El regreso. Alberto Manguel

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¿Quién escribe las contraportadas de los libros? Ésa es una pregunta que me he hecho más de una vez. En muchos casos el afán de toda editorial por vender hacer que uno se encuentre con elogios desmesurados para obras que luego no llegan a ser ni la mitad de buenas que lo que nos prometen. En éste caso en particular, lo curioso es que ese texto parece haber sido escrito por alguien que no leyó el libro o que lo hizo muy por encima, hojeando el volumen y leyendo por aquí y por allá algunos fragmentos que lo llevaron a dar una versión muy deslucida de una historia mucho mayor.

Esta breve novela del gran Alberto Manguel (de quien alguna vez transcribí largos pasajes de su maravilla Historia de la lectura) narra la historia de Néstor Fabris, un argentino exiliado en Italia quien regresa al país luego de treinta años de ausencia. Tengo la sensación de hasta aquí es lo único que puedo explicar; ir más adelante implicaría transcribir pasajes y analizarlos en detalle, lo cual sería un absurdo. Lo único que puedo decir es que si no se presta atención a los detalles se corre el riesgo de no comprender absolutamente nada o de considerar lo que se está leyendo como una historia pseudosurrealista o poco más (eso es lo que hizo quien escribió la contraportada, de allí que me permitiera empezar con ése punto en particular). Hay tres o cuatro hechos puntuales —distribuidos de manera sutil— que señalan el carácter preciso de toda la historia; sin ellos, lo dicho: nada parece tener sentido.

Hay aquí referencias políticas, románticas, históricas, sociales, literarias (Néstor Fabris es llevado en un viejo colectivo por el profesor Grossman a un lejano descampado donde éste guiará al visitante en una magnífica referencia a La divina comedia. Fabris será un Dante perdido y confuso y Grossman una mezcla de Virgilio y Caronte) y todo eso en menos de ochenta páginas. Si esto, mis amigos, no es literatura…