Corolario

Para terminar, de alguna manera, con las entradas de los dos días anteriores, dejo este poema de A. E. Quintero, el cual no tiene título y sobre el que aconsejo una lectura en voz alta, porque lo amerita.

 

niños de la calle

 

¿Y qué si el chico
ocupa la moneda para droga?

¿Y qué
si la emplea para comprar un cigarro suelto
o para estopa?

¿A ti, qué? ¿En qué te ensucian sus versiones de irse,
sus maneras de evitarse,
el transporte colectivo
en el que sueña no estar rumbo a su cuarto de cemento?

¿A ti qué
si ocupa esa moneda para no ver a su padre
cuando llega a verlo?

Si la gasta en comprarse
invisibilidad o se emborracha
antes, ¿a ti qué?
¿Le vas a dar trabajo?
¿Le vas a borrar de los ojos los ojos de su madre?
¿Le vas a cambiar los huesos
para que duerma más cómodo en las calles?

¿O sólo le vas a hablar de la multiplicación de los panes,
y las ventajas de llevar una cruz al cuello?

¿Tú cómo te evitas? ¿Cómo evades tanta conciencia?

¡Coño, dale la moneda y ya!

Paraíso perdido.

“La única patria feliz, sin territorio, es la conformada por los niños.”
Rainer Maria Rilke

Rusia

Hoy es un día de sentimientos encontrados. La profunda tristeza que me provocan las noticias que llegan desde el otro lado del mundo me afectan como si todo ello ocurriera aquí mismo, en mi propio país o mi propia ciudad. Según la edición de El País Internacional, desde la madrugada del martes ya suman 53 los muertos por los bombardeos en la Franja de Gaza; muchos de ellos, como siempre ocurre en estas guerras modernas, fueron niños. Pero no quiero hablar de esto; hoy no, al menos. Uno, a veces, se cansa de tanto idiota con poder; de tanto imbécil armado hasta los dientes; de tanto político de traje recién planchado; de tanto libro sagrado y de tanto hipócrita de palabra misericordiosa. Recordé la frase de Rilke que abre esta entrada y huí de esa noticia en busca de otras imágenes que compensaran lo que había leído; pero qué va. Es imposible. Todo sentido se retuerce y vuelve al punto de partida. Lo que uno piensa que es una línea recta que lo alejará de eso que quiere evitar termina siendo una espiral que lo deposita otra vez en el mismo centro del punto de partida.

Encontré una serie de imágenes de niños jugando; niños alrededor de esta mota de polvo en la que damos vueltas y vueltas alrededor del sol sin que nada parezca cambiar demasiado. Ellos deberían ser nuestra prioridad, como especie, como adultos y como seres racionales. Y me detengo aquí, porque cuando empiezan a faltar las palabras, uno termina diciendo lo obvio o termina haciendo filosofía barata o falsa; como esa que hacen los idiotas con poder.

Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

“La verdadera patria del hombre es la infancia.”

Rainer Maria Rilke