Después se quejan.

Todos sabemos que cada tanto, en los Estados Unidos, aparece algún enfermo o delirante o lisa y llanamente uno o varios asesinos, se mete en un lugar público (preferiblemente una escuela) y masacra a cuanta persona se le cruce en el camino. No importa si es el director de la escuela, un conserje, una maestra o una docena de niños de jardín de infantes; cualquier cosa viva sirve para hacer tiro al blanco. Después, lo de siempre, los noticieros haciendo su negocio, mostrando imágenes que cualquier persona sensible se negaría a hacer públicas, se escribirá y se dirá la palabra héroes hasta el hartazgo; se debatirá el tema de las armas durante un par de semanas, y todo quedará en el olvido hasta la siguiente masacre. De la última que tengo memoria fue la masacre de Sandy Hook, donde murieron 28 personas (el asesino, su madre –ésta en su casa, no en la escuela–; seis profesores y veinte niños de primer grado).

Todo esto viene a colación porque acabo de enterarme de algo que es difícil de creer; de algo que si no tuviese consecuencias tan terribles uno lo comentaría entre risas y bromas, pero no; no es éste el caso. En los Estados Unidos, más precisamente en el estado de Iowa (y pronto lo seguirán otros), se les permite a los ciegos comprar y portar armas de fuego, incluso en lugares públicos.

ciego

Aquí tienen un breve video de la noticia en español y para quienes se animen con el inglés, aquí pueden ver el video original. Aproximadamente a los 0:40 minutos, el hombre dice: “puedo oír dónde está la gente, así que simplemente apunto y disparo.” Lejos ya de toda muestra de cordura y sentido común preparémonos para la próxima carnicería o para la próxima tontería norteamericana.
Mientras escribía lo anterior, recordé que tiempo atrás, en otro blog que tuve en su momento, había publicado algo relacionado con este tema. Busqué y encontré el artículo, el cual habla de que en el estado de Illinois, se le otorgó una licencia para portar armas a un niño de once meses. La nota en cuestión es de mayo del 2007, así que el infante debe andar por los seis o siete años. ¿Habrá aprendido a disparar ya y será el orgullo de papá y mamá?

Masacre y medios

Uncle sam with gun

Copio de la red: Una nueva masacre ha ocurrido en una escuela de los Estados Unidos. Un hombre armado entró a la primaria Sandy Hook Elementary School y mató a 26 personas; incluyendo a 20 niños. Según agencias de noticias y otros medios locales, el asesino, un hombre adulto que hasta el momento no fue identificado, habría fallecido también. En un operativo desesperado, los maestros y otros responsables de la institución ayudaron a los niños que lloraban desconsolados a salir de la escuela, mientras que los heridos fueron trasladados a centros médicos cercanos. Según algunos testigos, en total se habrían escuchado más de 100 tiros, algo que supera otras masacres anteriores. (Luego se supo que el autor de los crímenes fue Adam Lanza).

Más allá de la noticia, me puse a buscar en la T.V. y en diferentes medios de la red algo de información al respecto, y me encontré con la mediocridad de siempre. La mayoría de los periódicos, portales y agencias de noticias se apresura a publicar una especie de “Top Ten” (idea tan americana, dicho sea de paso) de las peores masacres o matanzas de los últimos tiempos. Otros, hacen eco de las diferentes expresiones de dolor a lo largo y ancho del mundo, todas ellas suenan tan vacías como oportunistas o, al menos, de “compromiso”. Les puedo asegurar que a partir de mañana (o quizá hoy mismo al anochecer) ya empezarán a salir a la luz historias puntuales de los hechos y aparecerá algún que otro “héroe”, otra idea típica de los americanos.

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Continúo: al hojear la información sobre ese famoso “Top Ten” de las matanzas de las que hablé antes, me encontré con éste texto:

“Jared Lee Loughner, de 22 años, es el único acusado y encarcelado por la masacre de Tucson, ocurrida el 8 de enero de 2011, que dejó como saldo seis muertos, entre ellos una niña de 9 años y un juez federal, y a varios heridos de gravedad, como la congresista Gabriella Giffords, a quien disparó el asesino a una corta distancia. Jared Lee Loughner confesó que su libro favorito era “Mi lucha”, de Adolf Hitler. Esto ayudó a describir el perfil de alguien que es capaz de cometer una masacre como la de Tucson. Al igual que algunas de las confesiones de sus videos: “Puedo controlar toda creencia y religión al ser el controlador mental”.

Aquí se puede ver de manera explícita la forma de tratar estos temas por parte de la prensa. Se hace notar que entre los muertos se encuentran “una niña de 9 años y un juez federal” y entre los heridos se encuentra “la congresista X”. lo de la niña está puesto allí para que nos indignemos. Lo del juez federal y lo de la congresista es harina de otro costal. Es patente que hay ciudadanos de primera y hay ciudadanos de segunda categoría. A mí me importa menos una congresista herida que un albañil muerto. Pero esas son cuestiones personales. Pruritos que uno tiene.

Lo de la lectura de Hitler es otro tópico clásico. Ya se sabe, Hitler sirve para todo aquello que sea necesario estigmatizar. no hay asesino en este mundo que no sea admirador de Hitler (pero nadie recuerda las palabras de alabanza que le prodigó Winston Churchill o el ingente apoyo de la Ford y otras empresas norteamericanas).

¿Y qué sucederá a continuación? La respuesta es sencilla: Nada. Nada ocurrió en el pasado, nada ocurre ahora y nada ocurrirá en el futuro. Como leí en uno de los comentarios de una página que trataba el tema: “Para evitar una nueva masacre los gringos son capaces de prohibir los colegios, pero nunca la venta de armas”.

Las lágrimas de Obama se secaron treinta segundos después de haber abandonado el recinto donde brindó la inevitable rueda de prensa. Los altos mandos políticos y religiosos que enviaron sus condolencias  (“horrorizados, consternados, dolidos”) deben estar tomando el té con miel y scones. Las estúpidas preguntas que pululan por las redes sociales (“¿Por qué? o ¿Cómo es posible?”) quedan en el olvido una vez que se presiona la tecla Enter. Mientras tanto, en algún lugar de los EE.UU. un loco —tal vez admirador de Hitler, por qué no; tal vez admirador de George W. Bush, aunque eso nunca lo sabremos— está preparando la próxima masacre; esa donde las víctimas tendrán su metraje en los periódicos en la medida en que sean niños, jueces federales o congresistas.

Tengan preparados sus pañuelos, sus lágrimas (no muchas) y sus telegramas de condolencia.

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