Polaroids VI

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XVII.

Reviso mi blog en busca de un par de entradas específicas. Encuentro textos que no recordaba haber escrito y los leo como si fuesen de otro. Algunos me gustan, otros no tanto. Encuentro, también, otras polaroids y me doy cuenta de que todo el sitio no es más que una serie de polaroids Cada entrada es un pequeño fragmento de lo que fui.

XVIII.

Aunque estábamos en una isla, para ir a la playa había que ir a la isla que estaba enfrente. Las lanchas iban y volvían de manera constante, así que eso no era un problema. Lo que sí era un problema era que en esa isla no había nada más que eso; así que si uno tenía hambre o sed sólo podía bajar un coco de una de las palmeras. Cuando no había cocos en la arena había que subir a buscarlos, cosa que yo nunca pude hacer. Quien lo hacía con sorprendente eficacia era el colombiano. Pequeño y ágil, subía veloz y seguro y desde allí arriba dejaba caer los cocos verdes. Yo, que era un inútil perfecto para trepar hasta esas alturas, era muy bueno recibiéndolos sin dejar que reventaran contra las rocas o las raíces que sobresalían por todos lados.

XIX.

Me elevo en el aire. El mar se aleja bajo mis pies y sólo me rodea el aire y el silencio. Primera reacción: reír como un niño (el que en algunos momentos soy y el que no quiero dejar de ser). Segunda reacción: dejar de pensar y permitir que el entorno se apodere de mis sentidos. La lancha que tira de mí y de mi paracaídas multicolor gira y se adentra en el mar. Más silencio, si es que eso es posible.