Saber distinguir, saber apreciar

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opuestos

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Hace un tiempo hablé aquí del enorme placer que me causó la lectura de un libro de Jorge Wagensberg. Ahora he tenido la oportunidad de agenciarme un nuevo libro de este autor catalán (cosa que aquí no es nada fácil) y el placer es igual o tal vez superior al anterior. En este caso se trata de El gozo intelectual y vaya si le hace honor al nombre, me digo. Éste es uno de esos libros que deben ser leídos con una libreta a un lado, para ir tomando notas de lo que se lee y no perder el hilo de los razonamientos.

En la página 51 me encuentro con un breve y sencillo fragmento que me hizo recordar algo que vi hace pocos días en un vídeo de YouTube. El fragmento de Wagensberg dice así: «La inteligibilidad se distingue de un déjà vu por la ocurrencia del gozo intelectual. Es también la diferencia entre un refrán y un buen aforismo. El refrán está para ser recitado y repetido hasta conseguir algo muy cercano al estado de hipnosis. Un buen refrán sirve para repetir, para liquidar una buena reflexión. El buen aforismo no es para repetir si no para evocar, y no es para liquidar una reflexión o una conversación sino para abrirlas. La conversación debe acompañar a la mente hasta dejarla a solas frente a una comprensión o una intuición inminente. La comprensión cae cuando está madura».

Una sutil distinción entre el refrán y el aforismo nos abre las puertas a una comprensión mayor de lo que tenemos frente a nosotros, ya sea una lectura, una conversación o un pensamiento (el cual, tal como bien lo señala Wagensberg en este libro, no es más que una conversación íntima). Hace pocos días, en el programa español Todos para la 2 (supongo que así se llama, no estoy seguro, copio de lo que veo en el video), el artista plástico Jorge de los Santos señala la distinción entre el slogan y la máxima: «[…] una cosa es el «Llega a ser quien eres», de Píndaro, es decir, todas estas máximas… que son máximas, no slogans, que ésas no se compran. Uno parte del razonamiento para llegar a una máxima, mientas que el slogan es lo inverso» (tal vez este fragmento suene un poco más disperso que el anterior; pero tratándose de una charla en un programa televisivo, es lógico que el estilo sea más despojado e, incluso, un poco desprolijo. De todos modos la idea está ahí y eso es lo que vale).

El refrán es el pensamiento codificado, el aforismo es el pensamiento en acción; el que camina o nos ayuda a caminar. La máxima es la idea que nos ayuda o nos guía en nuestra vida, el slogan es el pensamiento cosificado, condensado en la sola idea de fijar el pensamiento para, sobre todo, vendernos algo. Mientras que la máxima es el punto de llegada del pensamiento, el slogan es el punto de partida, armado y prefabricado (por otro). Saber reconocer estas pequeñas diferencias no es algo menor en cuanto al trabajo del pensamiento; de hecho, como lo señala Jorge Wagensberg desde el mismo título de su obra, es lo que nos ayudará a llegar a ese puerto único que es el gozo intelectual.

La mediocridad como opción

 

Wagensberg

 

Hace poco conseguí y leí Yo, lo superfluo y el error, de Jorge Wagensberg, uno de los libros intelectualmente más estimulantes que he leído en los últimos años. Es difícil encontrar aquí libros del autor español (ya vi que la biblioteca pública local tiene un par de volúmenes, los cuales ya me apresuraré a leer in situ). Más allá de lo que me haya provocado el libro, lo importante son las líneas de pensamiento que maneja el autor barcelonés, por lo que dejaré aquí como presentación para aquellos que no conocen, un enlace a un reportaje que me pareció no menos fascinante que el libro en sí (es una regla casi invariable: quien sabe pensar lo hace igual de bien en un libro de 250 páginas que en un breve reportaje o en una charla casual).

Destaco algunas perlas:

«La mediocridad es creer que se puede sobrevivir sin ideas o con las mismas ideas. La mediocridad es una elección. Uno no nace mediocre, sino que decide serlo. Eres un mediocre cuando las ideas no tienen un valor prioritario para ti.».

«Un país puede soportar un determinado kilo de mediocres por metro cuadrado. Por encima de eso, el país se va a pique».

«Cuando aparece una contradicción es que hay una idea de menos, una idea que hay que buscar. Si caes en contradicción, falta una idea».

«Uno está faltando al valor de la idea cuando uno se expresa en contradicciones. Cuando aparece una contradicción es que hay una idea de menos, una idea que hay que buscar. Si caes en contradicción, falta una idea».

Los libros de Jorge Wagensberg están plagados de ideas como estas y, lo que es mejor aún, están sólidamente justificadas y explicadas tanto en sus razonamientos como en sus alcances. Para mí leer un libro de Wagensberg es como acceder a una biblioteca entera, así de rica es cada una de sus páginas.

El reportaje completo, aquí.