Paz.

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Es una palabra breve, se dice fácil y generalmente está asociada a situaciones sociales; de esas que salen en lo diarios bajo una fotografía de esos individuos que siempre visten traje y no de rayas, como debieran. Pero también es un tópico común en cuestiones personales, claro está. Todos dicen quererla y todos están seguros de que son una fuente inagotable de ella (si no lo creen pregunten en su entorno), pero la verdad es que muy pocos son quienes en realidad la dispensan a manos llenas; muy pocos son quienes hacen lo posible para ayudarnos a atravesar nuestros días facilitando las cosas en lugar de complicarlas. Por eso, cuando se encuentra a una de esas personas que sí lo hacen uno no puede menos que mirar a los cuatro puntos cardinales para ver si eso es verdad; si esa suerte que uno a tenido en ese momento de azar y buena fortuna no es una broma del destino que nos la hará pagar mucho más caro de un momento a otro. Luego de un principio de año sacudido en demasía por tormentas que parecían ser cíclicas (con un período promedio de quince días, más o menos), encontrar la calma en los brazos de una persona en particular es algo que debo agradecer, aunque aún no sé a quien. En general se tiende a pensar que la vida nos compensa de alguna manera; pero todos sabemos que esto no es así; las cosas suceden de otra manera muy distinta y esas ideas de compensación o de justicia divina no son más que otra forma de intentar poner un marco lógico a lo que no lo tiene. La vida (o el azar, es lo mismo) tiene esas cosas: a veces te hunde, a veces te saca a flote. Y como dije antes: cuando esto último ocurre, si es en los brazos de una persona en particular, es algo que se debe agradecer, aunque aún no sepa a quién.

Mandalas de arena

Como ayer despertó cierta curiosidad este asunto de los mandalas de arena, hoy les dejo una serie de fotografías que demuestran la enorme concentración que requiere este tipo de trabajo y el exquisito novel de detalle que se alcanza con un material que, a primera vista, parece tosco y poco apto para obras tan delicadas.

Por último, un video donde se reducen los seis días que dura la creación del mandala a un par de minutos.

En los huesos de Francois Robert

Francois Robert es un fotógrafo nacido en Suiza pero que se encuentra radicado en Chicago, EE.UU. Allí trabaja publicando en diversos medios.  También realiza trabajos artísticos de diversa categoría y (por qué no decirlo) calidad. Les dejo una de sus series más famosas, la llamada Stop The Violence, cuyo título no necesita traducción.

En su página oficial, en el apartado Portfolio, encontrarán más material. Queda de ustedes.

La serie en palabras de F. Robert: “El esqueleto humano es un símbolo visual de gran poder. Ha llegado a representar a los “restos”, a lo que queda después de que la vida ha terminado, después de la carne y del cese de nuestro presente. En mis fotografías yo uso el esqueleto humano como el elemento formal de la vista, el tema de la imagen. De esta manera, el esqueleto es a la vez el protagonista y el antagonista (la noción budista sobre “la dualidad del hombre” parece adecuada)”.