El país de las sombras largas

La pintura metafísica es el nombre de un movimiento artístico italiano, creado por Giorgio de Chirico y Carlo Carrà. Sus pinturas como sueños de plazas típicas de ciudades italianas idealizadas, como también las aparentemente casuales yuxtaposiciones de objetos, representaron un mundo visionario que se entrelazaba casi inmediatamente con la mente inconsciente, más allá de la realidad física, de ahí el nombre de tal corriente artística. Me he sentido atraído por la obra de Giorgio de Chirico desde mucho antes de haber entendido algo de ella y eso la convirtió, al menos en mi caso, en uno de los ejemplos más claros de que no siempre tenemos que entender a la obra para que nos guste (después supe o comprendí que sí es muy bueno saber sobre ellas; pero ese es tema para otro momento).

Ahora encuentro en otro de mis preferidos, Edward Hopper —aunque éste lo es por razones totalmente opuestas al primero—, una obra que me permite enlazarlos para… diferenciarlos.

 

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Edward Hopper, The Lighthouse at Two Lights, 1929 – Giorgio de Chirico – La nostalgia del infinito, 1913

Creo que las dos obras son, en esencia, la misma; pero mientras la pintura de Hopper me habla del aquí y ahora; de la soledad y de la calma, la de de Chirico no me habla, sino que me hace hablar. No hay calma en ella a pesar de lo despojado de la escena; no hay «aquí y ahora» sino que lo que existe es un tiempo intemporal, si se me permite el oxímoron; no hay «calma» sino un profundo movimiento espiritual o psicológico. Y eso es lo que me atrae, sin duda alguna; que esas pinturas dialoguen conmigo cada vez que las veo es, supongo, lo que las hace maravillosas para mí y también es posible que ésa sea esa la razón por la cual siguen siéndome indispensables sin importar el tiempo que pase.

Digo «tal vez» porque uno nunca está demasiado seguro de estas cosas. Nuestra psique (nuestra metafísica diría de Chirico) a veces tiene sus propias razones y motivos para preferir una cosa por sobre otra. Sin ir más lejos, en otra de las obras de Hopper encuentro una sombra como las que son habituales en las obras de de Chirico y veo que esa sombra es lo que hace que el cuadro cobre un nuevo sentido. ¿Qué estará diciéndome mi inconsciente? No lo sé ni pienso averiguarlo; sólo basta con que siga disfrutando de obras así.

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Edward Hopper – Seven a.m. (pueden ver la sombra de la que hablo en el texto, abajo, a la izquierda).

Sobre la contemplación

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“Podemos saber que los instantes en que la contemplación de las obras de arte nos libra de los deseos ávidos cual si nos halláramos volando por encima de la atmósfera pesada de la tierra, son al propio tiempo los más felices que conocemos”.

La frase de Schopenhauer sintetiza esa sensación que me ha acompañado a lo largo de casi toda mi vida; la del gozo metafísico que me producen las expresiones artísticas, sean éstas cuales fueren. La parte menos importante de la cita, la que está allí para adornar o ejemplificar la idea principal, esa parte que dice cual si nos halláramos volando por encima de la atmósfera pesada de la tierra, es, tal vez, la que más me atrevo a hacer mía, literalmente. Sin la compañía diaria de la música, de una novela o aunque sea, de un solo poema, sin la compañía de una fotografía encontrada al azar, de una pintura o de un dibujo ¿qué valor tendría la vida?