De la imposibilidad de detenerse

 

basho

 

Tengo un libro a punto de ser terminado que tiene como tema central al viaje; al viaje en sí mismo, como punto de partida reflexivo y filosófico, y al viaje como experiencia personal, es decir que contiene algunos capítulos donde matizo la temática central con algunos textos personales que he escrito a lo largo del camino. Les dejo aquí, a modo de ejemplo (y mientras busco ese centro del que hablé hace unos días y que aún no aparece), el breve capítulo titulado De la imposibilidad de detenerse.

 

¡Débiles son mis piernas!
pero está en flor
el monte Yoshino.

Matsuo Basho es el maestro absoluto del haiku y tal vez también lo sea del arte de caminar. Lejos de estas páginas el querer resumir la biografía del gran maestro japonés; basta con saber que atravesó el Japón caminando en una época donde este último detalle era considerado como un acto alocado por lo peligroso del camino y que viajaba con el único objetivo de observar a la naturaleza. Podía caminar kilómetros sólo para observar el paisaje desde la cima de una montaña o a la luna desde la orilla de un lago. Como bien sabemos, todo haiku es más que la conocida tríada de 5-7-5 sílabas; el haiku es una gema que debe ser pulida con exquisito detalle y precisión y es por eso que siempre nos dice más de lo que incluyen sus pocas palabras. El que inicia este capítulo me sabe a la quintaesencia del viajero; de aquel que no puede detenerse ni quiere, siquiera, pensar en hacerlo. El deseo de viajar es más fuerte que los impedimentos temporales, ese deseo siempre se impone de una u otra manera a los accidentes de la vida diaria del mismo modo que se imponen, sorteándolos sin dudar un segundo, a los accidentes del camino. El deseo del viajero —el deseo del viaje, tan intrincados están estos dos conceptos que es difícil, sino imposible, diferenciarlos— es tan fuerte que aun si se sabe de serias dificultades en el camino que se va a iniciar, éste será recorrido de igual manera. Citando nuevamente a Basho, el viajero podría recitar:

Hoy el rocío
borrará la divisa
de mi sombrero.

Y aun así nada detendrá su viaje ni su andar.

Libélulas rojas.

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Mi querida Claudia Snitcofsky, quien acaba de llegar de un placentero viaje por la China y algún otro país de oriente, hoy compartió un video donde Luis Alberto Spinetta (músico argentino, fallecido en el 2012) lee unos poemas de su elección. Transcribiré aquí lo más interesante y bello de ese video que ya me está haciendo el fin de semana. Espero que a ustedes también.

Dice Spinetta:

“Matsuo Basho, poeta japonés nacido en 1644 es quizá el más grande poeta de Japón. Era, además de un estilista, de un creador de formas, un humanista y un piadoso. Recuérdese en tal sentido la anécdota con Kikaku —uno de sus discípulos—, y su poema sobre el pimiento. Este alumno escribió el siguiente haiku:

Libélulas rojas

Quitadle las alas

Son pimientos.

Basho respondió que un haiku debe suponer, además, un deseo distinto; y para probarlo, lo escribió de esta manera:

Esos pimientos

Agregadle alas

Son libélulas.

Elegí esta poesía tan antigua porque esas dos visiones, de alguna manera, componen dos visiones del mundo. Una, la visión de la destrucción; de aquellos que asesinan para imponer sus ideas y el otro, en este caso como lo representa Basho; por quienes luchan por crear una vida mejor; por crear vida”.

Agregar algo me parece superfluo; posiblemente caería en una visión banal de lo necesario que es, para estos tiempos que corren, esta mirada que nos propone Spinetta. Es casi seguro que nada de lo que yo diga sumará algo nuevo a lo que ya está dicho de manera tan precisa; así es que me voy haciéndome eco del silencio que propone este punto final.