Ángeles para los oídos

 

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Escribir sobre música, ya lo dije aquí mismo hace un tiempo, es algo complejo ya que esa forma artística es la más particular de todas. Es la más subjetiva y por eso mismo es que todos, sin lugar a dudas, sabemos que la música que escuchamos es la mejor de todas y, aunque podamos oír aquello que nuestros amigos o familiares nos recomiendan (fruto de esa pasión incomprensible ¿Cómo es que pueden escuchar eso?) siempre volvemos a nuestra fantástica y única forma musical, que es la única que vale.

Pero el asunto que me lleva a hablar de música es tangencial (mentira, lo que me mueve es mi pasión por este compositor, lo de tangencial es una excusa, como verán a continuación). John Zorn es un músico y compositor muy particular; tal vez demasiado para muchos. Dentro de sus diferentes proyectos, ha llevado a cabo uno que me parece particularmente bello, rico, original y complejo. Se titula The Book Of Angels y consta de treinta y dos álbumes. Zorn compone y entrega esas partituras (a veces meras ideas melódicas y notas generales) a diferentes músicos para que éstos le impriman a su obra su propio sello personal. La base de las composiciones de este proyecto son tres: escalas klezmer (la que forma la música judía), free jazz y por último la que el intérprete le añada. Así es que tenemos música judía mezclada con jazz y salsa cubana, o percusión brasileña, piano clásico, coro femenino (sin instrumentos), punk, rock and roll, experimental, o lo que sea.

 

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La variedad que Zorn logra con este método de trabajo es tal que es imposible relacionar un disco con otro si no se sabe que lo que subyace es el mismo tipo de composición; pero cuando se escucha la obra en conjunto se nota que todo está conformado por una misma base sobre la que se modelan las diferentes melodías y modos creativos.

 

Jazz Musician John Zorn

 

Como toda la obra de Zorn, en este proyecto tenemos discos bastante accesibles al oído (Lucifer, por Bar Kokhba ), otros de nivel intermedios (Aguares, por Roberto Rodríguez) y otros un poco más difíciles (Flauros, por AutorYno) Aún así, o tal vez por esto mismo, el conjunto es una notable obra de unos de los compositores más originales del siglo XX y de lo que va del XXI

Quien se atreva o quiera, podrá encontrar mucho material en Youtube. En los paréntesis anteriores he dejado los enlaces correspondientes.

 

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Inmensamente feliz.

 

Bestia Festival (1)Hace poco escribí una entrada sobre John Zorn, el compositor más importante (para quien esto escribe) de fines del Siglo XX y principios del Siglo XXI. El sábado pude asistir (por primera vez en veinticinco años que llevo escuchándolo) a un concierto suyo. No escribo muchas entradas de música porque sé que esta disciplina es en exceso subjetiva y no creo que mis gustos personales anden, precisamente, por los carriles de la mayoría. Ésta entrada no será la excepción, sólo hablaré de música en la medida de que esto sea inevitable; prefiero hablar de dos cosas tangenciales a la música en sí y que tienen relación con el concierto.

Primero: Las personas que me conocen personalmente saben de la importancia que el arte tiene para mí; el arte es, literalmente, salvador. La injerencia que ha tenido en mi vida ha sido compensatoria de muchas otras cosas y es por eso que no puedo imaginar una vida sin acceso constante al arte en alguna de sus formas. Esto viene a cuento porque no encuentro otro modo de poder explicar lo feliz que fui el sábado pasado. Tal vez me atrevería a ir un poquito más allá y decir que fui inmensamente feliz. Tal vez piensen que exagero, pero no, créanme. Sólo hay dos cosas en esta vida que tienen sentido (ya hablaré de ello en otro momento, muy pronto) y una de ellas es ésta: el arte.

Segundo: El concierto al que asistí se llevó a cabo en un recinto pequeño, no en un gran teatro o un estadio. Por fortuna, a pedido de los artistas, se prohibió el uso de cámaras fotográficas y filmadoras y eso es algo que agradecí profundamente. En estos últimos tiempos todo el mundo mide dos metros; no es posible asistir a ningún tipo de espectáculo sin que una multitud de pantallas multicolores nos tapen la visión. El concierto del sábado fue visto y disfrutado por todos los que allí estábamos sin excepción y eso debería ser la misma prueba de que es mejor mirar el concierto o el espectáculo que observar una pantalla diminuta que lo reproduce. Además hay otro punto: ¿Quién puede asegurar que saca buenas fotos o buenas filmaciones de conciertos? Nunca una filmación tiene buen sonido o una foto es de excelente calidad ¿Entonces para qué joder a medio mundo por una foto mala que olvidaremos a los dos días? Uno de los misterios de la modernidad líquida.

Tercero: Algo muy parecido a lo anterior. Se ha tornado una costumbre (y una costumbre tomada de Gringolandia, lo cual ya nos indica que viene por el lado de la estupidez más fragante) el gritar en todo momento. Se entiende que las personas quieran expresar su emoción al ver a su artista preferido; pero una cosa es gritar en un momento determinado y por una razón precisa y otra es gritar “porque sí” o “porque hay que hacerlo”. En este caso, en el cuarto set (el concierto estuvo dividido en cuatro sets diferentes; el cuarto era pura improvisación), cuando se producían ciertos silencios o los músicos tocaban un piano sutil (con piano me refiero a la dinámica musical de tocar a un volumen bajo, no me refiero al instrumento de percusión), de inmediato se escuchaban unos estridentes woooooooooooo que entorpecían toda posibilidad de oír a los artistas. Que se grite en un estadio donde el volumen de la música lo permite, vaya y pase; que se grite a un volumen mayor que la música que nos llega desde el escenario no es pasión, es patología.

Cuarto: A pesar de todo, fui inmensamente feliz.

John Zorn o la creatividad desbocada.

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De todas las artes, encuentro en la música la más difícil para exponer o para poder hablar de ella desde la subjetividad. La música tiene la extraña capacidad de hacernos creer que todos escuchamos la mejor expresión de lo que ella puede darnos; todos estamos seguros de que la música que nosotros escuchamos es, por lejos, la mejor de todas. Desde hace tiempo que tengo ganas de hablar de un músico en particular; un músico con características especiales y del que podría hablar durante un mes seguido sin agotar todo lo que podría decirse acerca de su trabajo: John Zorn.  Debo empezar por lo básico: John Zorn es un músico norteamericano que vive en New York y que tiene sus raíces en el jazz avant-garde. Poco después de grabar su primer disco, Naked City, se vuelca a la composición y allí comienza una increíble etapa de proyectos y de creatividad desatada que lo llevará a editar un promedio de un disco al mes. Clasificar la música de Zorn es imposible. Se lo considera al mismo tiempo un músico de jazz y un compositor clásico; se lo reconoce como un soberbio improvisador y un experimentador de primer orden; por lo tanto intentar ponerle una etiqueta ya no es una tarea difícil, sino prácticamente, absurda. Reviso la carpeta donde tengo sus discos y veo que tengo 278 de ellos. En general, y esto es algo absolutamente personal, divido a los discos de Zorn en cuatro categorías: fáciles de escuchar, normales, complejos, inescuchables. Veo, también que, como dije antes, los géneros que abarca son variados y disímiles: música para niños, bandas sonoras para películas, jazz, avant-garde, rock, heavy metal, improvisaciones jazzísticas, baladas, música clásica, improvisaciones experimentales, improvisaciones en órganos de catedrales y otros varios géneros difíciles de establecer (sobre todo cuando los mezcla, cosa que hace constantemente).

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Veo que sigo y sigo escribiendo y que todavía no empecé a decir nada de lo que quería, que todavía no salí de “lo básico” y esto ya está tornándose demasiado extenso. Zorn vendrá a México el próximo diciembre y ya veré cómo me las arreglo para ir a verlo, tal vez sea ese un buen momento para volver a hablar de él.

Esta entrada es casi un borrador; Zorn y su obra son demasiado vastos y complejos como para poder hablar de ellos en tan breve espacio. Ya veré cómo me las arreglo para ir desgranando a ambos más adelante.

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