La génesis de las palabras

Saramago

Hubo un tiempo en que las palabras eran tan pocas que ni siquiera las teníamos para expresar algo tan simple como Esta boca es mía, o Esa boca es tuya, y mucho menos para preguntar Por qué tenemos las bocas juntas. A las personas de ahora ni les pasa por la cabeza el trabajo que costó crear estos vocablos, en primer lugar, y quien sabe si no habrá sido, de todo, lo más difícil, fue necesario comprender que se necesitaban, después, hubo que llegar a un consenso sobre el significado de sus efectos inmediatos, y finalmente, tarea que nunca acabará por completarse, imaginar las consecuencias que podrían advenir, a medio y a largo plazo, de los dicho efectos y de los dichos vocablos. Comparado con esto, la invención de la rueda fue mera bambarria, como acabaría siéndolo el descubrimiento de la ley de gravitación universal simplemente porque se le ocurrió a una manzana caer sobre la cabeza de Newton. La rueda se inventó y ahí sigue inventada para siempre jamás, en cuanto a las palabras, esas y todas las demás, vinieron al mundo con un destino brumoso, difuso, el de ser organizaciones fonéticas y morfológicas de carácter eminentemente provisional, aunque, gracias, quizá, a la aureola heredada de su autoral creación, se empeñan en pasar, no tanto por sí mismas, sino por lo que de modo variable van significando y representando, por inmortales, imperecederas o eternas, según los gustos del clasificador.

José Saramago. El hombre duplicado.

El perro da tres vueltas

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19 de agosto de 1996
El perro da tres vueltas sobre sí mismo, se tumba, se acomoda, suspira profundamente. Las vueltas, creemos saber por qué las da. Aun cuando el suelo que pisa sea una alfombra, un cojín, una simple tabla lisa, el perro conserva grabada en los circuitos arcaicos del cerebro la necesidad silvestre de acamar la hierba y el mato antes de tumbarse, como hacían los lobos sus antepasados y los de ahora siguen haciendo. Nunca estuve tan cerca de un lobo como para ver si también ellos suspiran cuando se echan. Tal vez sí. Sin embargo, prefiero pensar que el suspiro de los perros les viene del hábito, durante siglos y siglos, de oír suspirar al os humanos. Ahora mismo, uno tras otro, los perros que viven en esta casa —Pepe, Greta y Camões— dieron sus tres vueltas, se tumbaron a nuestros pies, y suspiraron. Ellos no saben que yo también suspiraré cuando me acueste. Probablemente, todos los seres vivos suspiran así cuando se tienden, probablemente, está hecho de suspiros el silencio que precede al sueño del mundo. Me pregunto ahora: ¿dónde acabo yo y comienza mi perro?, ¿dónde acaba mi perro y comienzo yo?
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José Saramago.  Cuadernos de Lanzarote, 2
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Nota: en la fotografía se lo ve a Saramago junto a Camoens, el perro en el que se inspiró para crear a Encontrado, el mejor amigo del alfarero protagonista de La caverna. Saramago falleció en junio de de 2010; Camoens, en agosto de 2012.

Cuadernos de Lanzarote I. José Saramago

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Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Así comienza el conocido soneto de Francisco de Quevedo; y así me siento cuando leo algún libro de un autor que ha logrado colarse en mi alma un poco más allá de lo que habitualmente puede hacerlo alguien escribiendo un buen libro. Me refiero a esos autores a los que uno, sin conocerlos personalmente puede considerar como a “un amigo”. No son muchos los que logran llegar a tales niveles, sí los son aquellos que pueden agradarnos y a los que, incluso podemos seguir por años y por cientos y cientos de páginas. A lo que hago referencia es a una cualidad diferente, superlativa; una cualidad difícil de explicar (bueno, algo así como la amistad misma, ¿no?).
Cuadernos de Lanzarote I es, precisamente, la oportunidad de ingresar a la sala de estar del escritor/amigo. Adentrarnos, aunque sea brevemente, en sus quehaceres y sus pensamientos diarios; en sus más y sus menos, en sus gustos y sus pareceres. Quien ha leído toda la obra de ficción de su autor favorito, unos diarios pueden saberle a poco: pero ése no es mi caso. Si bien no van a ser mis libros predilectos, estos cuadernos o diarios son un buen complemento del resto de su obra. Y más ahora que ya no lo tenemos con nosotros y que, de manera inevitable, deberemos recurrir a la relectura como única forma de “conversar con los difuntos”.

Palabra de Saramago

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Las ideas. La derecha puede gobernar sin ideas, no las necesita; más aun, en la derecha las ideas son para confundir.Pero la izquierda no puede vivir sin ellas; su justificación es que ahí está la intención o capacidad de reflexionar, aunque muchas veces, en el afán de llegar al poder, los partidos izquierdistas se quedan sin ideales y sacrifican sus principios.

El capitalismo. El capitalismo clásico explotaba a los asalariados; el neocapitalismo explota a los consumidores. Es necesario que las mayorías acumulen cosas para que las minorías acumulen capital. Ingenioso. El capitalismo no promete nada. Nos dice que nos las arreglemos solos. No hay nadie en el capitalismo que nos diga: “trabajamos para la felicidad de todos”. Y ha introducido la idea de que si tú fracasas, la culpa es tuya.

El socialismo. El pensamiento socialista es hoy un campo en escombros, un amontonamiento de huesos donde las formas originales apenas se reconocen y solo la imagen de Marx se distingue precisa, nítida, al fondo.

La burocracia. La burocracia, la jerarquía es falsa. Es un sistema por el que yo acepto que una persona es un superior mío, y esto lo aceptamos como una condición misma del funcionamiento de la sociedad.

La globalización. Globalización no es igual a paz. Está contribuyendo a la desaparición de culturas, de la diversidad, un ingrediente esencial del mundo y del ser humano. El ser humano es la cosa más descartable que existe hoy. Se descartan personas que ya no se necesitan, trabajadores, culturas, pueblos. Lo que no cuente como utilidad para el carro de una economía globalizada se descarta.

Ética y moral. Los males que sufrimos hoy son independientes de las ideologías. Hay un olvido de la conciencia moral que ha contaminado todo. No importa dónde mires, las mafias y la corrupción están allí, como una enfermedad que, espero, no sea incurable. ¿Cómo es posible que un niño bueno se transforme en un hombre malo, en un adulto malo? En un mundo como este, donde lo que cuenta es el triunfo personal, algo que se convirtió en valor, no se puede esperar otra cosa. E triunfo personal es lo que cuenta, valga lo que valga, ocurra lo que ocurra. Está haciendo falta una resolución ética.

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Voy a ser breve: encontré un artículo sobre el querido José Saramago en una revista de filosofía y me pareció que transcribir algunas de las entradas era, casi, un imperativo. Cada una de las opiniones de Saramago puede ser el germen de una reflexión personal que no nos dejará indiferentes.