Alegría compartida

 

Max Ernst

Max Ernst – Fireside Angel

 

Friedrich Nietzsche, en el parágrafo 62 de su El viajero y su sombra, dice:

«Alegría compartida. La serpiente que nos muerde cree hacernos daño, y se alegra de ello; hasta el más bajo animal puede imaginar el dolor de otro. Pero imaginar la alegría de otro y alegrarse de ella, es el mayor privilegio de los animales superiores, y de entre éstos sólo son accesibles a ella los ejemplares más elegidos, es decir, un humanum raro».

La filosofía a veces es compleja, pero a veces, como en este caso, es sumamente sencilla. Seamos sinceros: ¿No han visto a esas personas que disfrutan del dolor ajeno como a seres algo torpes, algo idiotas, algo inmorales? Hay un término específico, y ya que estamos entre alemanes: schadenfreude; el cual viene a significar algo así como «alegría malsana que se siente ante el dolor de los demás» (Ay, estos alemanes tienen términos para todo…). Esas personas no dejan de ser personas por ello, claro; pero antes de convertirnos en nazis de pacotilla y andar considerando como inferiores a cualquiera que no piense como nosotros (por dios, lo único que falta es que entre Wagner por la ventana); no podemos menos que reconocer que quienes sí pueden alegrarse por los demás son algo especial; algo —y ustedes disculparán el término— ligeramente superior. un humanum raro… eso.

 

El peso de la espectativa.

 

 
Soumaya 01

El domingo pasado visité, junto a una querida amiga, el Museo Saumaya, en México. El Museo Soumaya fue fundado por el multimillonario Carlos Slim, un personaje muy poco querido por la generalidad popular mexicana. Arquitectónicamente es atractivo, moderno y, claro está, está ubicado en una exclusiva zona de la capital mexicana. Un día antes de visitarlo, mi amiga me informa que allí había obras de Max Ernst y esas fueron, para mí, palabras mágicas. El lugar que ocupa John Zorn en la música es el equivalente al que ocupa Max Ernst en la pintura. Es decir, para dejarlo bien claro: para mí, Max Ernst es dios. Así de extremista soy. Entonces me dirigí al Museo Soumaya para ver a Max Ernst y, después, si me quedaba tiempo y ganas, al resto.

En la sala número 1 del museo se encuentra una exposición de monedas, medallas y billetes que van del virreinato a la era posrevolucionaria. En la sala 2 una enorme muestra de “Asia en marfil” (de la que hablaré mañana); en la sala 3 la cosa se puso interesante: aparecieron obras de artistas como el Greco, Rubens y uno de mis altos momentos en ese lugar: Pieter Brueghel, el joven. La sala 4 mejoró aún más: Renoir (unas quince obras, pero una de ellas, un desnudo, me puso por las nubes. Pocas veces vi algo tan bello. Degas, Van Gogh, Chagall. ¿Y Ernst? Me preguntaba, pero no aparecía por ningún lado. Por suerte aún faltaba bastante por ver, así que seguimos subiendo. La sala 5 nos mostraba una exhibición temporal veneciana. Muchos, demasiados cuadros con Venecia de tema. Algunas cosas interesantes pero en poco tiempo agota lo monótono del tema. Quedaba la sala 6, un cúmulo de estatuas cuya apariencia era la de un mercado de pulgas. Demasiadas obras, demasiado material, demasiado todo. Por suerte aquí estaba Dalí, Carlos Matta, Lempicka. Estaba en el sitio justo. Había varios cuadros también y me dediqué a verlos uno por uno, pero sin suerte. Ernst no estaba por ningún lado. Pregunté al personal con el que me encontré, pero nadie parecía tener la más mínima idea de lo que estaba hablando. Bajamos al vestíbulo y pregunté por la información que figuraba en la red y sólo me dijeron que “ya no estaban en exposición”. Y eso fue todo. Con mi amiga nos fuimos a almorzar y, con la comida frente a mí, me disculpé por ser tan desagradecido. Había visto obras maravillosas, sin duda, pero me sentía incompleto (tal vez por el peso de la expectativa) por no haber visto ni una sola obra del único artista que me importaba. Supongo que debo conformarme con la idea de que Max Ernst está esperándome en algún momento del futuro.

Relaciones.

Max Ernst - Dioses desconocidos

Dioses desconocidos – Max Ernst

A veces las diversas y azarosas lecturas hacen que en un lapso de tiempo breve nos encontremos frente a textos que pueden unirse, hermanarse, enriquecerse mutuamente. Algo así me pasó con esta pintura de Max Ernst (mi artista plástico preferido, así que no es extraño que esté viendo cosas de él) y el poema de Langston Hughes que sigue a esta breve introducción. Al contrario de lo que me sucede con Ernst, Hughes es un poeta que no he leído, salvo en ocasiones de encontrar alguno de sus textos en una antología o en una revista. Ayer leí éste poema y un par de días antes había visto el cuadro. Y eso es todo, lecturas azarosas, una relación, y esta entrada. Ustedes sabrán disculpar el atrevimiento de una traducción propia.

Dioses –

Los dioses de marfil,

Y los dioses de ébano,

Y los dioses de diamantes y jade,

Se sientan en silencio en los estantes de los templos

Mientras el pueblo

Tiene miedo.

Sin embargo, los dioses de marfil,

Y los dioses de ébano,

Y los dioses de diamantes y jade,

Son solamente marionetas tontos dioses

Que el propio pueblo

Ha creado.

Langston Hughes

Las tentaciones de San Antonio

Las tentaciones de San Antonio

Según cuenta la historia o la leyenda (no, no voy a entrar a considerar cuestiones de veracidad histórica ni tampoco me voy a poner a analizar asuntos de valores morales; ya todos saben que no creo en nada de esto, así que sigamos adelante), San Antonio Abad fue varias veces tentado por el demonio en el desierto. Siendo un ermitaño se ve tentado por la lujuria, el poder y la riqueza, fue el primer monje de la Cristiandad, que se retiró a una cueva del desierto egipcio para purificar su espíritu, lejos de las tentaciones mundanas.
Se mencionan “las tentaciones” como una resistencia ejemplar a las corrupciones del mundo, y se considera el ejemplo manifiesto en la vida del santo como un ideal de la vida cristiana.
Según Atanasio de Alejandría, en su Vida de San Antonio:
…Pero el demonio empezó a traerle temibles tentaciones. Le presentaba en la mente todo el gran bien que él podría haber hecho si en vez de repartir sus riquezas a los pobres las hubiera conservado para extender la religión. Y le mostraba lo antipática y fea que sería su futura vida de monje ermitaño. Trataba de que se sintiera descontento de la vocación a la cual Dios lo había llamado. Como no lograba desanimarlo, entonces el demonio le trajo las más desesperantes tentaciones contra la pureza. Le presentaba en la imaginación toda clase de imágenes impuras…
…Un día el demonio enfurecido porque no lograba vencerlo le dio un golpe tan violento que el santo quedó como muerto. Vino un amigo y creyéndolo ya cadáver se lo llevó a enterrar, pero cuando ya estaban disponiendo los funerales, él recobró el sentido y se volvió a su choza a orar y meditar. Allí le dijo a Nuestro Señor: ¿Adónde te habías ido mi buen Dios cuando el enemigo me atacaba tan duramente? Y una voz del cielo le respondió: Yo estaba presenciando tus combates y concediéndote fuerzas para resistir. Yo te protegeré siempre y en todas partes...”

Hasta aquí, es todo lo que voy a escribir del Santo en cuestión. Más me interesa la gran cantidad de obras que esta leyenda a inspirado. No recuerdo cuál fue la primera que conocí, pero debe haber sido la de Salvador Dalí o la de El Bosco. De lo que estoy seguro es de la tercera, la de Max Ernst (la que da inicio a esta entrada y mi favorita, como Max Ernst mismo). Saber que hay tres obras distintas basadas en una misma historia o personaje hace que uno se diga “Si hay tres, debe haber cuatro o cinco o más”. Ésto último sin asidero lógico ninguno, por cierto; pero este caso parece ser uno de ellos. Encontré que Paul Cézanne tenía su versión y encontré otra pintura de El Bosco, no el famoso tríptico, sino una individual. Gracias a este virus de curiosidad omnívora que no puedo ni quiero inocular, conocí a dos artistas de los que no tenía noticia (curiosamente, ambos alemanes): Matthias Grünewald y Martin Schongauer, el cual me sorprendió con un maravilloso grabado de San Antonio ascendiendo al cielo mientras es rodeado por un grupo de demonios que intentan impedir que el Santo llegue a destino.

Les dejo una galería de imágenes; espero que las disfruten tanto como yo lo he hecho.

Schongauer_St._Antonius

Martin Schogauer

Mathis_Gothart_Grünewald_015

 Matthias Grünewald

Tentation_de_Saint_Antoine

El Bosco


TemptationStAnthony-left

El Bosco. (Tríptico, panel izquierdo)


Temptation_of_Saint_Anthony_central_panel_by_Bosch

El Bosco. (Tríptico, panel central)

  TemptationStAnthony-right

El Bosco. (Tríptico, panel derecho)

Paul_Cézanne_055

Paul Cézanne


Las tentaciones de San Antonio

Max Ernst

Dali 5

Salvador Dalí

Y entre tanta cosa por aquí y por allá me olvidé de otra que conocí recién ahora y que vale la pena esta pequeña edición en la entrada. Wellens de Cock:

Wellens_de_Cock_Temptation_of_St._Anthony