Un lugar de exilio.

silencio

Como el desgarro de una tela sutil, que se rasga sin un murmullo o un gemido, a veces no nos queda más que plegar los labios y salir a caminar sin mirar a los lados. Recuerdo ahora a Khalil Gibran, quien lo dijo mejor que yo: «Hay algo más grande y más puro que lo pronuncia la boca. El silencio ilumina nuestras almas, susurra a nuestros corazones y los reúne. El silencio nos separa de nosotros mismos, nos hace navegar el firmamento del espíritu y nos acerca al cielo; nos hace sentir que los cuerpos no son más que las prisiones y que este mundo es sólo un lugar de exilio».

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