Entretejiendo laberintos

Remedios Varo

Remedios Varo

“Las personas con respeto hacia sí mismas exhiben cierta dureza, una especie de valor moral; muestran lo que una vez se llamó «carácter», una cualidad que, aunque aprobada en abstracto, algunas veces pierde terreno ante otras virtudes más instantáneamente negociables… Sin embargo, el carácter —la disposición de aceptar responsabilidad por la propia vida— es la fuente de donde brota el respeto hacia uno mismo”. Dijo Joan Didion en Slouching Towards Bethlehem: Essays; y no puedo menos que enlazar a esa cita con esta otra de Friedrich Nietzsche: “Los hombres más inteligentes, como los más fuertes, encuentran su felicidad donde otros sólo encontrarían desastre: en el laberinto… su deleite es en el dominio de sí mismos… Consideran una tarea difícil como un privilegio; es para ellos una recreación para jugar con cargas que aplastarían a todos los demás”.

¿Y qué carga más pesada para el hombre de hoy que responsabilidad por la propia vida? Con tan solo la posibilidad atisbar lo que eso significa y de tomar conciencia de ello ya muchos saldrían corriendo a la iglesia más cercana. Por suerte ese camino siempre queda para el otro lado…

Apenas una cosa entre las cosas.

Borges 904

Todos conocemos los muchos símbolos que Borges gustaba usar en sus textos, esos que fueron un verdadero conjunto de símbolos muy personal en su obra: el doble, los tigres, los relojes de arena, las espadas, los naipes y el que tal vez sea el símbolo borgesiano por excelencia: el laberinto. En la provincia argentina de Mendoza existe, desde hace doce años, un verdadero laberinto dedicado al escritor argentino. El Laberinto de Borges está ubicado en la Estancia Los Álamos de San Rafael.

Borges 01

Estancia Los Álamos. Entrada al laberinto

En 1979 al consagrado diseñador de laberintos, el inglés Randoll Coate  diseñó un laberinto en homenaje al escritor argentino. Randoll Coate había conocido a Borges en 1957, a través de una amiga en común, la escritora Susana Bombal, propietaria de la Estancia Los Álamos donde  Borges y su hermana Nora solían pasar algunas vacaciones. Coate cuenta cómo cinco años antes de la muerte de Borges tuvo un sueño en el que Susana Bombal lo llamaba para anunciarle que su amigo escritor  había muerto. En su sueño Coate le propone a Susana recordar a Borges con uno de sus diseños. Ambos, la escritora y el diseñador compartían esa fascinación por los laberintos y sus símbolos.

«Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros», escribió Borges en El jardín de los senderos que se bifurcan. En 1986 el escritor  muere y Coate termina el diseño de su laberinto. Pasarían 25 años para que un sobrino nieto de Susana, Camilito Aldao (h), al enterarse de la existencia del dibujo, junto a María Kodama y el paisajista Carlos Thays (nieto del creador del parque San Martín) iniciaran un plan para construirlo. Pero el proyecto no vio la luz sino hasta 2003.

El laberinto cuyo diseño mantiene las indicaciones de Coate ocupa una superficie de casi una hectárea, y está formado por más de 8.000 arbustos de buxus. Dentro de este se encuentran muchos de los símbolos de los que hablé al inicio de la entrada: el espejo, el reloj de arena, la cara de un tigre, el bastón de un ciego y hasta la cinta de Moebius. También se puede leer el nombre y apellido del escritor, las iniciales de su viuda. Tiene, al mismo tiempo, la forma de un libro abierto al universo.

Borges 02

 

Randoll Coate explica: «El laberinto es un libro abierto, este es el primer símbolo borgeano. Después dice “Jorge Luis Borges”, con las letras en el mismo orden, es un truco maravilloso, una gran revelación y una casualidad que se llamara “Jorge” y se apellidara “Borges”. Después dibujé la imagen del espejo, que es algo milagroso, porque ves lo mismo pero en realidad no es lo mismo sino lo opuesto. El elemento del tiempo es muy importante, yo pensé cómo uno podría describir el tiempo en un laberinto, y me di cuenta que las dos “O” del Borges de arriba y del de abajo formaban un reloj de arena perfecto y ese es sin dudas el mejor símbolo para medir el tiempo, y además es totalmente borgeano. El de arriba es un 8 y el de abajo un 6, y ahí está la duración de su vida: 86 años, en las arenas del tiempo. La S extendida de abajo forma un gran signo de interrogación y ese es otro de los grandes símbolos de Borges, sus misterios, sus enigmas y todo lo inexplicable que hay en su obra».

Borges 08

El mismo diseño posee dos réplicas: una en Tigre (Buenos Aires) y otra en Venecia (Italia), que en el momento de su inauguración se iluminó al mismo tiempo que la de la Estancia Bombal.

En este momento el laberinto se encuentra en una etapa de mantenimiento; pero lo anoto como otro de los puntos para visitar en algún momento. Tal vez dentro de algunos años…

El vuelo de Ícaro

 

EL LABERINTO
Soy humano puesto que soy su fruto
signo y símbolo del hombre, que vierte en mí
palabras en los extremos de una línea curva:
la búsqueda incesante, los temores ocultos,
la locura, el olvido, el tiempo indivisible.

DÉDALO
Mis manos han elevado estos muros
y ahora, en este instante preciso,
me pertenecen y les pertenezco.
No maldigo a mi obra
ni a sus motivaciones.
Cumple su función mas allá de sus propósitos.

ÍCARO
Transformando su orgullo en material y herramienta
el hombre construye,
construye y alarga las sombras,
las que, como un velo, cubrirán sus ojos.
Y solo por haber levantado un muro más alto
por haber sido preciso en su ejecución,
solo por ser dueño de unas manos ágiles
de un afán tenaz, soberbio e industrioso,
el hombre bendice a su propia prisión.

EL LABERINTO
Cada uno ve en mí cierto espejo interior,
vueltas y vueltas sobre sí mismo
cúmulo de paredes grises -en su bóveda de hueso-
plagada de colores suspendidos, señales de alarma,
registros de nombres y objetos imposibles.

DÉDALO
Estos muros son mi cuerpo,
en ellos sobreviviré al tiempo y a sus consecuencias,
desde ellos estaré observando las infinitas auroras
y su alabanza dorada caerá por siempre sobre mí.

ÍCARO
Vanas son tus precauciones
y la solidez de tu esperanza
yo me resigno a las auroras que mis días me permiten.
En este monstruo que has engendrado no hay extensión
que pueda vivir un día más que tú.
EL LABERINTO
El hombre se interna en mí como un huesped
que desconoce su propio hogar.
Ni el paso de los siglos ha variado su búsqueda
ni el paso de la eternidad lo hará.
Se interna en mí y solo vé imágenes marchitas
que justifican ciertas actitudes actuales,
solo hay líneas que insinúan algun miedo primitivo,
solo hay sombras cambiantes, pasos sucesivos
desde una desviación de la mirada del objeto deseado
hasta un reflejo condicionado y, al final,
como un candado simbólico que aprisiona su sexo.

DÉDALO
Como la substancia de un rio,
que solo cobra sentido al dirigirse al mar,
así es la vida del hombre.
solo cobra sentido cuando posee un destino.
Su fin es lo que dignifica a su principio
y cada nuevo paso debe dejar una huella mas profunda.

ÍCARO
¿Ves mi mano?
El agua en ella esta inmóvil.
Puedo beberla o refrescar mis ojos
y ella lo hará sin esperar nada a cambio.
¿El tiempo fluye?
Pues nada necesita el hombre,
solo este cuenco y sus límites.
Esta agua no sabe del mar.

DÉDALO
No. El hombre es un eje.
Los elementos lo rodean y lo benefician,
se someten y obedecen.
La tierra y el fuego se someten,
el agua y el aire obedecen.
Mueve tus brazos y reconoce tus dominios.

EL LABERINTO
El hombre teme y huye,
el espejo interior estalla y cada trozo vuela
reflejando limitados fragmentos de realidad.
Como la conciencia en la noche, huye,
sin saber que la frontera es un camino circular
que lo alza y lo deposita, como una cita inevitable,
en el centro exacto de su frente:
Laberinto en el que moran Minotauros neurológicos.
ÍCARO
Me elevo sobre la resistencia de los muros
y el entorno me socava,
modifica mi forma y mi contenido.
Esta visión conmociona:
somos aves migratorias en busca
de una corriente propicia,
seguimos huellas invisible en el aire espeso.

DÉDALO
Desde aquí puede verse la bahía
y el laberinto como un caracol dormido en ella.
Veo las infinitas líneas que pasan por mí
y me unen con cada objeto y forma y color que me rodea.

ÍCARO
Caigo.
El dominio de mis alas no puede ser eterno,
ni hay ley que pueda pretender ser tal.

DÉDALO
Domina al aire y al sol.
Tu voluntad debe ser esa ley.
No hay eternidad que no deba ser buscada.

ÍCARO
Cuando la muerte golpea en las cercanías
el dolor se hace espuma a nuestro lado
y se torna sol, nube, marea y
océano en nuestra proa de humilde singladura.

EL LABERINTO
Vacío mi valor es nulo.
Como un hombre sin el anhelo del presente.
Aqui yazgo, no como un caracol dormido,
sino como una caparazón vacía, caracol fundido
en las arenas de la nada.

DEDALO
Hijo, hijo,
¿Por que me has abandonado?