El discreto encanto de saberse nada

Antes de juzgar a otros o reclamar cualquier verdad absoluta, considere que tú puedes ver menos del 1% del espectro electromagnético y escuchar menos del 1% del espectro acústico. Mientras lees esto, estás viajando a 220 kilómetros por segundo a través de la galaxia. El 90% de las células de tu cuerpo llevan su propio ADN microbiano y no son, por lo tanto “Tú”. Los átomos en tu cuerpo son 99,9999999999999999% de espacio vacío y ninguno de ellos es el mismo con el que has nacido; pero todos, de todas formas, se originaron en el vientre de una estrella. Los seres humanos tienen 46 cromosomas, 2 menos que la papa común. La existencia del arco iris depende de los fotoreceptores cónicos en tus ojos; para los animales sin conos, el arco iris no existe; así que no sólo miras un arco iris, sino que en realidad lo creas. Esto es bastante sorprendente, especialmente teniendo en cuenta que todos los hermosos colores que ves representan menos del 1% del espectro electromagnético.

Arco iris

El anterior es un párrafo anónimo que puede resultar algo negativo o pesimista para muchos; pero para mí es uno de esos fragmentos que resultan por demás atractivos porque coloca al lector —mal que le pese— en una posición de la que no puede salir a menos que reconozca la verdad del texto o que se escape buscando refugio en una religión cualquiera. No hay más opciones que esas dos: o aceptamos la nada que somos (y nos adecuamos a ella, lo cual es la verdadera ganancia del asunto) o nos drogamos con lo que tengamos más a mano. Cada quien sabrá lo que hace al respecto. ¡Salud!