Ozymandias

DiscursoDice Etienne de La Boetie, en su Discurso sobre la servidumbe voluntaria, de 1576: «Resuelve no servir más y serás inmediatamente libre. No digo que levantes tu mano contra el tirano para derribarlo, sino simplemente que no lo apoyes más; luego verás cómo, igual que un Coloso cuyo pedestal ha desaparecido, cae por su propio peso y se rompe en pedazos».

Todo el Discurso… es una obra que merece ser leída con atención; pero en este caso, más que en la acción promovida hacia quienes sirven, me quedé pensando en aquellos que mandan y sólo viven para mandar y que creen que eso es ser un hombre o, siquiera, algo parecido (quien quiera ver, por ejemplo, relaciones con los delirantes mandatarios actuales puede hacerlo con total libertad) y recordé aquel poema escrito por Percy Bysshe Shelley en 1818 y que dejé en este sitio hace un tiempo. Vuelvo a dejarlo con la última linea de esa entrada, porque dice lo que quiero seguir diciendo: «El paso del tiempo, el sentido (o sinsentido) de la vida, el orgullo humano, todo está allí, reunido en un poema más eterno que las pirámides».

 

Ozymandias

Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: «dos enormes piernas de piedra
se yerguen sin su tronco en el desierto;
junto a ellas, en la arena, semihundido
descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,
a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
“Yo soy Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplen mis obras, oh poderosos, y desesperen!”
No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.