El alma de la masa, según Milan Kundera (La despedida II).

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Sigo con otra escena (la última que subiré) de La despedida, de Milan Kundera. Jakub, para salvar al perro (del que hablé ayer) debe enfrentarse con la joven protagonista de la historia, quien trata de impedirle el paso y así lograr que los viejos lleguen hasta donde está él. Luego de vencer esa resistencia, Jacub piensa: «Pero aquella chica, aquella era su eterna derrota. Era bonita y no había aparecido en escena como perseguidora, sino como espectadora que se ha visto arrastrada por el espectáculo y se ha identificado con los que persiguen. Jakub había sentido siempre terror de que los que miraban estuvieran dispuestos a sujetarle la víctima al verdugo. Porque el verdugo se ha ido convirtiendo con el tiempo en un personaje familiar del vecindario, mientras que los perseguidos huelen de algún modo a aristocracia. El alma de la masa, que en tiempos se había sentido identificada con los míseros  perseguidos, se identifica hoy con la miseria de los perseguidores. Porque la caza al hombre es en nuestro siglo caza de privilegiados: se caza a los que leen libros o a los que tienen perro».

La novela es de 1972 pero, como suele decirse en estos casos, parece escrita para reflejar el hoy (de todos modos, bien pensado, para la historia humana cuarenta años no son tantos). «Porque el verdugo se ha ido convirtiendo con el tiempo en un personaje familiar del vecindario.» si consideramos como vecindario a las redes sociales, creo que tenemos a la gran mayoría por allí, desperdigando críticas y juicios gratuitamente a diestra y siniestra. Sí, así es, porque hoy «El alma de la masa, que en tiempos se había sentido identificada con los míseros  perseguidos, se identifica hoy con la miseria de los perseguidores».

El orden, según Milan Kundera (La despedida I).

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Leo La despedida, de Milan Kundera, novela despareja pero de lectura ágil, lo cual no deja de ser un valor; al menos cuando se trata de descansar entre otras lecturas más complejas. Luego de más de setenta páginas aparece un personaje secundario pero que poco a poco se transforma en uno de los más atractivos de todo el texto. Jakub es quien realiza los mejores análisis y comentarios del libro; por mucho es el personaje más complejo y rico de la novela y poco a poco su presencia se torna indispensable para su desarrollo y conclusión. Por ejemplo, poco después de su aparición salva a un perro de una brigada de ancianos que caza a cualquier animal que ande suelto (aunque tenga dueño, de hecho le quitan el perro a un niño aun cuando éste lo tenía en sus brazos, dejando al niño llorando solo en el parque) y de llevarse a ese perro a su apartamento, Jakub piensa: “¿Que impulsaba a esta gente a desempeñar su triste actividad? ¿La maldad? Seguro, pero también el ansia de orden. Porque el ansia de orden pretende convertir el mundo de los hombres en el reino de lo inorgánico, en el que todo marcha, funciona, sometido a un orden suprapersonal. El ansia de orden es al mismo tiempo ansia de muerte, porque la vida es una permanente alteración del orden. O dicho al revés: el ansia de orden es el virtuoso pretexto con el cual el odio a la gente justifica su actuación devastadora”.

Un párrafo brillante. En esas pocas palabras tenemos una síntesis de lo que fue la política del siglo XX y de lo que hoy encontramos bajo la forma de cualquier fascismo. Nada más radical que los fundamentalistas religiosos (de cualquier orden o escuela), la tradición más acendrada o lo que se autodenomina “Gran Democracia del Norte”, grupos todos que pretenden adueñarse de palabras como orden, paz, terrorismo o, directamente, bien y mal. Hay que releer el párrafo completo, aun cuando el final sea el determinante: El ansia de orden es el virtuoso pretexto con el cual el odio a la gente justifica su actuación devastadora.

Cada novela propone una respuesta.

Novela

Con ganas de terminar esa novela que parece eterna, me encuentro con esta definición (o intento de definición) de la novela de Milan Kundera. Eso tan inasible como es todo ejercicio literario permite, dentro de sus propios límites, alguna posibilidad de aprehensión. ¿Qué es la poesía; cómo explicar lo que es en sí una novela? Algo así, al menos como para empezar a charlar sobre todo esto:

«La novela es una meditación sobre la existencia vista a través de los personajes imaginarios… Una novela es  una larga pieza de prosa sintética basada en un argumento con personajes inventados… Es la gran forma de la prosa en la que el autor, mediante egos experimentales (personajes), examina hasta el límite algunos temas de la existencia… Una novela no afirma nada. Una novela busca y plantea interrogantes… La estupidez de la gente procede de tener una respuesta para todo. La sabiduría de la novela procede de tener una pregunta para todo… Cada novela, quiéralo o no, propone una respuesta a la pregunta ¿qué es la existencia humana y en qué consiste su poesía?»

El mundo como pregunta.

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«La estupidez de la gente procede de tener respuesta para todo. La sabiduría de la novela procede de tener una pregunta para todo. Cuando don Quijote sale al mundo, éste se convierte en un misterio puesto ante sus ojos. Tal es el legado de la primera novela europea a toda la historia de la novela que vino después. El novelista enseña al lector a aprehender el mundo como pregunta.»

Alguna vez dije que la filosofía era la rama científica de la literatura. Ahora encuentro esta cita de Milan Kundera que me sirve para refrendar esa idea: si la novela, al igual que la filosofía, es una generadora de preguntas, entonces ambas son lo mismo o, dicho de otro modo, sirven para lo mismo. Ambos géneros abren puertas, no las cierran; ambos nos dejan con hambre de más, nunca satisfacen del todo nuestro apetito ni nos arropan con las comodidades de la autoayuda. Es por eso que saltamos de libro en libro, de palabra en palabra, de idea en idea, de placer en placer.