Elogio de la relectura

Tautología: releer es volver a leer lo ya leído. Lo que no es tan evidente es decir que esta práctica debería promoverse tanto como la lectura misma porque es la que nos permitirá sacar mayor provecho de un texto. Los lectores expertos lo recomiendan sobre todo para la etapa de la madurez.

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Ítalo Calvino, por ejemplo, en su ensayo Por qué leer a los clásicos, decía: «en la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud». Y esto porque «las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por impaciencia, distracción, inexperiencia en cuanto a las instrucciones de uso, inexperiencia de la vida». Luego concluía: «Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera».

Jorge Luis Borges, en una clase en la Universidad de Belgrano (Argentina), sobre el libro, recogida en el cuarto volumen de sus obras completas, exclamaba: «Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro».

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Otro que se suma a la misma idea es Martín de Riquer (en conversación con Manuel Vázquez Montalbán): “Las relecturas tienen esas sorpresas, porque a veces una cosa que te a entusiasmado de joven te decepciona. Porque tú ya sabes que la relectura es mucho más importante que la lectura. El placer mayor es la relectura. Para mí, leer algunas de las novelas de Balzac, que he leído diez o doce veces, y volverlas a leer, aunque ya sé qué pasa y cómo acaba, es una maravilla.”