Indignarse es fashion

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Leo, en el número de ayer de la revista Ñ, un breve artículo que hace referencia a la imagen que inicia este post: «Cuando uno se entera de reacciones como las que produjo en Estados Unidos la aparición de una simple remera con la palabra “depression” estampada, puede creer que la gente extraña la presencia del Gran Hermano.» […] «Las protestas masivas del público en Twitter y demás redes sociales sostenían que Urban Outfitters trataba de “glamurizar y convertir en moda una enfermedad mental”. Hablamos de Estados Unidos, donde el Prozac, más que un antidepresivo, es un concepto omnipresente en la cultura y el léxico cotidiano. Prozac es una palabra común en el cine, en la literatura, en la televisión estadounidense.»

Poc0s conceptos me parecen tan ridículos y perniciosos como el de lo políticamente correcto. Y esa manía moderna de ofenderse o indignarse por cualquier cosa —hija directa y legítima de lo políticamente correcto—ya está inmersa en el ridículo más pleno y absoluto. Les dejo dos puntos de vista diferentes sobre el tema de la indignación y de la ofensa. El primero de ellos pertenece al programa de radio La venganza será terrible, conducido por Alejandro Dolina:

El segundo es de una exposición de Richard Dawkins en la Universidad de Berkeley. Lamentablemente, no conseguí ninguna versión con subtítulos; pero de todos modos, para aquellos que no comprendan inglés, un vistazo a los primeros minutos les dará una idea de los argumentos generales de Dawkins.

 

Crónicas de la idiotez

La inteligencia humana es limitada; pero la estupidez, no tiene límites. (Arthur Schopenhauer)

Hoy, en la radio, escuché una noticia de esas que nos hacen dudar de su veracidad. Y de paso me hizo recordar una imagen que había visto aquí, en internet. Busqué más información en la red y encontré algunos sitios donde se trataban estos temas, aunque no con mucha profundidad. Y está bien que así sea, después de todo, ¿Cuánto tiempo o metraje puede dársele a noticias como estas?

Por un lado (ésta es la noticia que oí hoy) tenemos que, en los Estados Unidos, hay mujeres que se cortan el dedo pequeño del pie para poder usar tacones más altos. Ahora leo que también se inyectan colágeno en la planta del pie. Es digna de destacar la frase utilizada para defender esta ridícula postura: «Susan Deming asegura a Fox News, «a menos que hayas estado allí, no puedas encontrar zapatos, y sientas mucho dolor, no puedes juzgarnos». Expresión típica de estos tiempos líquidos que nos tocan vivir: «no puedes juzgarnos»; eso es cierto, uno no es Juez ni nada parecido, pero nada me impide pensar que Susan Deming es una perfecta idiota.

Segunda noticia:

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Un enlace a la noticia, aquí.

No hay mucho más por decir, las preguntas que se me ocurren no son muy brillantes, todas rondan el estupor y no deben ser muy diferentes de las que ustedes se deben estar planteando en estos momentos: ¿Cómo se puede llegar…? o ¿Hasta qué punto…? Etc. Quizá a ustedes se les ocurra algo mejor. Por mi parte, en cuanto pueda cerrar la boca, prometo responderles.