también); porque lo que sí creo fervientemente, es que a la vida le tenemos que dar sentido nosotros mismos; de lo contrario, caemos en la nada más absoluta. Como ha dicho el Dr. Alonso Puig: «Te construyes o te destruyes».

Para empezar con la serie dejaré un video (o vídeo) que es una verdadera joya: Francis Bacon hablando sobre su arte, en la voz de Jeremy Irons. Poco más de tres minutos sin fisuras, sin desperdicio alguno y, por supuesto, con una profunda mirada sobre la vida y sobre cómo darle sentido.