Colmillos

Imaginemos por un momento una situación descabellada, digamos una de esas películas con ideas algo absurdas pero con mucha acción: por ejemplo, una mujer está ahogando en un lago a sus dos hijos pequeños y quien viene al rescate es un perro. El animal salva a uno de los niños e intenta, infructuosamente, salvar al otro. Claro; el animal es un animal y no tiene aparejos ni herramientas ni, si los tuviera, tampoco tendría la capacidad para usarlos, así que usa lo que tiene: sus dientes. El animal es un héroe, por supuesto, pero aquí viene el meollo ridículo de la película: como el perro mordió al niño que salvó (y digamos que también a la harpía de la madre) y la ley establece que un animal que ataca a un humano debe ser sacrificado, eso es lo que se hará: el perro será sacrificado.

 

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Bueno, eso es lo que pasó hace un par de meses en Nueva Gales del Sur, en Australia y, por supuesto, después de la sorpresa inicial, comienzan a aparecer las frases y las preguntas de rigor. Las primeras son las más obvias, esas en las que todos caemos pero donde se quedan las personas como la tía Esmeralda, que nunca pasa de los titulares. Cosas como «No, si yo te digo que ya no se sabe quién es más animal…» o lo que dice el indignado de siempre «¡A ella habría que matarla, no al perro, que es un héroe!».

derechos de los animalesDespués podemos pasar a una segunda categoría de preguntas que, si bien tienen la misma base y el mismo fundamento que lo que acabo de decir, su objetivo es el de ir un poco más allá en estas cuestiones. Por ejemplo: ¿No va siendo hora que comencemos a reconsiderar el concepto de animal? Hace quinientos años René Descartes quitó a Dios del centro de las cosas, pero puso al hombre en ese centro y, peor aún, puso al pensamiento allí. A partir de entonces los humanos nos hemos dedicado a fregar las cosas con más entusiasmo aún de lo que lo habíamos hecho antes. Ahora nada podía detenernos. Sin embargo, ahora, en pleno siglo XXI, vemos que no somos más racionales que antaño o vemos que el concepto de racionalidad, para ser más precisos, debe ser puesto en tela de juicio.

Animales

En otras palabras; lo que quiero decir es que tal vez debamos, ahora, descentrar al ser humano de manera definitiva y colocarlo donde corresponde: en un sitio particular y privilegiado dentro del entramado de la naturaleza. Y soy consciente de que dije «privilegiado»; pero no olvido que ese privilegio conlleva, también, la mayor de las responsabilidades. Sólo de ese modo dejaremos de ahogar a nuestros niños en un lago y, por sobre todo, dejaremos de asombrarnos de lo que puede hacer la naturaleza con los dientes de un Pitbull.

 

Hay muchos artículos sobre esta noticia en la red; aquí les dejaré el enlace a uno solo de ellos para que vean que no deliro. Quise decir: aquí.