Seamos amigos, buenos amigos.

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Leyendo la correspondencia que cruzaron durante tres años Paul Auster y J. M. Coetzze, me encuentro con esta perla: ” […] un comentario que hace Christopher Tietjens en El final del desfile de Ford Madox Ford: uno se acuesta con una mujer para estar en condiciones de hablar con ella. En otras palabras, hace de una mujer tu amante no es más que un primer paso; el segundo, hacer de ella tu amiga, es el que importa; sin embargo, en la práctica hacerse amigo de una mujer con la que no te has acostado es imposible porque quedan en el aire demasiadas cosas sin decir.”

Soy de lo que creen que hoy la sexualidad, la sensualidad y la amistad son partes integrales de un todo mayor que tiene como base la inteligencia y sobre todo, el diálogo. Romper con los paradigmas arcaicos no sólo es deseable sino también —y por fortuna— posible. Vivimos en un tiempo en que podemos decidir y en el que si alguien no lo hace es por su propia y exclusiva responsabilidad. Cada cual a lo suyo, entonces; a sus decisiones y, sobre todo, a sus consecuencias.

La invención de la soledad. Paul Auster

Auster - La invención de la soledad

“Recibí la noticia de la muerte de mi padre hace tres semanas. Fue un domingo por la mañana […] Pensé: mi padre ya no está, y si no hago algo de prisa, su vida entera se desvanecerá con él.”

¿Cómo se narra una ausencia? ¿Es posible, siquiera, intentar llevar adelante esa tarea? En su primer ensayo, Paul Auster (quien ya había publicado algunos libros de poesía y una novela, bajo seudónimo, que pasó desapercibida) indaga en la vida de su padre, un inmigrante perseguido por una tragedia de infancia, cuyo mayor talento es estar ausente. Como un fantasma de incógnito entre los vivos, el padre se desliza sin ser tocado, se escabulle de su familia, desaparece incluso para sí mismo, se convierte en una figura vacía y solitaria, impenetrable, que ha cortado lazos con el mundo y, también, con el pequeño y desconcertado Paul, que atesora hasta la mínima señal de apertura del desconocido.

Mi recuerdo más temprano: su ausencia […]
Recuerdos más próximos: un anhelo.

¿Quién es, realmente, esta persona, y por qué? Entender a su padre es el objetivo del escritor, que busca además salvarlo de una segunda muerte: el olvido. La aventura será, quizá, aun más angustiante que la ausencia en vida. El protagonista descubrirá que su padre fue un hombre que jamás hizo nada por dejar huella. Es más, podría decirse que su mayor esfuerzo en la vida fue el de no dejar huella y que de algún modo lo logró: su propio hijo no podía encontrarse a sí mismo en él. El padre de Auster no sólo fue un padre ausente, sino un ser ausente, gris, carente de impulsos vitales que lo incitaran hacia la trascendencia.

Auster 02Auster, padre. La extraña fotografía es una de las tantas que el escritor encontró entre las pertenencias de su padre.

En la segunda parte, “El libro de la memoria”, Auster deshilvana por completo la historia con certera y precisa narrativa y va más allá de la anécdota, se aferra a una grata y descarada introspección que sorprende. Va al pasado, vuelve al presente, imagina el futuro, sufre, y ese padecimiento llega de manera directa al lector. Auster nos dice, a través de meditaciones trabajadas como variantes del tema central (la soledad) que ésta no es sólo una enemiga, sino que es, también, el lugar donde se almacena nuestra historia, nuestra memoria, y de donde parten o nacen las historias.

Poco a poco comienzo a comprender el absurdo de la tarea que he emprendido. Tengo la sensación de que intento llegar a algún sitio, como si supiera lo que quiero decir; pero cuanto más avanzo, más me doy cuenta de que el camino hacia mi objetivo no existe.