En defensa de la fantasía

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Una de las tantas tonterías con que la modernidad mal entendida nos ataca, y todo en honor a una supuesta verdad, es que ahora debe decírsele a los niños todo “tal cual es”. Bajo el error de considerar a la fantasía como una mentira en lugar de darle el lugar que le corresponde (el de complemento de la realidad, nunca como su sucedáneo) me he encontrado con padres que se aferran a “decirle la verdad” a sus hijos a como dé lugar. Pongo el “decirle la verdad” entre comillas porque generalmente esa verdad sólo se refiere a Santa Claus o a El Señor de los Anillos; nunca he sabido que esos padres les expliquen a esos niños cómo han venido al mundo o que les digan que la iglesia a la que asisten los domingos es una más entre tantas.
Sea como fuere, mi defensa hoy va para los simples, directos, queridos y necesariosfantasía (2) libros para niños. Esos que desbordan fantasía por los cuatro costados; esos que nos hicieron soñar cuando nosotros mismos éramos niños (y que no nos convirtieron en ningún monstruo infame ni nada que se parezca) y que alimentaban nuestras fantasías más desbocadas. En las ajustadas palabras de Miriam Merchán en su introducción a los Cuentos de los hermanos Grimm publicados en la colección Antares:
“Tanto los mitos como los cuentos de hadas responden a las eternas preguntas: ¿Cómo es el mundo en realidad? ¿Cómo tengo que vivir mi vida en él? ¿Cómo puedo ser realmente yo? Las respuestas que dan los mitos son concretas, mientras que la de los cuentos de hadas son meras indicaciones; sus mensajes pueden contener soluciones, pero éstas nunca son explícitas. Los cuentos dejan que el niño imagine cómo puede aplicar a sí mismo lo que la historia le revela sobre la vida y la naturaleza humana.
En cuanto avanza de manera similar a como el niño ve y experimenta el mundo; es fantasía (3)precisamente por ese motivo que el cuento de hadas resulta tan convincente para él. El cuento lo conforta mucho más que los esfuerzos por consolarlo basados en razonamientos y opiniones adultos. El pequeño confía en lo que la historia le cuenta, porque el mundo que ésta le presenta coincide con el suyo”.
Entonces tenemos que los cuentos de hadas y otras historias fantásticas no son en absoluto perjudiciales, sino que, por el contrario, les brindan a los niños con herramientas útiles para comprender el mundo que los rodea. Tal vez si los dejaran leer más incluso llegarían a entender el mundo mejor de lo que lo hacen sus padres.

Primeros los niños.

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Fragmento del artículo Niños, un drama silenciosoPublicado hoy en Página/12 por Bernardo Kliksberg.

Según el discurso “oficial” mundial, los niños son la prioridad. En la práctica, con algunas mejoras, muchos carecen de derechos elementales.

Vidas en riesgo

Unicef, que realiza un trabajo excepcional en defensa de los niños, informa que 6,6 millones murieron en 2012 antes de cumplir los 5 años por causas perfectamente prevenibles. Dieciocho mil por día.

Es una tragedia silenciosa muy superior en víctimas a cualquier guerra.

Mil cuatrocientos niños mueren diariamente por enfermedades diarreicas, ligadas al uso de agua contaminada y la falta de instalaciones sanitarias.

A pesar de los avances tecnológicos acelerados del planeta, 764 millones de personas carecen de agua potable y 2400 millones de una instalación sanitaria.

Amartya Sen muestra en su reciente obra sobre la India que, junto a notables desarrollos tecnológicos, la mitad de los habitantes no tiene una instalación sanitaria, y tiene una de las tasas más altas de desnutrición infantil.

Está demostrado que la provisión de mosquiteros tratados con insecticidas podría reducir en un 20 por ciento las muertes de niños por malaria. Los costos son muy reducidos.

Un 17 por ciento de las muertes de niños se debe a neumonía. Se podría prevenir y tratar a bajos costos.

Save The Children denuncia que un millón de niños muere, anualmente, el día en que nacen, por razones evitables.

Las desigualdades en la probabilidad de sobrevivir son muy agudas. En Somalia, uno de cada siete niños muere antes de cumplir 5 años. En Finlandia, sólo uno de cada 345 niños.

En los países líderes, como Finlandia, No-ruega y Suecia, mueren tres niños menores de 5 años de cada 1000 nacidos vivos. En India son 56.

La prestigiosa revista médica The Lancet resalta que el costo de las intervenciones necesarias para reducir drásticamente los decesos infantiles sería de 1,15 dólar anual por habitante del planeta.

Madres en peligro

Con progresos, durante el embarazo o el parto mueren anualmente 300.000 madres. Un factor clave es que no tienen atención de personal entrenado.

El mejor lugar del mundo para dar a luz, según Save The Children, es Finlandia, donde sólo una mujer en 12.000 tiene probabilidad de morir durante el embarazo o el parto. En Somalia, muere una mujer cada 16.

En la República Democrática del Congo es más riesgoso ser una madre o un niño que un soldado armado.

En Etiopía, con 145 millones de habitantes, sólo el 10 por ciento de los nacimientos tiene ayuda.

Como propone Save The Children, bastaría asegurar que los embarazos y partos sean asistidos por personal preparado, y que fueran gratuitos, para bajar totalmente las defunciones.

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El artículo es más extenso, por supuesto, y tienen el enlace allí, al comienzo de la entrada. Recuerdo algunos slogans que se han usado para campañas publicitarias; slogans como “Primeros los niños” o “Ningún niño quedará detrás”  o “Redondee en favor de los niños” Etc. Los niños, históricamente, han sido y son el grupo más violentado, olvidado, segregado, maltratado de todas las formas y maneras imaginables. Mucho más que los judíos, los gitanos, los ateos, los musulmanes, los católicos, las mujeres, los homosexuales, o cualquier otro grupo que quieran sumar a la lista. Pero ellos no tienen prensa ni voceros; porque ellos sufren otro tipo de violencia de la cual tampoco pueden escapar: el ocultamiento, el olvido, el silencio; en síntesis: la negación absoluta.

Ser “Anti” no siempre es ser negativo

“Odio a los indiferentes. Creo que vivir es tomar partido. Quien verdaderamente vive no puede dejar de ser ciudadano ni de tomar posición. La indiferencia es abulia, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso, odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. Es la bola de plomo para el innovador y la materia inerte en la cual frecuentemente se ahogan los entusiasmos más esplendorosos”. Antonio Gramsci.

 Hace unos días tuve la fortuna de conocer a Fernando Esteban Lozada (Ex presidente y titular de relaciones interinstitucionales de la Asociación Civil Ateos Mar del Plata y organizador del IV Congreso Nacional de Ateísmo que se llevará a cabo el próximo 7 y 8 de diciembre), con el cual mantuvimos una agradable charla que duró un buen par de horas. Estuvimos de acuerdo en casi todos los puntos, inclusive en el cansancio que ya producen los inevitables debates o –por qué no usar el término– confrontaciones con los creyentes que uno se encuentra a lo largo de los días. Estuvimos de acuerdo en la necesidad de no ser excesivamente violentos en estas discusiones, ya que los ateos venimos con una carga de mala publicidad que a la menor muestra de énfasis o intransigencia se torna una herramienta todopoderosa en manos de nuestros contrincantes. Pero aquí yo me permití una salvedad. En mi caso en particular (éste es otro punto a tener en cuenta: los ateos no somos una masa indiferenciada de pensamiento) reconocí que, en determinados casos, abandono (y creo que se debería abandonar de manera terminante) todo límite de tolerancia. Hay situaciones en donde no se puede ser tibio ni condescendiente. Hay situaciones en donde se debe confrontar con todas las herramientas que uno posea y, si es posible, se deben conseguir más y mejores. Me refeiro, por ejemplo, a casos como los que siguen:

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Tres casos similares: padres que dejan morir a sus hijos porque prefieren rezar antes que llevarlos al médico. No se puede se condescendiente en estas situaciones y no me importa que me llamen fanático por mi postura ante casos como estos; y lo que digo no es ninguna exageración, las religiones y las personas religiosas tienen un estatus que los demás miembros de la sociedad no poseemos. Cualquiera de nosotros, si dejáramos morir a uno de nuestros hijos (bajo terribles padecimientos, como dice el titular del último recorte) seríamos juzgados y condenados por negligencia y abuso de un menor, pero quienes hacen lo mismo amparándose en el nombre de Dios son dejados en libertad.

Y hay muchísimos casos más que podrían seguir ilustrando esta entrada: los Testigos de Jehová que no permiten que se les realice transfusiones de sangre a sus hijos aun si esto les acarrea la muerte, los castigos a aquellas menores (generalmente niñas) “poseídas” por algún demonio, las delirantes mujeres que han escuchado la voz de Dios diciéndole que maten a sus hijos (y que lo han hecho, en otro momento hablaré de ello) o el fanatismo idiota del hombre que cortó su mano y la cocinó en un microondas porque ésta “tenía la marca del diablo”.

Y ya he hablado, en su momento, de los bondadosos musulmanes. Pero como muestra, dejo sólo un recordatorio:

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Es en estos casos cuando mi ateísmo privado y silencioso quiere volverse antiteísmo liso, llano y directo. Antiteísmo y antirreligiosidad. No se puede permitir que el derecho a creer en lo que uno quiera se convierta en el derecho a decidir sobre la vida y la muerte de un inocente. Es por ello que incluí la cita de Gramsci que abre esta entrada. Porque aun hoy hay muchos –incluso personas que no son particularmente religiosas– que tiemblan ante la sola idea de enfrentarse a un creyente, por más ignorante o salvaje que sea su creencia pretendiendo que esos “son temas privados”. Esa gente son los indiferentes de los que habla el autor italiano y; en mi caso particular los odio tanto como a los que dejan morir a sus hijos en el nombre de Dios o de quien sea.

La antidemocracia.

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EEUU tiene a 79 niños con menos de 14 años condenados a cadena perpetua, reza el título de un artículo que acabo de encontrar gracias a alguien que piensa de manera totalmente opuesta a la mía. Según él, esto es lo que debería aplicarse a nuestro país para acabar con la inseguridad etc., etc., etc. Yo creo que esto no puede aplicarse en ningún país que se pretenda civilizado.

Transcribo algunos fragmentos del artículo, el cual pueden leer completo aquí.

“Casi dos tercios de los miles de menores condenados a cadena perpetua son de color y 175 niñas, algunos de los cuales llevan más de media vida encerrados.La Corte Suprema, el más alto tribunal de EEUU, declaró inconstitucional en mayo esta pena a menores, pero 29 estados todavía lo establecen por ley.”

Primera observación: esta pena es inconstitucional, pero más de la mitad de los estados hace caso omiso de ello. Es decir que el país que hace gala de respeto a la ley y toda esa publicidad promiscua es el primero en violarla (y eso que entro en el tema de las leyes internacionales).

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“En la actualidad, 79 presos con menos de 14 años se encuentran cumpliendo cadena perpetua sin posibilidad de excarcelación, de los casi 2.500 menores condenados en el país a estar toda su vida en una cárcel, según cifras de Human Right Watch, un 16,4% del total de presos.”

Los números hablan por sí mismos, así que no voy a comentar nada al respecto. Sigo leyendo el artículo y me parece digno de ser copiado casi en su totalidad, pero para no extenderme demasiado me remito al último párrafo:

“De nada sirvió una iniciativa popular que recogió más de 190.000 firmas en todo el país para que sea juzgado como lo que es, un menor. [Esto es en referencia al caso de Cristian Fernández, el niño que se ve en la foto que ilustra el post y el último caso de un menor juzgado como adulto]. “Tenemos que proteger a la sociedad de este individuo. Aplicar la pena máxima a un niño de 12 años es algo muy triste, pero es la única medida legal que tenemos para asegurar la seguridad de los ciudadanos”, aseguraban los responsables de la acusación contra el menor.”

El argumento clásico de que “debemos proteger a la sociedad” y demás tiene más agujeros que un queso gruyere. Es el mismo argumento que se usa para invadir a un país extranjero o para torturar a civiles en prisiones secretas a lo largo de todo el mundo. Estados Unidos es, cada día más, el mejor ejemplo de la antidemocracia, del neofascismo que, de no ser detenido, será la gran plaga del siglo XXI.

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20 de noviembre

¿Y para cuando el Día del niño palestino?

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Aparte. Como me es muy difícil escribir sobre estos temas, hoy voy a copiar y pegar. Sepan disculpar.

Hoy, que nos llega este dato de Unicef: 19.000 niños mueren cada día (repetimos: die-ci-nue-ve-mil-ca-da-dí-a) por causas que se podrían evitar, hemos encontrado también este vídeo. Podríamos compartir con vosotros muchos vídeos de organizaciones que se dedican a esto, cientos, y cada uno de ellos nos tocaría el alma, pero hoy os mostramos este simplemente por una razón: nos parece genial. Y hay mucho que reflexionar al verlo. Si tienes 2 minutos, míralo.

                                                                   Texto tomado de FilosofíaHoy.

A todos: miren el video, no hay golpes bajos ni nada que se le parezca. Vale la pena.

Otra vez los (maravillosos) perros

Vamos, ya sé qué es lo que van a decir: «¿Es que este tipo no tiene otros temas que tocar?» O alguna variante por el estilo. Y es que uno siempre vuelve a los mismos tópicos  porque se mueve, inevitablemente, en los mismos círculos. Y no es que uno sea limitado (o mejor dicho: a pesar de eso), es que este blog suele ser tan heterodoxo. Lo que sucede es que uno se levanta cada mañana, mira por el agujerito del caleidoscopio y, si no le gusta lo que ve, mueve el tubo de cartón hacia uno u otro lado hasta que la figura cambia y uno encuentra una que le gusta. Pero me estoy yendo por las ramas. Lo que quiero decir es que encontré un video (o vídeo, para mis amigos españoles) notable: “Cómo debe tratarse a un niño con síndrome de Down” podría ser el título; y vale la pena verlo completo, ya que lo mejor está pasando la mitad. De todos modos, dura unos cuatro minutos, lo cual es mucho menos de lo que perdemos viendo anuncios televisivos.

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