Nueva semana, nuevo plagio.

La delgada línea que separa el homenaje del plagio o de la vulgar copia es, como todos sabemos, demasiado delgada. A veces lo copiado es demasiado evidente, a veces la diferencia no es tan evidente, pero se notan los hilos que unen a unos y a otros. Encontré esta muestras de poesía ilustrada de David Silvosa. La serie se llama Next Week, Next Sentence; donde re-imagina y vuelve a combinar las palabras del poema en una creación completamente nueva. (Copio textual del artículo que encontré).

 

pageLa vida es sueño. Calderón de la Barca.  Me gusta cuando callas porque estás como ausente… Pablo Neruda.

Nada demasiado brillante, nada del otro mundo; pero de inmediato (tal vez por el primer ejemplo) recordé algo que había leído por los 90. Un librito de ciencia ficción llamado Gestarescala, de Philip K. Dick.  En él, las personas están tan aburridas que han inventado un juego: mediante computadoras ubicadas en grandes ciudades realizan traducciones literales de títulos de libros y se los envían entre sí para que sean descifrados. (Muchos años más tarde Umberto Eco haría la experiencia con el traductor automático de Google, con resultados francamente graciosos). Transcribo un breve fragmento de la novela de Dick, donde queda claro el sistema y el modo de juego.

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—Éste tuvo su origen en tu idioma —explicó, haciendo honor a una de las reglas que habían sancionado todos juntos, miembros de una logia desparramada sobre la faz de la Tierra, en sus pequeñas oficinas y miserables puestecitos; sin nada para hacer, sin tareas ni preocupaciones ni problemas difíciles. Sin nada, salvo el vacío indiferente de su sociedad, contra el cual cada uno de ellos protestaba a su manera, y al cual todos eludían, en conjunto, a través del Juego—. Título de libro —continuó Gauk—. Es la única pista que te puedo dar.

—¿Es conocido? —preguntó Joe.

Sin prestar atención a su pregunta, Gauk leyó el papelito.

—Un ferrocarril callejero donde hay fuego de catedral.

—¿Amor? —preguntó Joe.

—No. Ardor.

—Ferrocarril —dijo Joe pensando—. Ferrocarril callejero. ¿Pero qué significa “fuego”? —garabateó con el lapicero, confundido.

—¿Y esto es lo que te dio la computadora de traducción de Kobe? “Fuego” es “llama” —decidió—. Catedral. ¿”Iglesia”? ¿”Santuario”? ¿De santuario? No. “Seo”. ¡Eso era! “Sede religiosa”. De seo —lo anotó. Llama. Deseo. Y “ferrocarril callejero” ¿sería tranvía? Claro. “Dónde”, el antiguo “do”. Ya lo tenía—. Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams.

Tiró el lápiz sobre el escritorio en señal de triunfo.

—Diez puntos para ti —dijo Gauk—. Esto te pone al mismo nivel que Hirshmeyer en Berlín y un poco más adelante que Smith en Nueva York. ¿Quieres intentar otro?

—Yo tengo uno —dijo Joe. Extrajo una hoja de papel doblada de su bolsillo, lo extendió sobre la mesa y leyó—: Casamientos de santo sindicato sin posesión.

Miró a Gauk con la sensación de tener algo bueno. Lo había conseguido de la computadora de traducción más grande, en el centro de Tokio.

—Es fácil —dijo Gauk sin esforzarse—. Sindicato sin posesión, “gremio” sin “mío”. Bodas de sangre. Diez puntos para mí —los anotó.

—La biografía es fantasía —dijo Joe con cierto enojo.

—La tienes tomada con los españoles, hoy, ¿eh? Ese es de Olla de la Nave —dijo Gauk con una sonrisa amplia—. La vida es sueño.

—¿Olla de la Nave? —repitió Joe pensativo.

—Calderón de la Barca.

—Me rindo —dijo Joe.

—♦—

No sé si lo de David Silvosa es homenaje, plagio o casualidad; lo que sí sé es que es mucho, pero mucho más pobre que la idea de Dick; y no sólo eso, creo que hoy cualquiera llama poesía a lo primero que se le ocurre. Hace apenas unos días Danioska lo dejó bien en claro en una entrada perfecta: El escritor es un cerrajero inhábil. No se la pierdan.

Dibujo al estilo de (o en homenaje a) Paul Klee

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Nada es original. Roba de cualquier sitio que te inspire o que alimente tu imaginación. Devora películas antiguas y modernas, música, libros, cuadros, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de la calle, árboles, nubes, cuerpos de agua, luces y sombras. Roba sólo cosas que le hablen directamente a tu alma. Si haces eso, tu trabajo (y tus robos) serán auténticos. La autenticidad es muy valiosa, la originalidad no existe. Y no te molestes en disimular tus robos —si te apetece, celébralos. En cualquier caso, recuerda siempre lo que dijo Jean-Luc Godard: “Lo importante no es de dónde sacas las cosas; es a dónde las llevas”
Jim Jarmush