De significantes e insignificantes

Francisco

Luego de disfrutar la escritura de mis últimas entradas y de compartir con ustedes algunos de esos momentos tan ricos e importantes para mí, vuelvo a un tema que me causa poca gracia, pero que  se me hace necesario. En estos momentos en que algunos países de latinoamérica se enfrentan a un año electoral complicado, tomar nota de hechos como éste puede ser un buen comienzo para saber dónde estamos parados y, sobre todo, empezar a tomar nota de quien es quien en nuestros países.

Hace un par de días un periodista argentino —Alfredo Leuco— envió una carta al Papa Francisco, molesto porque éste recibió oficialmente a la presidenta argentina Cristina Fernández. No voy a transcribir toda la carta porque siento vergüenza ajena; pero sí lo haré con las primeras líneas, ya que me parecen sintomáticas:

“Admirado Papa Francisco:

Soy un insignificante periodista argentino llamado Alfredo Leuco. No soy quien para darle consejos a nadie y mucho menos a usted a quien considero el argentino mas importante y valioso de todos los tiempos. Alguna vez escribí una columna diciendo que usted tenía lo mejor de cada uno de los mejores argentinos. No soy creyente pero admiro a los creyentes. Y creo en usted y en los valores que predica.”

Bien, para empezar debo aclarar que estoy de acuerdo con Leuco en un punto: es un periodista insignificante, pero insignificante en cuanto a sus capacidades, no tanto en su accionar totalmente partidario. Esas escasas cuatro líneas que transcribí demuestran la poca entereza moral e intelectual de quien escribió ese texto. Declararse “no creyente” pero “admirar a los creyentes” y además “creer en los valores que predica” es de una bajeza que pocas veces he visto efectuadas de manera pública e iniciativa propia. Decir, además, que Bergoglio es el argentino “mas importante y valioso de todos los tiempos.” Ni siquiera mueve a risa; sino que produce un profundo disgusto. El resto de la carta está redactada en el mismo tono adulador y mendaz. Quien quiera o se atreva a leerla, puede encontrarla aquí.

Una cosa más: Alfredo Leuco dice, enseguida: “[creo] En su austeridad franciscana, en su defensa de los más débiles y los mas pobres, en vivir como se piensa, en su apuesta a construir la paz en el mundo.”

Bien; eso de “vivir como se piensa” es otro eufemismo patético. Leuco parece olvidar algo muy reciente; como es el hecho de que Francisco, hace apenas cuatro días vetó al embajador francés ante el Vaticano por ser gay; además, el Vaticano ya tuvo problemas con Francia hace unos siete años, cuando rechazó a otro de sus embajadores por ser éste divorciado. La propaganda vaticana destacó con bombos y platillos las palabras de Francisco “Si una persona es gay y busca a Dios, quién soy yo para juzgarla.” Frase que sólo sirve para ganar espacio en ciertos medios; esos medios que usan cualquier arma para actuar políticamente y posicionar a sus a veces propios candidatos. Esos medios a los que pertenece el insignificante Alfredo Leuco.

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Las palabras peligrosas

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A principios de 1977, un articulo publicado en la revista Para Ti enseñaba a los padres con hijos en edad escolar como reconocer la infiltración marxista en las escuelas:

Lo primero que se puede detectar es la utilización de un determinado vocabulario, que aunque no parezca muy trascendente, tiene mucha importancia para realizar ese transbordo ideológico (sic) que nos preocupa. Aparecerán frecuentemente los vocablos: diálogo, burguesía, proletariado, América Latina, explotación, cambio de estructuras, compromiso, etc.

Otro sistema sutil es hacer que los alumnos comenten en clase recortes políticos, sociales o religiosos, aparecidos en diarios y revistas, y que nada tienen que ver con la escuela. 

Asimismo, el trabajo grupal que ha sustituido a la responsabilidad personal puede ser fácilmente utilizado para despersonalizar al chico.

Estas son las tácticas utilizadas por los agentes izquierdistas para abordar la escuela y apuntalar desde la base su semillero de futuros combatientes.”

El articulo terminaba con un consejo a los padres: “Deben vigilar, participar y presentar las quejas que estimen convenientes“.

Nada mejor, para luchar contra una ideología, que otra ideología de carácter opuesto. Ésto que digo es algo evidente; pero parece que no lo era tanto en aquellos tiempos. Quienes leyeron el artículo y lo  pusieron en práctica (“Vigilar y denunciar” Podría decir parafraseando a Michel Foucault) ¿No se dieron cuenta de que estaban siendo manipulados para que optasen por una forma de pensar específica, una forma de pensar peor aún de la que pretendían distanciarse? El texto es breve y todo él es digno de ser analizado; pero me quedo con una parte en especial: “Asimismo, el trabajo grupal que ha sustituido a la responsabilidad personal puede ser fácilmente utilizado para despersonalizar al chico.” Hace unos meses, en una de esas charlas de sobremesa que suelen extenderse por horas, una persona sumamente lúcida dijo exactamente eso: Los militares se encargaron de romper todo lazo social. Antes la gente era solidaria, nos ayudábamos unos a otros, hoy ya no lo hacemos. Hoy, ya lo he dicho en otras oportunidades y por diversos motivos, la mayor parte de las personas tienden a preocuparse de sí mismos y nada más. Y no solo en lo que respecta al otro, ese desconocido que pasa frente a nosotros; sino también con respecto a las propias parejas o, incluso, a padres, hermanos, amigos.

Las dictaduras son tan poderosas que extienden su sombra de poder mucho más allá de lo que solemos pensar. No hay ideología más útil y persistente que el terror.

Medios de incomunicación II (Política III)

TV 01Abierta todos los días del año las 24 horas, y con la comodidad de tenerla en casa, hoy la televisión es la gran iglesia universal desde donde nos llega la “palabra divina”. En la nueva era, la colonización imperial se mantiene inalterable, igual que en los siglos que precedieron a su expansión. Pero hay un cambio sustancial en su promoción: demostrada la ineficacia de este sistema para satisfacer las mínimas ambiciones del ser humano, la oferta de inclusión queda reducida solamente a aquellos que poseen los recursos para acceder a los bienes materiales. Porque el mundo de hoy no está pensado para personas, sino para clientes.

A través de los medios, a esos hombres y a esas mujeres que todavía pueden subirse a un tren de vida normal, se les crea entonces un impulso para que sientan la necesidad de adquirir cosas, la que requieren para lo cotidiano pero también las que no resultan indispensables para el día a día de cada uno.

Pero además de ese aspecto comercial más que conocido, hay un par de aspectos que no por menos obvios tendré que dejar de nombrarlos. Uno de ellos es el de la constante degradación de la calidad de los programas. Antes, al menos, quienes no querían ver la basura obvia de la pantalla, encontraba refugio en algunos canales donde se encontraba programación de cierta; ahora ni siquiera eso. Canales como History Channel Discovery Channel han pasado a ser la burla de la red, con su panoplia de extraterrestres y su monotemática recursividad de temas (a The History Channel lo he visto ridiculizado como The Hitler Channel, ya que hubo un tiempo donde parecía ser el único tema del que disponían material). Hoy, entre la banalización general, los eternos y ubicuos partidos de fútbol y el pobrísimo nivel de los canales en general, la oferta se divide entre basura, mala basura o peor. El otro punto que lleva la idiotización a niveles denigrantes incluso para los mismos hombres, es la denigración —valga la redundancia— de las mujeres. 

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Éstas, salvo honrosas excepciones, sólo aparecen en la pantalla para mostrar sus cuerpos y, cuanto más desnudos, mejor. Lejos me encuentro de cualquier atisbo de pacatería; si hay algo que aprecio como el que más es la belleza de un cuerpo femenino. Pero cuando por cualquier motivo o excusa me ponen un culo en primer plano (y no digo trasero porque, precisamente, eso sería caer en la pacatería más vulgar y porque, además, lo que ponen en las pantallas de T.V. son, quiérase o no, eso: culos) no solo rebajan a la mujer a mero objeto, sino que también me rebajan a mí a mero observador pasivo de un objeto lejano, inalcanzable. En ese sentido el cuerpo de las mujeres que aparecen en la T.V. cumplen el mismo fin que el del auto cero kilómetro de la publicidad que la antecede o la precede: mira y desea, porque seguramente nunca podrás tener algo así.

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Esto, al igual que lo que decía ayer, no se circunscribe solamente a la Argentina; sino que ya es un mal general. Cada cual en su país podrá poner el ejemplo que crea adecuado. En la Argentina hay cientos, sino miles. Se ha llegado a tal nivel de idiotización que la más popular de las conductoras televisivas, en una entrevista (no he podido encontrar el nombre de la científica con quien estaba hablando) logró el siguiente diálogo: Científica: «Hemos traído un dinosaurio de la patagonia…» Susana Giménez: «¿En serio? ¿Vivo?» Ante tamaña burrada la mujer no pudo menos que reír. No he incluido el video aquí por vergüenza ajena, pero si quieren ver 20 segundos bizarros, les dejo el enlace. El que tienen en la imagen de la izquiera no es otro que Marcelo Tinelli, el rey de la T.V. basura argentina (aunque no es el culpable de nada; simplemente apareció en el momento justo y aprovechó la ocasión. El poder le sirvió en bandeja de plata, después, todo lo que quiso, pero ese es otro tema) y el que lo acompaña, disfrazado de diablo, es Ricardo Fort, heredero de una caudalosa fortuna y cuyo sueño, su leit motiv era “ser famoso”. Lo fue pero lo pagó caro: murió el pasado diciembre a los 45 años, víctima de una larga serie de operaciones a las que se sometió para modificar su cuerpo y su rostro y de los excesos a los que en su breve paso por la fama (ésta le duró apenas unos cuatro o cinco años, no más) se brindó por entero. Mucho no importó. Fort fue olvidado y la máquina de picar carne ya debe estar preparando su próxima marioneta para entretener a la audiencia a cualquier costo.

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Medios de incomunicación (Política II)

                                                           

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      A nadie escapa el hecho de que vivimos en una época de manipulación  mediática furiosa, intransigente, constante, exhaustiva. Ni siquiera debemos caer en paranoias conspirativas ni nada tan obvio ni débil. El poder mediático es, tan solo, el resultado de una ecuación simple: la necesidad del mismo neocapitalismo de afianzar su propia estrategia. Esta estrategia va más allá de las ideas de control un grupo de personas, es el fruto inevitable de su accionar; es la herramienta más poderosa que se ha creado para controlar a las masas. La otra herramienta es más grosera y menos efectiva: la del poderío militar. A diferencia de ésta, la manipulación mediática tiene, entre sus muchas virtudes, una inconmensurable: logra hacer creer a las propias víctimas de las virtudes de la opresión a la que son sometidas. ¿De qué otra forma puede entender, sino, que un pobre vote a un partido de derecha? ¿Cómo puede entenderse que un grupo de personas apoye medidas que están diseñadas para provocarles peores niveles de vida o recortes en sus libertades individuales? No otra cosa es la Patriot Act estadounidense o el apoyo a sistemas políticos-financieros que ni siquiera esconden sus ideas de trabajar para un grupo en particular de ciudadanos o, en algunos casos, directamente para países extranjeros.

“El liberalismo no puede dejar dudas al momento de comprobar su efectivo dominio, que se asienta además de en los resortes económicos en la superestructura cultural, educacional e instructiva. En las últimas décadas, esa superioridad se impuso largamente sobre la sociedad “electrificada” discursivamente, sobre todo por la televisión. Podría decirse que la captación que consiguió a control remoto generó una suerte de rebaño humano que, como en esos combos de comida chatarra que se ofrecen en las grandes ciudades, acabó siendo mediatizado, mediocrizado, idiotizado”. (Claudio Díaz. Diario de guerra).

No estoy descubriendo nada nuevo al tratar este tema; no tienen más que buscar en la red bajo el los términos manipulación mediática para encontrar una cornucopia de páginas que les podrán brindar millares de ejemplos diferentes. Pero me atrevo a recomendarles las muy conocidas 10 estrategias de la manipulación mediática. Para quienes tengan pereza y no quieran leer todo el artículo, les dejo un enlace donde podrán escucharlo en la voz del gran Eduardo Aliverti: https://www.youtube.com/watch?v=uTmjCfBSdzs.

Otro ejemplo:

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El simple recorte de una fotografía bien puede convertirse en una fuente magnífica para enervar los ánimos populares, si lo hiciera Al-Jazzera; o bien para tranquilizar los ánimos en la otra cara del planeta, si lo hiciera CNN. Insisto: esto es moneda corriente. Esto es algo de lo cual somos víctimas todos los días, en mayor o menor grado, en temas más o menos importantes. no voy a incluir más ejemplos porque este post sería interminable, pero “a vuelo de pájaro” como quien dice, recuerdo dos o tres casos: uno o dos días después de la muerte de Ramón Sampedro, el diario argentino Clarín publicó un montaje con cuatro fotografías. En las tres primeras se lo veía a Ramón hablando “a cámara” (las imágenes fueron tomadas del video que él hizo filmar en aquella ocasión), pero la cuarta era muy diferente, hasta en el color y el nivel de claridad. En esa imagen se veía a una mujer sosteniendo la cabeza de Ramón luego de muerto. Después se supo que esa imagen era anterior, y que la mujer estaba, simplemente, lavándole la cabeza. También recuerdo la portada del diario español El País, mostrando una foto falsa de Hugo Chávez, o el documental de Michael Moore Farenheit/911 donde vemos cómo la televisión norteamericana muestra a un grupo de civiles musulmanes festejando la caída de las torres gemelas (en aquel entonces yo vivía en los EE.UU. y recuerdo el odio generalizado que provocaron esas imágenes) cuando la realidad era bien otra: esas personas —casi todas mujeres y niños— sonreían y festejaban debido a que un grupo de soldados norteamericanos les estaban regalando golosinas y comida. Tal como en la imagen superior, el recorte no mostró a soldado alguno, por supuesto. 

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Y basta por hoy. Como dije, ejemplos sobran, cada cual puede buscar en su país (sería un ejercicio muy saludable, por cierto) y ver qué medio es el que miente más, en qué casos lo hace (de ese modo se sabe a quién sirve) y qué influencia tiene en la población. No hay muchas opciones: para saber dónde están nuestros enemigos tenemos que informarnos; y eso implica leer (mucho) y pensar (otro tanto). Buena suerte.

                                                                                                                                                                          

Un hombre es… Parte II

José Pablo Feinmann acuñó el término letrinet para referirse a una de las partes más oscuras de internet, esa que permite a miles de personas escudarse detrás de un pseudónimo o apodo para poder decir cualquier cosa, desde la más estúpida hasta la más aberrante. El problema en sí no es el más grave, ya que con un poco de pensamiento crítico se puede determinar quién es quién y si debe hacérsele caso o no. Es aquí donde reside el problema mayor: en que una gran porción de la población repite lo que oye sin detenerse a pensar en qué es lo que están diciendo.

Veamos unos ejemplos:

Éste es bastante inocuo en su mensaje, el cual es típico del pensamiento fascista: “El único que tiene razón soy yo”. La falacia “Nadie estudia, nadie piensa” sólo está allí para dar sentido a la conclusión: “Todos votan”. He aquí la cuestión principal: el fascista no quiere que el pueblo vote si, para ello, debe recurrir a la mentira, no hay problema alguno. Veamos ahora la fotografía. No sabemos quiénes son esas personas que allí aparecen, pero lo que se nota es que el texto que aparece en la imagen no es el original. Vaya uno a saber qué es lo que decía allí. El texto está sobreimpreso con algún programa de manipulación de imágenes. La imagen de smiley manchada de sangre está tomada del cómic Watchmen, notable obra del genial Alan Moore (autor de V de Venganza, From Hell, entre otras obras), es decir, un autor anti-fascista. La manipulación no se detiene ante nada. Las palabras “Todos votan” en rojo son sintomáticas.

Ésta es más simple, directa y brutal. El resumen es, también, típico del fascista: Si no votas como lo hago yo eres un pelotudo (gilipollas, imbécil, estúpido, etc.). La imagen del chimpancé no es tan graciosa como parece a primera vista. Es bien sabido que el método para destruir al otro es despersonalizarlo. Es difícil matar a una persona, es mucho más sencillo matar a un animal; es por eso que se suele animalizar, denigrar,  al oponente (“Nosotros no matamos gente, matamos terroristas” Dijo un General argentino en la época de la dictadura militar. El mandato divino es otro muy popular: “Al luchar contra los judíos estoy cumpliendo con la obra de Dios”, Adolf Hitler, Mein Kampf).

La última es la peor de todas (he visto algunas variantes dando vueltas por ahí). En ella todo es falso, desde las premisas hasta la (supuesta) conclusión. Aclaración necesaria: desde la semana pasada, los menores de 16 años pueden votar  –de manera optativa–, y la oposición se negaba terminantemente a tal ley. Mucha gente se sumó con los argumentos que se ven en la imagen. Todos ellos son falsos porque la ley, en la República Argentina, declara imputables a los menores de 16 años; imputables para delitos de gravedad, es decir, asesinato, robo calificado, etc. El primer punto, e l de las drogas, es verdadero hasta cierto límite. La ley permite cierta cantidad de drogas (livianas) para consumo personal y privado; ello independientemente de la edad; no importa si tiene 16 ó 40. El tercer punto es ridículo, además de falso. Hablar de que un menor de 16 años puede ser terrorista y quedar libre es risible, suponer que alguien puede creer en ello es triste. La supuesta conclusión “pero pueden votar a Cristina”, también es falsa: pueden votar a quien les dé la real gana.

Ya me extendí demasiado por hoy. Mañana los comentarios.

Publicidades eran las de antes

Creo que no es novedad que tengo una relación de amor/odio con la publicidad. Por un lado reconozco la calidad estética de algunas propagandas y, por otro, detesto el uso de la publicidad comercial; esa que nos vende aquello que no necesitamos o que nos hacen creer una cosa por otra (en ese sentido, no pocos noticieros televisivos no son más que expositores publicitarios; hoy la información es poder, así que no es extraño que se use las noticias como formas de manipulación, es decir: como publicidad de un producto llamado verdad).

Ya Vladimir Nabokov se quejaba de ello, y lo hacía a mediados de los 50´s, lo cual le agrega algo de valor a esa crítica temprana. Supongo que Nabokov no sería el único, pero es el ejemplo que conozco y del que tengo pruebas. En algún libro de él (creo que era una biografía o un libro con algunos artículos suyos) se quejaba de una publicidad de unas cucharillas para café que prometían la felicidad eterna a cambio de comprar ese producto. Al bueno de Vladimir lo enojaba, claro está, esa manipulación que prometía el paraíso a cambio de cualquier estupidez, pero hay algunos casos en que el enojo que producen se debe a que los profesionales de la publicidad prometen paraísos a cambio de algo mucho más grave: la salud del consumidor, por ejemplo. Estaremos de acuerdo en que comprar unas cucharillas para café no le van a cambiar la vida a nadie, pero tampoco producirán daño alguno al comprador; sin embargo, hay algunos ejemplos que dan más miedo que el mismísimo Drácula (el cual, si existiera, sería la cara visible en la publicidad de un banco de sangre o, simplemente, de un banco).

Para un mejor comienzo en la vida, comience con Cola cuanto antes!

¿Qué tan pronto es demasiado pronto? Nunca es lo suficientemente temprano. Pruebas de laboratorio han probado que los bebés que comienzan a beber gaseosas durante su etapa formativa temprana tienen chances más altas de ser aceptados y de “incluirse” durante esos torpes y difíciles años de la preadolescencia y adolescencia. Por eso, hágase un favor. Hágale un favor a su hijo. Introdúzcalo en un estricto régimen de gaseosas y bebidas carbonatadas ya mismo, para una vida plena de felicidad garantizada.

Échaselo en la cara y te seguirá a todas partes.

Sobre el primer anuncio preferí no hacer comentario alguno. Sobre éste no se me ocurre nada brillante, por cierto; pero como fumador creo que ése es un pésimo slogan. A no ser que en los 70´s realmente se tomaran en serio esa imagen de macho recio propio de las películas de John Wayne o de Clint Eastwood (Pequeña digresión: ¡Qué me has hecho Clint! ¡Tanta admiración que me causaban tus películas, tu tarea como director, tu imagen de hombre probo y coherente! Y ahora sales con esa payasada en la campaña de Mitt Romney… En fin, ya no se puede creer en nadie. Perdón, vuelvo al tema principal). Y bien, les dejo una de mis favoritas, una de Camel, marca que tiene su historial en el tema de las publicidades subliminales y otras bellezas (aunque en éste, de subliminal, nada de nada).

De acuerdo a una reciente encuesta nacional. ¡Los Doctores fuman más Camel que cualquier otro cigarrillo!

“¡Voy para allá!” “Cuando hay trabajo por hacer, él está allí. Unos guiños de sueño… unas caladas al cigarrillo… y a trabajar.”

Qué bellos tiempos aquellos: los cigarrillos no hacían daño alguno, las bebidas gaseosas no provocaban obesidad ni gastritis y supongo que los caramelos no producían caries. Al lado de estas publicidades, lo de las cucharillas de Nabokov suena a inocentada, a mero infantilismo. Por suerte escribió buenos libros, así que aun tenemos razones para quererlo.

Consume hasta morir

“Todo lo que se come de más se quita del estómago de los pobres” Dijo alguna vez el Mahatma Ghandi. Se refería, claro está, a una sencilla ecuación económica: Si sólo comemos lo necesario, no necesitamos comprar tantos alimentos, por lo tanto, si TODOS actuamos de esa manera, habrá menos demanda, lo cual significa que la oferta de productos será mayor y, como todos saben o deberían saber, a mayor oferta y menor demanda, el precio baja; por lo tanto, la gente de menores recursos puede acceder a más y mejores alimentos.

Ahora bien, el párrafo anterior es sólo tangencial con respecto al tema que quiero tratar hoy. El cual es la publicidad actual. Últimamente he visto una gran cantidad de publicidad de los mismos productos de siempre, pero ahora todas ellas –no importa del producto que se trate–, tienen algo en común: todas ellas nos prometen una compra limpia y ecológica.

Antes, cada publicidad nos hablaba de las virtudes de un producto, ahora no solo eso; sino que también nos dice que estamos ayudando al planeta. Sabiendo que la ecología es un tema importante hoy, nos quieren hacer creer que además de comprar, estamos siendo buenos ejemplos de individuos sociales y responsables.

Quienes llegan hasta este sitio provienen de diferentes partes del mundo, así que cada cual debería prestarle atención a las publicidades de su país; pero estoy seguro de que, en líneas generales, se encontrarán con ejemplos parecidos a lo que ocurre aquí en Argentina: las baterías Duracell nos aseguran 650 fotografías (como duran más, se desperdician menos), las petroleras nos aseguran menor contaminación, al igual que la industria automovilística; Starbucks nos promete que, con cada taza de café accedemos a un café natural y que, además, siempre pagan lo adecuado a los proveedores de Sudamérica. Los detergentes, cremas, desodorantes y otros productos de limpieza (además de eliminar el 99,98% de los gérmenes, el cual es tema para otro post), se hacen a base de elementos biodegradables, etc., etc., etc.

Las publicidades, como siempre, sólo tratan de engañarnos. La realidad es que las mejores baterías son las recargables (cuestan cuatro veces más, pero duran entre 20 y 30 veces lo que una batería común); con respecto a los automóviles, lo mejor es usarlos en la justa medida, es decir cuando es necesario y es bien sabido que ya la tecnología les permitiría comercializar autos realmente ecológicos; y así podemos seguir con todos y cada uno de los productos que vemos día a día.

El objetivo de la publicidad es hacernos comprar todo y de todo, aun aquello que no necesitamos; así que aquí es cuando entra a cobrar sentido aquella frase de Ghandi con la que comencé el post. No sólo deberíamos aplicarla a los alimentos, sino a todo aquello que nos rodea en estos tiempos modernos. Comprar lo necesario y en la menor cantidad posible.