Hoja de ruta (V) Machu Picchu

20180129_083803

Nos levantamos temprano y decidimos subir a Machu Picchu en los autobuses que llevan a los turistas hasta la cima de la montaña porque la otra opción, es decir subir por las escaleras se nos tornaba demasiado exigente para esa hora de la mañana (y seamos sinceros: para los años de quien escribe esto, también, ya que, dependiendo el estado físico de cada uno, esa subida puede llevar un buen par de horas y llegar a las ruinas ya agotado no es una buena idea). Cuando ingresamos a las ruinas todo estaba envuelto en una espesa niebla y no podía verse nada más allá de unos diez metros. Unos turistas japoneses esperaban pacientemente con sus cámaras y otros grupos de europeos hacían lo mismo sentados en grupos más o menos numerosos a lo largo de las terrazas.

 

20180129_095201

La espera no fue larga. Media hora después de haber llegado y como si todo obedeciera a una puesta en escena teatral magníficamente ejecutada las nubes se abrieron casi de manera repentina y todo el esplendor de Machu Picchu se presentó ante nosotros. Es la segunda vez que visito este sitio y me gustó el efecto dramático. La primera vez, al subir, todo estaba iluminado por un sol fuerte y claro y aunque eso no hace menos espectacular a lo que tenemos frente a nuestros ojos, ver a las ruinas aparecer por entre las nubes y éstas correr veloces entre las cumbres fue como una maravilla añadida a lo que esperábamos.

 

20180129_091338

Íbamos decididos a recorrer todo lo posible y eso fue lo que hicimos; tal vez por ello nos llamó la atención que algunas personas recorrieran apenas una pequeña parte de la ciudad para irse rápidamente de allí. Luego de todo el esfuerzo económico y físico que implica llegar a Machu Picchu largarse de allí en media hora nos parecía el colmo de la estupidez; pero allá cada cual con su mochila. Nosotros llegamos a las ocho y media de la mañana decididos a recorrer todo lo que pudiéramos y eso hicimos. Las ruinas se encuentran abiertas hasta las cinco de la tarde y nosotros emprendimos el regreso a las cuatro y media luego de haber visitado la ciudad entera (con sus preciosas llamas pastando en las terrazas y las incógnitas que se nos presentan al ver esa ciudad allí, en la cima de una montaña imposible), la Puerta del Sol (donde nos detuvimos a descansar y donde disfrutamos el espectáculo de los que llegaban a las ruinas provenientes del camino del Inca; el cual implica días de travesía y donde todos, al ver la ciudad sonreían maravillados y hasta hubo alguno que dejó derramar alguna que otra lágrima) y el Puente de los Incas (desde donde se tiene una vista sorprendente del camino entre las montañas del que hablé en la entrada anterior).
Al único sitio donde no pudimos acceder fue al Wayna Picchu, la montaña más alta que se ve en las famosas fotos de Machu Picchu. Para poder llegar allí hay que pagar una entrada extra y, además, hay que reservar con meses de anticipación el sitio, ya que sólo se permiten un par de centenares de visitantes por día. Tal vez la próxima, nos dijimos, esperanzados en un futuro regreso.

 

 

20180129_091852

Hablar de Machu Picchu implica caer, casi con seguridad, en lugares comunes; para evitar eso (cosa que no conseguiré) debería terminar esta crónica aquí ¿pero cómo evitar decir que lo que se siente allí es algo incomparable y maravilloso? ¿Cómo encontrar los sinónimos adecuados para describir la sensación de encontrarse frente a algo que excede a la razón? ¿Cómo hablar de lo mágico sin hacer referencia a la magia? Sí, mejor dejarlo aquí y desearles que algún día puedan ustedes encontrarse así, sin palabras, frente a la ciudad de Machu Picchu y todo lo que es y representa.

 

20180129_140050

Anuncios

Hoja de ruta (IV) Camino a Aguascalientes

20180128_092114

Para llegar a Machu Picchu, primer hay que hacer una escala en Aguascalientes (no confundir con el Aguascalientes mexicano, claro está). El Aguascalientes peruano es un pequeño pueblo enclavado en medio de la cordillera de Los Andes, a unos 2000 metros de altura sobre el nivel del mar y con una población de poco más de 3000 habitantes, los20180128_124455 cuales se dedican, más que nada, al comercio y al turismo. Pero para llegar allí se hace necesario disponer de un día entero, aún cuando el pueblo diste apenas unos 280 kilómetros de Cusco. El punto es que al ser un camino de montaña, no hay un tramo recto donde los vehículos puedan alcanzar velocidad alguna y, la verdad sea dicha, esto es algo que se agradece, ya que las combis o autos que hacen este trayecto (imposible para un autobús) bordean peligrosamente el abismo entre montañas cuyas rutas no tienen protección alguna. Es así que, si uno no sufre de vértigo o no es demasiado temeroso, el viaje se disfruta, pero sobre todo si se hace a poca velocidad. Viajar es muy bonito, pero no vale la pena quedarse a mitad de camino sólo por haber intentado ganar un par de minutos en lo que debería ser un día de placer.

 

Entonces esos 280 kilómetros insumen alrededor de siete horas, con alguna breve parada para comer algo y nada más. Israel, nuestro conductor, era un hombre experimentado y por demás amable e iba respondiendo nuestras preguntas sobre el paisaje o sobre las costumbres locales. Como suele ocurrir en estos casos, donde el largo viaje agota la curiosidad del turista o la paciencia del guía, la charla deriva hacia asuntos personales y se termina hablando de la familia o, directamente, se termina con los papeles invertidos y es el turista el que continúa contando las bellezas de sus propio sitio de origen. Así las horas van pasando y entre curva y contracurva —en algunos tramos la 20180128_104458ruta es tan angosta que un vehículo debe detenerse o dar marcha atrás para que el que viene de frente pueda pasar; y ha llegado el caso en donde ninguno de los dos quiere hacerlo debido a lo peligroso del paso; es entonces cuando se entablan discusiones entre los conductores para ver quién lo hace primero y de qué modo y alguno, claro está, debe ceder de mala gana y profiriendo insultos varios— se llega a destino.

 

20180128_165542

 

Este destino, no es, como podría pensarse, el pueblo de Aguascalientes; sino que es una usina hidroeléctrica que dista unos diez kilómetros del pueblo. De aquí el turista debe 20180128_162040seguir a pie, caminado por las vías del ferrocarril (también, por supuesto, se puede viajar en él; pero además de ser caro ¿dónde está la diversión?). Las vías bordean la base de las montañas y hay que dar vuelta a cuatro de ellas, entre la densa vegetación de esa selva montañosa peruana, bordeando también el río Urubamba, el cual refresca cada tanto algún recodo del camino. A nosotros nos llevó unas tres horas de caminata recorrer esos diez kilómetros, lo cual es poco más que el tiempo promedio. Llegamos a Aguascalientes poco antes del atardecer (habíamos salido de Cusco a las siete de la mañana) y a pesar del cansancio (luego del reparador baño y de la más que bienvenida cena) salimos a recorrer el pequeño pueblo, donde se oyen tantas lenguas como en aquella lejana Babel. Machu Picchu estaba a sólo un día de distancia.

 

20180130_095630