Todos fuimos Buda

 

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Cuando el Buda nace, los dioses lo reciben en una tela dorada, lo ponen en el suelo, y ese niñito da varios pasos, alza la mano derecha mientras la mano izquierda apunta hacia abajo, y dice: «Mundos superiores, mundos inferiores, no hay nadie en el mundo como yo» (Según otras versiones o traducciones lo que dice es «Miro hacia arriba, miro hacia abajo, no hay nadie en el mundo como yo»).
No tuvo que trabajar para descubrirlo, lo sabía al nacer. Daisetz Suzuki, durante su primera conferencia en los Estados Unidos sobre budismo, lo mencionó. Dijo: «Es algo muy raro, que un niño recién nacido diga una cosa como ésta. Uno piensa que debería haber esperado hasta tener su iluminación bajo el árbol bo y su nacimiento espiritual.Pero en el Oriente lo mezclamos todo. No hacemos una gran distinción entre la vida espiritual y la material. Lo material manifiesta lo espiritual». Y a continuación se embarcó en una larga charla, simulando haber perdido todas sus notas. En la pintura china y japonesa hay mucho espacio en vacío, y uno puede leer algo ahí. Del mismo modo, Suzuki nos dejó espacio vacío, simulando haber perdido sus notas, de modo que pudiéramos ayudarlo y sentirnos participantes de la conferencia. Hacer las cosas demasiado bien no es amable.
Al fin Suzuki llegó a ésto: «Me dicen que cuando un bebé nace, llora. ¿Qué dice el bebé cuando llora? Dice: «Mundos superiores, mundos inferiores, no hay nadie en el mundo como yo». Todos los bebés son Budas bebés».

(Tomado de un libro de Joseph Campbell cuyos datos se me han traspapelado).

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Control limitado

Andreas Englund

Andreas Englund

Hace unos días cité a Joseph Campbell, en un fragmento donde éste hablaba de Schopenhauer y de su idea de que nuestra vida está escrita, también, con la injerencia de todas las personas con las que nos hemos cruzado. Somos lo que somos por nosotros mismos, pero también gracias a ellos (aunque a veces la palabra “gracias” nos cueste un poco ponerla en este contexto). Ahora me encuentro con esta cita de Chesterton que viene a ponerle el broche de oro a la idea:

“Para que nuestra vida sea una historia o un romance dignos, es necesario que una gran parte de ella, en todo caso, se resuelva para nosotros sin nuestro permiso. Un hombre tiene control sobre muchas cosas en su vida; a veces tiene control sobre bastantes cosas como para ser el héroe de una novela. Pero si tuviera control sobre todo, habría tantos héroes que no habría novela posible”.

Ése es un buen punto de vista para aceptar los tropiezos con los que nos encontramos a lo largo de este camino. Si no estuviesen allí, todos seríamos felices, heroicos, notables y poderosos seres humanos. No sé por qué, pero me parece que si eso ocurriera, nuestra vida sería mucho, pero mucho más pobre, más tonta, más plana y, sobre todo, mucho menos interesante para ser vivida.

Los rasgos de un gran sueño

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Arthur Schopenahuer

Muchos saben que Arthur Schopenahuer es uno de mis filósofos centrales o «de cabecera», como suele decirse. Creo que el autor alemán es uno de los que ha creado un sistema tan fuerte y sólido que muy pocos podrían llegar a igualar. ¿Por qué no se lo enseña más o no se habla de él con mayor asiduidad? La verdad es que creo que ello es porque Schopenhauer dejaría sin trabajo al noventa por ciento de los filósofos de la actualidad y al cien por ciento de los pseudofilósofos y adalides de la autoayuda. Es decir, que no es negocio.

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Joseph Campbell en diálogo con Bill Moyers

Otro de mis grandes referentes (pero en este caso es más específico, más acotado en sus alcances) es Joseph Campbell, mitólogo, escritor y profesor estadounidense. Encontrarme a ambos en un mismo texto, entonces, es un placer más que compartible. Por eso dejo aquí este fragmento de la charla que Joseph Campbell sostuvo con Bill Moyers en 1986, en el rancho propiedad de George Lucas y que se publicó con el título de El poder del mito; porque allí el mitólogo sintetiza a Schopenhauer y nos abre la puerta a su lectura, a profundizar en esa filosofía que no necesita nada más para ser lo que es: la estructura filosófica más sólida que se haya creado.

“Schopenhauer –dice Campbell–, en su espléndido ensayo llamado “Sobre una intención aparente en el destino de los individuos”, señala que cuando llegas a una edad avanzada y miras atrás en tu vida, puede parecerte que ésta ha tenido un orden y plan downloadconsistentes, como si la hubiera compuesto un novelista. Hechos que cuando tuvieron lugar parecieron accidentales y de poca importancia resultan ser factores indispensables en la composición del argumento. ¿Quién compuso ese argumento? Schopenhauer sugiere que así como tus sueños están compuestos por un aspecto de ti mismo del que tu conciencia no sabe nada, así también tu vida entera está compuesta por la voluntad que hay dentro de ti. Y así como personas que has conocido aparentemente por puro azar se convierten en agentes principales en la estructuración de tu vida, así también habrás servido tú como agente, sin saberlo, dando significado a las vidas de otros. Toda la trama marcha al unísono como una gran sinfonía, y cada uno inconscientemente está estructurando todo lo demás. Schopenhauer concluye que es como si nuestras vidas fueran los rasgos de un gran sueño de un solo soñador en el que todos los personajes del sueño también sueñan; de modo que todo se enlaza con todo, movido por la voluntad única de la vida que es la voluntad universal de la naturaleza.

Es una idea magnífica, una idea que aparece en la India en la imagen mítica de la red de Indra, que es una red de gemas, donde en cada cruce de un hilo con otro hay una gema que refleja a todas las demás. Todo sucede en mutua relación con todo lo demás, por lo que no puedes culpar a nadie de nada. Es, incluso, como si hubiera una única intención detrás de todo, que le diera un cierto sentido, aunque ninguno de nosotros sepa cuál puede ser ese sentido, ni haya vivido del todo la vida que se propuso vivir”.

 

Mitad y mitad.

Mythology

La mitad de las personas en el mundo creen que las metáforas de sus tradiciones religiosas son hechos; y la otra mitad afirma que no son hechos en absoluto. Como resultado tenemos personas que se consideran creyentes porque aceptan las metáforas como hechos y tenemos otros que clasifican a sí mismos como ateos porque piensan metáforas religiosas son mentiras.

Joseph Campbell, Thou Art That: Transforming Religious Metaphor.

Leer a Joseph Campbell ha sido uno de los grandes, grandes placeres de mi vida. Si alguien me ayudó a poner en claro muchos aspectos religiosos (y sobre todo a limpiar los residuos de la episteme religiosa que permaneces siempre constante en la mayoría de las sociedades) fue el bueno del profesor neoyorkino. La cita con la que inicio esta entrada parece, en un primer momento, contradictoria: ¿Al final las metáforas religiosas son hechos o no lo son? En síntesis: ¿Son verdaderas o falsas? La respuesta de Campbell es sencilla y elegante: no son ninguna de las cosas o, lo que es lo mismo: son ambas cosas al mismo tiempo; porque esas metáforas religiosas no son más que representaciones simbólicas; es decir: pura mitología. Las metáforas religiosas sirven como símbolos en los cuales podemos ver con mayor precisión la psique humana en toda su profundidad y extensión. Esta idea es desarrollada por Joseph Campbell en varios de sus libros (en español puede recomendarse, para empezar a indagar mejor estos temas, Los mitos. Su relación con el mundo actual) y no solo hace referencia a las religiones más poderosas, sino que toma desde religiones tribales muy particulares hasta los tres grandes monoteísmos. De un modo u otro, en tanto seres humanos, todos estamos allí representados. Todos somos, en suma, hijos de los relatos mitológicos; lo importante es ser conscientes de ello y no esconder, como el avestruz, la cabeza bajo la tierra.

Releer los símbolos.

 

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Los primeros que escucharon a San Pablo fueron los mercaderes de Corinto, y por eso tenemos el vocabulario de deuda y pago en nuestra interpretación de los temas míticos. Mientras que, en el Oriente, la interpretación se hace en términos de ignorancia e iluminación, no de deuda y pago. La explicación por la deuda y el pago deja de servir cuando comprendemos que no hubo ningún Jardín del Edén, que no hubo una caída del hombre, y por lo tanto no hubo ofensa a Dios. ¿De qué se trata entonces eso de pagar una deuda? Ahora tenemos que leer los símbolos con otro vocabulario.

 

Joseph Campbell. Los mitos en el tiempo. Pág. 26.