Nietzsche. Onfray – Le Roy

La historieta (cómic o tebeo), que comenzó siendo un entretenimiento para niños,  y al igual que los dibujos animados, continuó su camino hacia cotas más altas de calidad e importancia. podrían nombrarse cientos de obras dentro de este estilo que bien podrían tener su lugar propio asignado en cualquier buena biblioteca sin desmedro de la compañía de muchos de esos hermanos mayores llamados libros. Nietzsche. Basado en textos de Michel Onfray y dibujado por Maximilien Le Roy, podría ser uno de ellos.

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Esta biografía novelada hace justicia (mérito de Michel Onfray) al desarrollo combinado de los aspectos personales de Nietzsche  (la muerte de su padre, el descubrimiento de la obra de Schopenhauer, la difícil relación con esa harpía antisemita que tenía por hermana —Elizabteh—, los horrores dela guerra, la incomprensión de la crítica, y por fin, la locura) al miso tiempo que se entrelaza el desarrollo de su obra (alguna referencia a El nacimiento de la tragedia; Humano, demasiado humano y, sobre todo, a la obra central del filósofo alemán: Así habló Zarathustra). El mérito de Maximilien Le Roy se encuentra en la amplitud de su registro como dibujante. Desde las viñetas clásicas y el dibujo preciso, realista, Le Roy se mueve hasta el expresionismo más desbocado o utiliza como referencia fotografías muy conocidas de la vida de Nietzsche.

Éste no es un pequeño libro o una revista de esas que se compran en una esquina. Ediciones Sexto Piso ha hecho un excelente trabajo de edición, con un volumen de dimensiones respetables, tapas duras y papel de buena calidad (condiciones imprescindibles para una obra gráfica).

Hace pocos días, publiqué un poema de un amigo, Lucho Bruce. Hace muchos años, cuando ambos teníamos unos catorce o quince, un día aparece Lucho con un ejemplar del Zarathustra. No sé de dónde lo sacó (creo recordar que vivía en una vieja casona en la que habían dejado varias cosas, tal fue de allí) pero fue un encuentro de esos fuertes y perdurables. Recuerdo aquellas lecturas fragmentarias —ya que buscábamos los pasajes más fuertes o los que podíamos comprender mejor— y recuerdo, también el estado de excitación que nos produjo. Durante días nos encontramos llamándonos la atención en cualquier momento “¡Mirá, mirá lo que dice acá!” “¡Escuchá esto, escuchá…!” y uno le iba leyendo al otro fragmentos que nos sacudían como sólo sabe hacerlo Friedich Nietzsche. Lo bueno es que aun sigue haciéndolo hoy. Soy un escritor póstumo, supo decir; y tenía razón.